domingo, 12 de diciembre de 2010

Grondona amenaza y confirma las sospechas de desestabilización

Grondona amenaza y confirma las sospechas de desestabilización

El columnista de La Nación ya habla de reelección y vuelve a ser la voz de algunos sectores que sueñan con que Cristina Kirchner termine su mandato antes de tiempo. Al mismo tiempo, pide que el Estado reprima la protesta social.

En el punto más candente del conflicto con "el campo", Mariano Grondona y Hugo Biolcati soñaban entre risas con que Cristina Fernández terminara su mandato antes de tiempo. "Hay alguien que se llama Cobos", decían ambos entre risas, festejándose mutuamente las intenciones desestabilizadoras.

Ante la impotencia de los sectores más reaccionarios de la sociedad de plasmar sus ideas en un proyecto político que tenga posibilidades de ganar las elecciones, los voceros que poseen se dedican a presagiar que la presidente no finalizará su mandato.

Cristina Kirchner había señalado en el acto por el dia internacional de los derechos humanos que la situación de Soldati le parecía "armada". En ese sentido, la columna de Grondona en La Nación, parece confirmar las sospechas de la presidente cuando el periodista le pide "cambios" y de no ser así, podría correr el mismo riesgo que Alfonsín y De La Rúa. De todas maneras, y aunque Grondona se refiere a un hipotético "segundo mandato", su deseo ya intentó plasmarse en el actual período.

"La Presidenta deberá aceptar, al contrario, cambios profundos en su gobierno, si es que quiere perdurar con éxito en el poder hasta 2015 porque, si no lo hiciera, su segundo mandato podría tener un final similar al que padecieron Raúl Alfonsín y Fernando de la Rúa antes que ella", afirma Grondona en su columna.

La frase parece más una amenaza que un análisis político a futuro.

Al mismo tiempo, Grondona, en coincidencia con su compañero Joaquín Morales Solá, pide más repesión y critica una "disolución del Estado" en la materia. Resulta paradójico ya que en los 90 aplaudió la desaparición del mismo en términos económicos; de allí se desprende que la idea de Estado para Grondona es la idea de un Estado que oficie sólo como represor de la protesta social.

En el mismo sentido, Morales Solá, señala: "Hay un problema de carencia de represión del delito, sean sus autores argentinos o extranjeros. Sería muy injusto diferenciar a unos de otros". Al mismo tiempo, para moderar sus deseos, agrega: "¿No hay métodos más civilizados para reprimir un desorden en el espacio público?" , en relación al actuar de la Policía Federal en Soldati.

Así, Grondona le pide a Cristina Kirchner que garantice la presencia del Estado, como Estado represor, y, al mismo tiempo, Morales Solá que se haga "en forma civilizada" y por igual para
"argentinos o extranjeros", como si hiciera falta aclarar.

LOS MILITARES DEL RELATO INFINITO Por Orlando Barone



LOS MILITARES DEL RELATO INFINITO Por Orlando Barone

¿No suena extraordinario que Héctor Timerman, nuestro canciller “judío”, anuncie que la Argentina reconoce a Palestina como un  Estado soberano?   También es extraordinario: que el martes pasado, en Página/12, Luis Bruchstein escriba: “En Medio Oriente el pueblo judío, que venía de una larga diáspora, convirtió a los palestinos en los judíos del mundo árabe”. Eso es la fraternidad de reconocerse en el otro. Hay más hechos o dichos extraordinarios: por ejemplo, que el presidente Lula haya recordado a Néstor Kirchner como “el Maradona” de la política. No es extraordinario que lo haya dicho Lula ni que el ex presidente argentino sea merecedor de elogios. Lo extraordinario es la comparación metafórica con un mito popular contradictoriamente grande. Porque como referencia no suena correctamente republicana. Igualmente extraordinario es que el radicalismo, a través de Ricardo Alfonsín, esté buscando un “frente progresista”. ¿Cómo, así de golpe, y mientras su correligionario Sanz, el que demonizó a la asignación universal por hijo como auspiciante del “paco”, se incluye en la competencia de candidatos? Uno espera que el radicalismo sepa tantear hacia la izquierda, si aún le es posible un giro tan extremadamente opuesto a su actual ubicación ideológica. Lo extraordinario -en este caso- es que lo esté buscando. Pero si hace veintiséis años lo había encontrado. Es que en aquellos tiempos la ideología era fácil: bastaba con ser modestamente democrático. Más extraordinario es que el Partido Obrero no haga honor a su nombre sumando obreros; o que Francisco de Narváez ande rumiando que volvería al kirchnerismo. ¿Cómo, acaso se puede volver de donde nunca se estuvo? Por eso lo extraordinario es lo contrario de lo ordinario. No lo es que Mario Vargas Llosa, en vísperas de la ceremonia del Premio Nobel, diga que “Resucitaría a Borges para darle el premio”. Es obvio. Es como que Obama reconozca a Luther King. En cambio lo de Wikileaks que empezó al revés -como algo extraordinario- se volvió ordinario. La detención del corsario virtual -Julián Assange- no sorprende ¿Por qué razón iba a zafar del embrollo? Bastante es que se ande escapando Bin Laden. Ni siquiera es extraordinario que se haya revelado que la embajada norteamericana tenía -o tiene- aquí periodistas “cautivos”. No involuntariamente, claro. Sino, al contrario, entusiastas y devotos. Copio, por asociación rápida de ideas, este párrafo de Joaquín Morales Solá respecto del caso Wikileaks: “Un alto funcionario de Washington le aseguró a un político argentino (que lo llamó preocupado por las filtraciones de Wikileaks) que los mensajes cifrados que se fugaron pertenecen sólo al nivel menos seguro del Departamento de Estado. Habría dos niveles más altos de seguridad que no fueron perforados”. ¿Viste? O los otarios argentinistas se iban a creer que el Imperio es pan comido. Lo ordinario de este supuesto es que lo desliza Morales Solá. Lo extraordinario es que para no disimular su pertenencia cautiva nos hace saber que “él sabe” que la seguridad del Imperio tiene otros niveles inviolables. Que no se hagan ilusiones: que lo que pirateó Wikileaks son divertimentos. No obstante Morales Solá deja interrogantes flagrantes: ¿quién es el alto funcionario estadounidense al que cita como fuente, quién es el político argentino que lo consultó y cómo le hicieron saber a él -a Morales Solá- que el Departamento de Estado tiene dos niveles más altos de seguridad? A ver si a él sólo ahora le dejan saber de Wikileaks y le cortan el chorro en los otros dos niveles. Quedaría como el gaucho al que “lo desvela una pena extraordinaria”, siguiendo el canto del Martín Fierro. Porque para un cautivo no hay pena más extraordinaria que lo desdeñen sus captores, por más que él ruegue que no lo suelten. Es que un periodista con pase al palier del Departamento de Estado no debería abusarse de la confianza que le dispensan. Yo tampoco de la desconfianza que me tengo a mí mismo, porque en cualquier momento digo algo inconveniente. Eso sí: sin ningún peso histórico. ¿Saben? Yo no estoy harto de los derechos humanos, ni de la Unasur, ni de que descubran yacimientos gasíferos extraordinarios gracias al culo roto que tiene este Gobierno (Evo Morales debe de estar puteando en lengua originaria);  tampoco estoy harto de que la Presidenta ante la chance de ganar en primera vuelta -y sin necesidad de vestirse de viuda- quiera ayudar un poco a alguna fórmula opositora para no ganar por tanta diferencia. De lo que  sí estoy harto es del periodismo que se pregunta, como si lo tomara de sorpresa, si este oficio se ejerce como militante o como independiente. Eso les resulta extraordinario: como si al ornitorrinco le resultara raro el ornitorrinco. Al ornitorrinco lo que le resultaría extraordinario es mirarse en el lago y verse como si fuera Fontevecchia, fantaseándose que no es él sino un hipotético espécimen de periodismo independiente. El ornitorrinco no es boludo: sabe que es feo, que no es el mejor animal de la Tierra, que es ornitorrinco. Como bicho bastante extraordinario. Ordinario es el periodismo libre albedrío que se expande. El Twitter y todos los soportes de las redes sociales cunden el derrame del periodismo a solas; el del periodista que se lanza a ofrecer su relato sin editor ni patrones. Hay de todo. Cada vez más, cada abonado a la red envía su relato. No hay editor ni responsable de cuánto cada relato dice, ni de cuánto clama o proclama o difama. Burros y sabios se afanan por contar algo. No quieran prejuzgar si hay más de los primeros que de los últimos. Hasta Mauricio Macri se va a atrever a hablar por sí solo, sin ventrílocuo. Y un universo de creyentes se incorpora a la creencia o a la desmentida del relato. Se juzga por pálpito, por deseo, porque así como se creyó en los medios hegemónicos ahora se cree en los medios inasibles, o de orígenes ligeros. Lo que ya está pasando por la red es periodismo natural, espontáneo. Son como conversaciones de pasajeros de estaciones o aeropuertos. Se hablan sin conocerse; sin garantía de identidad ni de intereses. Ya no serán las voces notorias y consagradas las que agitarán opiniones; serán los cualquiera y los nadies. Los periodistas también serán nadies. Llegará el día en que toda la humanidad emitirá y recibirá el multirrelato planetario. Desde el sillón académico al closet; desde el palacio al cuartucho; desde la decencia a lo obsceno. Tendremos la cabeza tan atravesada de relatos que sentiremos nostalgia de la época reciente en que grandes medios y agencias monopolizaban la manipulación noticiosa. Porque una implacable manipulación  individual y a la vez colectiva y multitudinaria, consensuada tácitamente entre todos los relatores cundirá como el aire. Imagino una sociedad sumida en la lectura en continuado de mensajitos, mensajes, textos que se derraman por nuestros aparatos y aparatitos. Y comentándonos entre nosotros éste o aquél o el otro, pero desesperados por habernos perdido el de aquella red, o el de aquel blog, o el de aquel tweet. Instándonos a leernos; obligándonos a atendernos. ¿Me leíste, lo leíste, lo escuchaste, lo bajaste, lo reenviaste? Y desorientados y sin retener ni recordar de quién es eso que leímos y que propagamos. Y dónde lo leímos. Venir a descubrir ahora que todos somos periodistas. ¿Pero qué acabo de decir? Periodistas no: militantes. Me pregunto si ante tanta propagación mediática alcanzará el stock de noticias. ¿O volveremos a tener que inventarlas? Ni siquiera harán falta los embajadores norteamericanos. Pero sí harán falta relatores lúcidos. Porque hay que observar con recelo la irrupción de puebladas como la de Soldati y su consecuencia represiva. Macri es la anécdota obvia. Pero atiéndase a la historia. Los derechos humanos, la solidaridad con los desposeídos, la inclusión paulatina son la línea de flotación del Gobierno. Justo están dándole ahí. Lo sacuden con víctimas injustificadas. En el Norte y en el Sur. Muchos de los que se llenan la boca de exaltaciones y retóricas libertarias defienden la propiedad privada más que a sus almas. Y si encontraran a un mendigo anidando en el patio del fondo de sus casas lo sacarían a patadas. Cuiden y defiendan a los excluidos pero no apedreen ni injurien al Gobierno. Lúzcanse en el relato, pero no hagan demagogia. Miren el todo no el piojo. No es necesario enceguecerse y hundir a los rescatistas que han estado disminuyendo las consecuencias del hundimiento.

EL DESAFÍO, Por Horacio Verbitsky

EL DESAFÍO Por Horacio Verbitsky

LA BATALLA DEL PARQUE Y EL MINISTERIO DE SEGURIDAD: HISTORIA SECRETA
El ministerio de Seguridad terminará con el insensato autogobierno policial, una de las grandes deudas de la democracia. CFK propicia una salida política para el conflicto social sin ignorar qué fuerzas actuaron para gatillarlo. La convocatoria a quien supo conducir y reformar a las Fuerzas Armadas señala un camino. La seguridad no es incompatible con la ley y los Derechos Humanos, los problemas sociales no tienen solución represiva y no hay espacio para la desetabilización.



La presencia de una docena de representantes de organizaciones sociales y políticas en el salón de los escritores y pensadores argentinos de la Casa de Gobierno, desde donde señalaron las carencias de la política del gobierno de la Ciudad Autónoma de Buenos Aires que condujeron a los gravísimos enfrentamientos entre vecinos en el Parque Indoamericano, ejemplifica en forma inmejorable la definición formulada el viernes por la presidente CFK de que no permitirá una respuesta represiva a un grave conflicto social. Esto obligó incluso al ingeniero Maurizio Macrì a bajar la bandera de la xenofobia y la intransigencia absoluta con los reclamos de los sectores más débiles de la sociedad y presentarse él también acompañado por tres dirigentes de entidades de Paraguay y Bolivia, luego de haber utilizado barras bravas y punteros para azuzar a los vecinos asustados de modo que atacaran a los habitantes de las villas. El acuerdo alcanzado entre ambos gobiernos permitió el empleo de tropas de Gendarmería para perimetrar el espacio del Parque Indoamericano en el que continuarán los ocupantes hasta que se encamine una solución definitiva y el de comandos de Prefectura para patrullar los sublevados barrios vecinos. La creación de un ministerio de Seguridad completa el mensaje: conducción política de las fuerzas de seguridad, con respeto por el orden constitucional y los Derechos Humanos. Como en los preparativos de la masacre de Ezeiza en junio de 1973, la asociación gremial de los trabajadores municipales participó en la movilización de esos civiles armados. Entonces se llamaba UOEM y hoy SUTECBA, pero su conducción sigue estando en manos de Amadeo Nolasco Genta y Patricio Datarmini.Para gatillar el conflicto, centenares de pobres de solemnidad fueron traídos en colectivos y camiones pagados por el esposo de Graciela Camaño desde Tigre, Pilar, Moreno, Malvinas Argentinas y Lomas de Zamora, sin que la estructura política y policial de la provincia de Buenos Aires lo avisara al Poder Ejecutivo. Como en el asedio a la Legislatura porteña en julio de 2004, barrabravas del fútbol vinculados con Macrì intervinieron en el desencadenamiento de la violencia. Como en uno y otro caso, la política y los negocios se cruzaron en forma espuria. El gobierno camporista de 1973 avanzó indefenso hacia su consumación porque no comprendió la deliberada manipulación de lo que sucedía, según los pasos de “La técnica del golpe de Estado”, descrita en 1931 por Curzio Malaparte. El de Néstor Kirchner en 2004 advirtió lo que estaba en juego y se consolidó: impuso un criterio novedoso en la política argentina, por el cual las fuerzas de seguridad no pueden portar armas letales para el control de manifestaciones de protesta social, que deben encaminarse por la vía de la negociación política y la asistencia a las necesidades en juego. El de Cristina enfrenta el desafío a un mes y medio de la muerte de su esposo y líder político y, luego de un grave error inicial, ha respondido con sensibilidad e inteligencia, sin ignorar la intencionalidad de los episodios ocurridos cuando celebraba el tercer aniversario de su mandato y el Día Internacional de los Derechos Humanos. Al mismo tiempo que sus enlaces políticos con Macrì instigaban la violencia, el ex senador Eduardo Duhalde reclamaba desde Estados Unidos la imposición del orden. CFK reiteró la decisión de Kirchner de eludir las respuestas represivas a problemas políticos y sociales y asumió la difícil decisión de terminar con el autogobierno de las fuerzas de seguridad, que no podía prolongarse sin graves riesgos. La creación de un Ministerio de Seguridad y la designación para ocuparlo de quien demostró capacidad y firmeza para conducir y reformar las Fuerzas Armadas llega cuando la conducción civil de las fuerzas de seguridad se había demostrado impostergable y cuando el conflicto en la zona más pobre de la Capital quedó fuera de control. De ahora hasta el miércoles, cuando asuma Nilda Garré, el rostro político y asistencial del Estado deberá desescalarlo. En los términos del sociólogo francés Loïc Wacquant, quien ha estudiado este fenómeno en su país y en Estados Unidos, el regreso del Estado Providencia es la alternativa progresista al Estado Penitencia del neoliberalismo.
La oferta electoral
En el lanzamiento de su candidatura presidencial, Macrì definió con precisión su oferta al electorado. Precedido por su jefe de gabinete, Horacio Rodríguez Larreta, responsabilizó a la política migratoria del gobierno nacional, que llamó permisiva y descontrolada, y propuso la disyuntiva entre atender las necesidades habitacionales, sanitarias y educativas de los porteños o de los extranjeros. Hijo de un ladrillero italiano que llegó a la Argentina hace apenas 63 años, primer argentino nativo de su familia y casado con otra hija de inmigrantes, Macrì identificó migración con comercio ilegal de sustancias estupefacientes, sin la menor prueba ni mención a los empleados municipales y punteros de su partido involucrados en el episodio. Su afirmación de que la Policía Metropolitana no contaba con el armamento necesario para desalojar el Parque Indoamericano y proteger los barrios vecinos desnuda su concepción mejor que cualquier análisis ideológico. ¿Qué necesitaba su fuerza policial para tratar con los centenares de personas que acamparon allí, atraídas por su ofrecimiento de títulos de propiedad y por las transacciones económicas de sus punteros? ¿Acaso tanques, bazookas, misiles, cazabombarderos? Sus reiteradas alusiones a inmigrantes ilegales son inexactas. La chica boliviana asesinada iba a recibir la semana próxima su DNI. Era una de los centenares de miles de inmigrantes que desde 2003 han regularizado su situación. Pese a ello, la desocupación se redujo, del 23 al 7,5 por ciento, lo cual descalifica la literatura barata sobre su impacto negativo en la situación económica. Sin duda que presionan sobre las necesidades habitacionales, educativas y sanitarias de la Ciudad. Pero el verdadero problema reside en la desinversión decidida por Macrì en esos rubros, con presupuestos declinantes que además se subejecutan. De este modo se introdujo en el debate político la agenda de las derechas de los Estados Unidos y de Europa, versión remixada del Tea Party, de las políticas expulsivas de Berlusconi, Sarkozy y los partidos derechistas de Suecia, Suiza y Holanda, donde se aprobó en plebiscito la posibilidad de expulsar a los inmigrantes que hayan cometido algún delito. La idea, reiterada por Macrì, es que la inmigración constituye un problema de seguridad. Cristina le respondió en un discurso emotivo, que la Argentina no estaba dispuesta a formar parte de ese club de países xenófobos y solicitó a Bolivia las disculpas que Macrì se negó a pedir. El diputado Martín Sabbatella y el secretario general de la CTA, Hugo Yasky visitaron la embajada para comunicar su solidaridad.
La crisis del autogobierno
El contraste con las posiciones del gobierno nacional no puede ser mayor, como destacó recién el viernes el jefe de gabinete Aníbal Fernández: los problemas sociales se resuelven con política, no a palos. Lo hizo por orden expresa de la presidente, luego de dos días en los cuales la Policía Federal actuó librada a sus impulsos, con resultado desastroso. La jueza de la Ciudad María Nazar ordenó el desalojo de lo que llamó “inmueble”, “domicilio” o “finca”, en una muestra transparente de la inadecuación del artículo 181 del código penal a este tipo de acontecimientos masivos que obedecen a complejas causas sociales, económicas y políticas y que, en todo caso, cabrían con mayor pertinencia en las figuras del capítulo II del Código Contravencional porteño sobre uso indebido del espacio público. Pero su directiva al comisario de la seccional 36ª de la Policía Federal ni siquiera mencionó a la Policía Metropolitana, que es la que tiene jurisdicción en casos de contravenciones. La coordinación entre ambas fuerzas para el vergonzoso procedimiento ocurrió sin intervención de las autoridades políticas, que recién tomaron conocimiento de lo sucedido cuando ya habían ocurrido hechos irreparables. El tremendo episodio, a pocas horas de la celebración del Día Internacional de los Derechos Humanos, la participación de punteros del PRO, el discurso xenófobo de Macrì, al mismo tiempo que el matrimonio Duhalde usaba una cátedra académica en Estados Unidos para reclamar una vez más la militarización del conflicto social, configuran un abierto desafío a las políticas centrales del gobierno nacional. El reto consiste en eludir el absurdo dilema entre permitir en forma pasiva cualquier contravención o delito o reprimir en forma letal, provocando daños mayores a los que se pretende evitar, como ocurrió en este caso.
Desde el jardín
En la desolada residencia de Olivos durante la noche del martes y el feriado del miércoles, en la Casa Rosada el jueves y de nuevo en Olivos el viernes hasta la hora de partir para la entrega de los premios a Madres y Abuelas de Plaza de Mayo, CFK tuvo en vilo a sus principales colaboradores. La presidente urgió la realización de las necropsias de los primeros muertos, para lo cual debió recurrir al presidente de la Corte Suprema de Justicia, Ricardo Lorenzetti, porque el Cuerpo Médico Forense remoloneaba sin premura; cotejó los resultados de esos peritajes con las versiones que divulgaban las policías Federal y Metropolitana; observó varias veces las secuencias filmadas por distintos canales de televisión. Durante las largas horas de silencio político, la única palabra oficial fue la de un vocero de la Policía Federal, sólo preocupado por defender la imagen institucional. Los mismos argumentos formaban parte del mensaje que se proponía leer el ministro que estaba a cargo de la Seguridad, Julio Alak. La presidente lo impidió. También recibió a los familiares del muchacho paraguayo Bernardo Salgueiro y de la chica boliviana Rosmarie Churra Puña, asesinados el miércoles. Algunos llegaron con el temor de verse involucrados en un show, pero CFK decidió que esos dolorosos encuentros íntimos transcurrieran sin fotógrafos ni periodistas, como ya había dispuesto cuando recibió a padres y hermanos de Mariano Ferreyra, el chico asesinado por una patota gremial en Constitución. No hizo lo mismo con los tobas agredidos por la policía de Formosa, lo cual marca una diferencia indefendible. En cambio, los recibió el ministro del Interior, Florencio Randazzo, quien mostró fotos en las que se veía a un indígena con un machete, a otro con un arma de puño y a un tercero con una carabina rudimentaria, los instrumentos de trabajo de esa etnia de cazadores y recolectores, que de ninguna manera pueden equipararse con el despliegue de un cuerpo especial de la policía formoseña, de entre 70 y 200 hombres según qué fuente se escuche. Macrì siguió repitiendo la versión policial, según la cual Salgueiro había muerto antes de que comenzaran los enfrentamientos con las fuerzas de seguridad, pese a que la declaración de la chica que lo acompañaba, Alejandra González, de 18 años, ante un funcionario de la seccional 52 de la propia Policía Federal, ratificada luego por sus familiares y otros testigos, indicaba en forma categórica que los disparos que le costaron la vida provinieron de las armas de las dos policías, formadas codo a codo sobre el puente que domina la villa 20. La policía informó al gobierno que Salgueiro tenía sólo un perdigón y que nadie más de su grupo había recibido impactos, lo cual avalaría la hipótesis de un disparo de tumbera. Pero la necropsia no habla de un perdigón único sino de genérica “posta de plomo de cartucho”, y un pariente de Salgueiro que iba junto a él fue herido en un brazo. De este modo, CFK terminó de formarse un juicio sobre lo sucedido y tomó decisiones llamadas a poner fin al autogobierno policial, una de las principales asignaturas pendientes de la democracia argentina. Aconsejado por sus expertos en imagen pública, Macrì acusó al gobierno nacional de discriminar a la zona sur de la ciudad, un cargo asombroso por provenir de quien la abandonó a su suerte. Convencer sobre la presunta preocupación del gobierno de la Ciudad acerca del espacio público necesitaría de un genio de la publicidad. Durante los largos tres años de la gestión de Macri, ese gigantesco terreno de 130 hectáreas fue entregado a las malezas y los roedores. Durante la reunión de madrugada con las organizaciones políticas y sociales, que pidieron la presencia del Estado Nacional como garante, Macrì se volvió a negar a cualquier solución que no pasara por el empleo de la fuerza para desalojar el parque, sin negociación alguna, a pesar del ofrecimiento del gobierno nacional de tierras en otro lugar para los ocupantes.
Zonceras y realidad
La población es una de las fuentes clave en el crecimiento económico. Un informe preparado en 2008 por The Economist Intelligence Unit, que hasta su muerte tuvo como representante en la Argentina al dirigente de-sarrollista Horacio Rodríguez Larreta, contradice los argumentos xenófobos. Desde hace 120 años, por lo menos el 2,5 por ciento de la población que vive en la Argentina es extranjera de país limítrofe. La Argentina tenía en 2008 un millón y medio de inmigrantes, de los cuales la mitad irregulares frente a la ley Videla, de 1980. El 77,5 por ciento de los varones inmigrantes trabaja, contra el 51,6 por ciento de los varones argentinos. La diferencia expresa el porcentaje de argentinos que estudian y no trabajan. Del mismo modo, la tasa de desocupación del total de la población inmigrante limítrofe y peruana, supera en por lo menos un 10 por ciento a la del conjunto de la población. La tasa de desocupación de los paraguayos llega al 27 por ciento. Sólo los uruguayos y peruanos registran tasas de desocupación menores a la de los argentinos. En el caso de la más reciente inmigración peruana se debe a su menor exigencia a la hora de buscar un empleo y a su mayor docilidad frente a las condiciones laborales que les imponen sus empleadores. Mientras la población nativa prevalece en las actividades industriales, comerciales y de servicios (sociales, personales, comunales y financieros) los inmigrantes procedentes de los países limítrofes y del Perú concentran a casi la mitad de su población en el servicio doméstico y la construcción. Entre los inmigrantes llegados en los últimos años casi dos tercios se dedica a las actividades domésticas (44,4 por ciento) y de la construcción (16,2 por ciento), en las que se acercan al 15 por ciento del total de la mano de obra ocupada. Los bolivianos chilenos y paraguayos se concentran en cuatro ramas de actividad: construcción, comercio, restaurantes y hoteles, industria y servicios; los peruanos en servicios y comercio, restaurantes y hoteles. Según el informe, la población migrante es del 4,2 por ciento del total de habitantes del país. Esto supera el porcentaje sudamericano (3,34 por ciento) y mundial (3 por ciento). Pero es casi cuatro veces menor que el 15 por ciento durante casi todo el siglo pasado. Además, ha cambiado su origen nacional. Hasta la Segunda Guerra Mundial prevaleció la inmigración europea; desde entonces creció la de los países limítrofes y el Perú, con excepción de los primeros cuatro años de la posguerra, cuando se produjo una nueva oleada de obreros industriales y agricultores italianos y españoles. A partir de entonces, los paraguayos desplazaron del primer lugar a los italianos, y los bolivianos a los españoles del segundo. La cantidad de inmigrantes peruanos casi se duplicó entre 1980 y 1991 y se quintuplicó en la década siguiente. Esto obedece a los desniveles del PIB per cápita en cada país. En las últimas seis décadas el PIB per cápita argentino triplicó tanto al paraguayo cuanto al boliviano, lo cual a su vez atrae a inmigrantes de esos países, reforzando un círculo virtuoso: a mayor inmigración, mayor riqueza, a mayor riqueza, mayor inmigración. En cambio es menor el flujo de chilenos, porque el PIB de su país es el único de la región que creció sin interrupciones en el último cuarto de siglo y llegó a superar al argentino. Pese a ello la Argentina sigue resultando más atractiva para los inmigrantes, tal vez por su mejor posición en el Indice de Desarrollo Humano del PNUD. Sin la inmigración producida desde 1950 a la fecha, la Argentina tendría hoy 8,7 por ciento menos de habitantes, su producto interno bruto sería por lo menos 36 por ciento más chico y el producto bruto per cápita 25 por ciento más reducido. Esto demuestra que la inmigración ha resultado benéfica para los argentinos nativos, incluyendo a los vecinos de clase media de Villa Soldati, Villa Lugano o el Bajo Flores, que se indignan contra lo que sienten como una invasión amenazante y, sin duda, para el ingeniero Macrì, cuya empresa constructora hizo fortuna con la plusvalía del trabajo de albañiles bolivianos y paraguayos. Esas ganancias son mayores, cuanto menores son los derechos de que goza esa mano de obra.

Desde el llano, Por Ramiro Rearte, desde Tucumán

Desde el llano, 
Por 
 Ramiro Rearte, desde Tucumán

Después de haber leído la nota publicada por este diario la semana pasada, en donde se develó la participación del periodista Joaquín Morales Solá en la represión ilegal más cruenta de nuestro país, con foco en Tucumán, mi primera sensación fue de bronca. La segunda de acción.
Morales Solá fue clave en la construcción del discurso hegemónico que, lamentablemente, aún vive en una provincia arrasada por la dictadura del genocida, hoy reo, Antonio Domingo Bussi. Un criminal que, sin la colaboración del diario La Gaceta y algunos de sus periodistas, no hubiese tenido tanta adhesión y silencio de su parte.
Vienen a mi mente los momentos vividos en 2006, junto a Eduardo Anguita, Alberto Elizalde Leal y Roberto Prefumo, en la realización del documental El azúcar y la sangre, dirigido por Anguita, en donde se mostró el industricidio que sufrieron estas tierras desde 1966, con el cierre de los ingenios por Onganía, la llegada del Operativo Independencia y la dictadura militar de 1976. Como productor periodístico de ese trabajo me tocó la tarea de recorrer el Tucumán profundo, los sitios que el genocida Bussi utilizó como lugares “estratégicos” para llevar adelante su plan de exterminio. Me sorprendió que en pueblos como Santa Lucía la gente del lugar todavía dice reconocer a “los zurdos al escucharlos hablar”, según las enseñanzas de los militares-represores que se instalaron en ese pueblo que aún padece la desolación y la pobreza por el cierre total de sus fábricas y desaparición física de sus pobladores. Hay muy pocos jóvenes y el lugar de mayor circulación de gente es su centro de jubilados.
Aún persiste la matriz económica y social donde prevalecen las familias oligárquicas con apellidos de “estirpe”, dueñas de las mejores tierras (hoy utilizadas para el cultivo de soja) y de las empresas azucareras más grandes que siguen explotando a sus trabajadores cortando caña con machete, “de sol a sol, como le gusta al patrón”. En muchos casos, tienen relación con los Bussi hasta el día de hoy a través del partido político creado por el represor: Fuerza Republicana.
Para ese modelo de país trabajó sin cansancio, a través del periodismo, Joaquín Morales Solá.
Otra situación inolvidable es la de cuando cubrí los juicios por delitos de lesa humanidad en 2008 y 2010, donde se condenó a un importante grupo de represores militares y policiales entre los que estaban Luciano Benjamín Menéndez, Roberto Heriberto El TuertoAlbornoz y Bussi, por supuesto. No sólo era impactante escuchar las barrabasadas de los genocidas, sino también los rostros de los familiares de los desaparecidos y muertos por la dictadura. Sus caras de sorpresa, enojo e indignación por lo vivido era movilizador. Pero también ver cómo los presentes participaban activamente en cada audiencia, comunicando lo declarado por los testigos a los que no podían entrar por la capacidad reducida de la sala, conteniendo a los que se quebraban por no aguantar el dolor o por la espera de un familiar citado en la sala. Fue muy fuerte emocionalmente cubrir esos sucesos. Si Morales Solá hubiese estado presente en las audiencias hubiese tomado conciencia del daño que hizo a través de sus colaboraciones periodísticas a la dictadura en la provincia. Mirar cara a cara a un ser humano que perdió su familiar en manos de Bussi no es para cualquiera. Joaquín, te invito a que lo hagas.
Como tucumano y como periodista siento vergüenza e indignación que en Capital Federal todavía presten el oído a personajes como éste y lo llamen “formador de opinión”. Sobre todo, por el momento político y social que vivimos por estos días, donde se trata por todos los medios de comunicación hegemónicos de desestabilizar a la presidenta Cristina Fernández, quien marcó el camino (junto con Néstor Kirchner) de la recuperación de la memoria colectiva a través de los juicios a los genocidas y levantó la bandera de la recuperación económica a través de la política. Memoria le faltó a Morales Solá para dar a conocer la foto donde acompaña a los militares en la oscura escuelita de Famaillá.
Su aporte a los militares fue clave para la instalación definitiva de un modelo que duró más de treinta años y que en lugares como Tucumán aún cuesta sacar del imaginario popular. Frases como “el general (por Bussi) se levantaba muy temprano y visitaba los hospitales”, “acá la mayoría somos católicos, no zurdos”, se repiten en las conversaciones de café en las tórridas tardes provincianas. Es más, mientras en 2003 asumía como presidente de la Nación Néstor Kirchner, en San Miguel de Tucumán ganaba las elecciones por cien mil votos el represor Antonio Domingo Bussi.
La foto de tapa de Miradas al Sur del domingo pasado es contundente, pero también vergonzosa. Es increíble que hoy en día Morales Solá dé cátedra de institucionalidad y democracia en los medios de comunicación-empresariales para los que trabaja.
Consultado para esta nota, Oscar Gijena, secretario general del Sindicato de Prensa de Tucumán, me relató cómo funcionaba la redacción del diario tucumano. “Había algunos periodistas que por miedo o temor a perder sus familias publicaban todo lo que Bussi les decía en las reuniones que se realizaban en su despacho militar. Lo hacían porque no les quedaba otra. Pero había casos como el de Joaquín Morales Solá, que lejos de tener miedo, alentaban la publicación de los escritos militares o mejor dicho arengaban a la tropa”, recordó. De hecho, la foto que este diario reflejó muestra más una actitud militar que periodística.
Tucumán tiene dos periodistas desaparecidos: Maurice Jeger tenía 36 años, trabajaba de corrector en el diario La Gaceta y está desaparecido desde la noche del 8 de julio de 1975. Es, junto con Marianne Erize, las monjas Alice y Léonie, y otros casos, uno de los 15 franceses que desaparecieron en la Argentina durante el nefasto golpe cívico-militar. Todavía se espera que el matutino lo reconozca a Jeger como víctima del terrorismo de Estado y le rinda un homenaje.
El otro fue Eduardo Ramos, trabajó en Canal 10, tenía 21 años y el 1º de noviembre de 1976 fue secuestrado de su casa junto a su esposa Alicia Cerrota. En ambos casos, la Asociación de Prensa de Tucumán se presentó como querellante en los tribunales federales para que se investigara la desaparición de los trabajadores de prensa en el marco de los juicios por delitos de lesa humanidad.
Este es el momento histórico para transformar nuestro país, en donde haya cada vez menos pobres pero también menos ricos. Desde 2003, vivimos una transformación profunda e incesante desde las políticas emanadas por nuestros dos presidentes; de igual manera cambió también Latinoamérica. El periodismo necesita cambiar, necesita volver a contar lo que realmente pasa en cada barrio, en cada ciudad y no ser parte de las corporaciones económicas que destruyeron e hipotecaron nuestro futuro. Soy de la generación que vivió en carne propia el desguace del Estado, mi viejo era ferroviario cuando cerraron los ferrocarriles y tuvimos que tomar mate cocido amargo durante siete meses, hasta que papá pudo cobrar su indemnización en cuotas. Viví en carne propia la gobernación de Bussi en democracia sin poder entender que la gente festejara en las calles su victoria. Era 1995 y tenía 16 años. También padecí como periodista y como trabajador el estallido de 2001. Observé, atónito, cómo un gendarme le volaba la cabeza a un pibe que trababa de sacar comida de un supermercado. En la radio donde trabajaba, me pagaban los viernes en bonos provinciales, igual que a los jornaleros.
Estas palabras están escritas por un trabajador de prensa del interior del país, que milita por un país mejor y más justo a través del periodismo, estando del lado del pueblo y convencido de que cada uno desde su lugar puede transformar la realidad. Que sabe que no hacen falta los cargos importantes, que sólo es necesaria la voluntad de hacer. Y que sabe que hay que levantar la bandera de aquellos que hoy no están y que serían importantes en este proceso. Es decir, palabras escritas desde el llano.

La construcción del enemigo, Por Jorge Giles

La construcción del enemigo, 
Por 
 Jorge Giles

El jefe de Gobierno porteño culpó a los inmigrantes de países limítrofes por los problemas de vivienda de la "Ustedes lo hicieron”, afirmó Pablo Picasso ante los nazis que miraban el Guernica.Vale la misma sentencia, mirándolo a Macri.
La masacre de Soldati es un ataque al corazón del proyecto nacional y popular que conduce Cristina y a la Unasur que lideraba Néstor Kirchner. Es el orden reclamado por Duhalde unas horas antes de la masacre.
Es el laboratorio montado por la derecha más rapaz y concentrada. Una forma de cerco brutal y despiadado contra el gobierno de la inclusión social. Algunos de los que bajan línea en los canales de TV, sean del monopolio o no, se transforman en cómplices cuando incitan al odio. La derecha, en sus distintas versiones, intenta construir el enemigo para enfrentar salvajemente al gobierno de Cristina.
Duro entonces con “los bolitas”, los paraguayos, los peruanos, “los negros de mierda que vinieron a comer de nuestra mesa”.
Duro con ellos, los argentinos que acompañan a Cristina y los que se parecen a la América profunda en su piel y en su pobreza.
Para la derecha, hay que aclararlo, todo pobre es un extranjero.
La “inmigración descontrolada”, en palabras de Macri y Rodríguez Larreta, es el discurso que aturde y taladra la cabeza de los pobres que habitan un departamento de dos ambientes contra los hermanos que están del otro lado de la reja, a la intemperie.
Es una maniobra escrita en el manual de Mussolini; no hay que subestimarla. Ni dejarla expandir.
Entrando a sangre y fuego contra los ocupantes del Parque Indoamericano, muestran el verdadero propósito que es ganarse la cabeza misma de los vecinos de bien, esos que se distinguen apenas por no tener al niño colgado de una guagua en sus espaldas.
La xenofobia y el racismo son el rasgo degradante de una sociedad, más que de un dirigente. No hay dirigentes xenófobos aislados y solos. Existen en tanto haya una sociedad que los contenga y les haga coro. Por eso hay que hacer pedagogía en defensa de la vida hoy más que nunca.
La historia enseña que de una crisis tan profunda como la que atraviesa hoy el mundo, se sale por el lado izquierdo y auténtico del pueblo o por la faz derecha de los poderosos.
Miremos a Europa con el drama irlandés, inglés, español, griego o portugués; a los Estados Unidos con el Tea Party y la derecha más horrible.
En nuestro país, para que sigamos ese mismo rumbo, primero probaron con la receta del miedo a la inflación y la consiguiente necesidad del ajuste salvaje y el enfriamiento de la economía.
Pero como enfrente estaban Néstor Kirchner y luego Cristina, no pudieron entrarnos por allí.
Dramáticamente, a los tiros y matando, ahora prueban con la tesis de Berlusconi en la Italia más parecida a la del fascio que a la de la República democrática: “la culpa de todo la tienen los inmigrantes”. Duro con ellos. Con los negros del África o con los empalidecidos rubios de la antigua Rumania.
O con los bolivianos y paraguayos en Buenos Aires. Mal que nos pese, la crisis mundial está entre nosotros. No entró desde la economía y mucho menos desde la política social de un gobierno que va a contramano de la hegemonía neoliberal que aún se enseñorea en un mundo que se incendia. Entró por este laboratorio de sangre que es Soldati, con sus muertos de un solo lado y ese grito que lastima el alma: “Basta de villeros”.
No hay que dudar en el diagnóstico: la disputa es política, es cultural y es ideológica.
No son casualidades, como afirmó Cristina, sino causalidades.
O se impone la derecha de Macri y su patota, Duhalde y el Grupo Clarín y sus lenguaraces. O gana y se afirma esta democracia que defiende la vida y los derechos para todos. Esta vez no hay marcha atrás. La Plaza de Mayo y la Casa Rosada, con la presencia de las celebridades internacionales que nos visitaron, con las Abuelas, las Madres y los Hijos de los desaparecidos, con los sindicatos, con la clase media que prefiere correr el riesgo del cambio antes que volverse parte del pasado, con Carta Abierta y los Movimientos Sociales, esa Plaza convocada para el viernes y postergada para este domingo, es una fogata en medio de una playa nocturna. Está para alumbrar, para resistir, para gritar y cantar que no hay vuelta al pasado, como quieren Macri y Eduardo Duhalde exigiendo “el orden” del modo que sea.
En democracia está permitido discutir todo. Hasta el sexo de los ángeles si se tienen tiempo y ganas. Pero una raya infranqueable es la democracia misma, que es incompatible con cualquier violación de los derechos humanos, con cualquier forma de xenofobia y racismo, con cualquier variante de la dictadura.
Por eso, habrá que ser implacable con el discurso del PRO. Eso no es la democracia que supimos construir en estos años, con virtudes y defectos.
Pero también habrá que salir a campo abierto a dar la discusión con todos los vecinos. Poder decirles respetuosamente que somos latinoamericanos, que todos tenemos algo de bolivianos, algo de peruanos, algo de paraguayos así como tenemos algo de italianos, de españoles, de sirio libaneses. Y no se trata de ser tolerantes con nosotros mismos. Se trata de amarnos a nosotros mismos, amando al hermano que está bajo el mismo cielo y en la misma tierra que nosotros. Hay un solo responsable de esta tragedia: el gobierno del PRO y particularmente el llamado a la violencia que desata Macri cada vez que habla. Es una gestión incapaz de gobernar. No lo sabe hacer. No exagera ni miente cuando dice que “no puede gobernar sin presupuesto”. Si no sabe gobernar con presupuesto, menos lo sabrá hacer sin él.
Mañana se recuerda la Masacre de Margarita Belén en el Chaco, allí donde fueron asesinados una veintena larga de militantes. El periodista local, Marco Salomón, fue amenazado por uno de los acusados de genocidio, Ricardo Reyes, como si creyera que el pasado de muerte y dolor colectivo instauró que el terrorismo de Estado siguiera presente.
Que nadie se equivoque, ni el genocida ni los gobernantes porteños con su xenofobia: esta democracia llegó para quedarse, para profundizarse y por sobre todo, para dignificar la vida en paz.
uenos Aires. Su gobierno, este año, construyó sólo 81 casas. (TELAM)

Atención con Ritondo, Por Eduardo Anguita

Atención con Ritondo, 
Por 
 Eduardo Anguita

Un legislador de la Coalición Cívica contó, entre sorprendido e indignado, que Christian Ritondo, el pasado martes, entró al salón Eva Perón de la Legislatura porteña y se ufanaba de la represión salvaje que llevaban a cabo la Federal y la Metropolitana contra los ocupantes del Parque Indoamericano. Ritondo, jefe del bloque del PRO y aspirante a candidato a vicejefe de gobierno en elecciones anticipadas, es una pieza clave del conflicto desatado esta semana. Su jefe político no es otro que Eduardo Duhalde y todavía se jacta de acceder a información reservada de la SIDE y la Federal. Ese manejo proviene de su sintonía con el ex jefe de Inteligencia de Duhalde Miguel Ángel Toma y de sus vínculos con algunos personajes oscuros que todavía responden al ex presidente.
Hace no más de un mes, Ritondo presentó un proyecto para urbanizar las villas en la Ciudad de Buenos Aires –que todavía no tuvo tratamiento legislativo- supuestamente para encarar el postergado censo catastral y ordenamiento territorial de las viviendas en barrios precarios porteños. Sin ningún plan serio, otro interlocutor del duhaldismo-macrismo, el jefe de Gabinete de Mauricio Macri, Horacio Rodríguez Larreta, salió el sábado pasado a decir que el gobierno entregaría títulos de propiedad en las villas. Es decir, mientras Ritondo dice querer ordenar una vieja deuda de la política porteña como es el de legalizar la propiedad, Rodríguez Larreta ofrece el sueño de todo poseedor de una vivienda: un papel que legitime la propiedad. Es decir, seguridad jurídica.
El macrismo, con una mano, alentó una expectativa, y preparó la emboscada con la otra. Ritondo, además, logró zanjar una interna que venía fuerte dentro del PRO. Una semana atrás, cuando se habló del adelantamiento electoral con la excusa infantil de que la oposición no vota el presupuesto, Gabriela Michetti salía a descarcarse de Macri. Para los que conocen esa fuerza política, Ritondo y Michetti ni se hablan.
Un capítulo importante es que Ritondo es uno de los pocos capaces de jugar con los punteros políticos del sur porteño. Michetti puede seducir a cierta clase media a través de los medios. Lo de Ritondo es la rosca con comisarios, sindicalistas empresariales, los barrabravas de Nueva Chicago y otros clubes y punteros territoriales. El gran problema es que el sur porteño tiene todavía expresiones claras de la vieja política que funcionan con códigos similares a los de ciertos partidos del conurbano bonaerense.
El inicio. Uno de los laderos de Ritondo es Miguel Ángel Rodríguez –el Comandante-, que fue recontratado por el PRO después de haber sido descubierto por una cámara oculta vendiendo licencias truchas de autos y pasar una temporada preso. Lo ubicaron en la Ugis (Unidad de Gestión e Intervención Social), otra de las variantes represivas de Macri. El lunes pasado, el día antes de las dos primeras muertes, Rodríguez fue el responsable de llevar a una treintena de familias al Parque Indoamericano. Diosnel Pérez -presidente interino de la Villa 20- se comunicó con algunos legisladores de la oposición al PRO, para avisarles de esto y que, hasta ese momento, él no sabía nada de eso. El martes a la mañana, Pérez decidió ponerse al frente y también estimular a algunos vecinos a instalarse allí. No sabían que eran parte de un juego mucho más sutil y sangriento que todavía no se sabe cómo va a terminar.

Los pistoleros del PRO al desnudo, Por Ricardo Ragendorfer

Los pistoleros del PRO al desnudo, 
Por 
 Ricardo Ragendorfer

Bajo la violencia desatada en Villa Lugano subyace un complejo tejido político-delictivo
Un simbolismo cargado de futuro. El 27 de febrero de 2007, Mauricio Macri lanzó su campaña electoral para la Jefatura del Gobierno porteño exhibiéndose para las fotos junto a una niña pobre en medio de un basural. Era nada menos que uno de los barrios marginales de Villa Soldati. A tres años y nueve meses de tal escena, su fervor por los desalojos compulsivos desataría en ese mismo arrabal una represión homicida seguida por una explosión racista no menos atroz.
Fue a partir de un operativo conjunto de la Policía Federal y la Metropolitana iniciado durante el anochecer del 7 de diciembre, luego de que el Poder Ejecutivo del PRO consiguiera una orden firmada por la jueza María Cristina Nazar para expulsar del Parque Indoamericano a unas 350 familias que habían tomado de modo pacífico un sector lindante al barrio Los Piletones. Semejante faena concluyó con dos cadáveres: el de Bernardo Salguero, paraguayo, de 22 años, y el de Rosemary Churapuña, boliviana, de 28. También hubo decenas de heridos; entre ellos, un bebé. Tal vez ese martes sea para la liturgia del macrismo la merecida efeméride de su cruzada por el control del espacio público. No por nada, el ministro del área, Diego Santilli, quien se encontraba en la retaguardia de los acontecimientos, expresó su lectura del asunto con las siguientes palabras: “Es un operativo valioso y prolijo; con algún problemita, claro, pero sin incidentes graves”. En aquel momento, los noticieros empezaban a informar sobre las dos muertes.
Recién el jueves, Macri desgranaría en una conferencia de prensa su versión de la masacre. Con un discurso casi hitleriano –avalado luego por cada uno de sus más estrechos colaboradores– responsabilizó de los sangrientos hechos a “los inmigrantes de países limítrofes”.
Ya se sabe que esas palabras propiciarían un pogrom, con unos 100 heridos y otros dos crímenes: el de Juan Castañares Quispe, boliviano, de 38 años, y –ya al caer la noche del viernes– la ejecución del pibe herido que fue arrancado por una horda de una ambulancia del Same, en medio de una aterradora cacería de personas que ofende a la condición humana.
Sin embargo, movileros, opinadores de toda laya y no pocos políticos deslizaban sólo su estupor ante el carácter “espontáneo” de ese enfrentamiento de “pobres contra pobres”. Como si la violentísima irrupción de un ejército de matones sindicales, barrabravas y punteros oscilantes entre el duhaldismo y el PRO fuese absolutamente natural.
Lo cierto es que –tal como adelantó una fuente policial a Miradas al Sur– efectivos de la División de Seguridad Deportiva de la Federal ya se encuentran abocados en la identificación de los barrabravas que participaron en los incidentes. Y que se están librando las correspondientes órdenes de captura. En consecuencia, ahora empezará a salir a la superficie el lado oculto de esta trama político-delictiva.
El terror azul. Ya trascendió que durante el fin de semana un sujeto vinculado al Gobierno porteño incentivaba entre los pobladores de la Villa 20 la toma del Parque Indoamericano. “El que no copa su parcela se queda sin nada”, proclamaba una y otra vez. Se refería a la supuesta entrega de títulos de propiedad sobre esa inexistente urbanización. Horas después, las primeras carpas fueron allí levantadas.
Ahora se sabe que ese tipo no era otro que Miguel Ángel Rodríguez, a quien le gusta que le digan El Comandante. Se trata de un ex convicto –purgó tres años y medio de cárcel por la venta de licencias apócrifas de taxi mientras era director de Tránsito en la gestión de Carlos Grosso–, que llegó a ser funcionario del Instituto de la Vivienda de la Ciudad (IVC). Pero tuvo que abdicar al aflorar su pasado por boca del legislador Facundo De Filippo. Entonces se convertiría en hombre de confianza de Esteban Bullrich, cuando éste era ministro de Desarrollo Social. El nexo entre ellos fue su jefa de Gabinete, Karina Leguizamón. Ella es la esposa del legislador del PRO Esteban Pagani, a su vez, un íntimo de su jefe de bancada, Cristian Ritondo. Ahora Rodríguez reporta directamente a él.
Otro incitador de la toma de terrenos –siempre con el señuelo de las escrituras– es Marcelo Chancalay, un garufero de arrabal que en sus años mozos fue boxeador; en la actualidad alterna ciertos negocios asociado al servicio de calle de la Comisaría 52ª con su condición de puntero del PRO en la Villa 20. Y también reporta a Ritondo.
Es que Cristian es un muchacho del barrio. Oriundo de Mataderos, se crió en Villa Lugano, en donde aún hoy conserva un domicilio. Tal vez por tal motivo se mostró muy contrariado con la toma del Indoamericano. Tanto es así que no dudó en escribir en su Twitter: “La Ciudad Autónoma no será territorio liberado para los que violan la ley”. Sucede que su apego al orden –y a sus agentes– no es menor.
Prueba de ello es que, en su gestión como subsecretario del Interior durante el interinato de Eduardo Duhalde, supo cultivar excelentes migas con un selecto grupo de oficiales de la Federal. Entre ellos resaltan los actuales jefes de las seccionales 36ª, 48ª y 52ª, comisarios Emilio Ramón Miragalla, Eduardo Rubén Pereyra y Miguel Ángel Cairolo, cuyas jurisdicciones se extienden entre Villa Lugano y Soldati. Dicho trío, junto con un subcomisario de la Guardia de Infantería, comandaron –en tándem con la Metropolitana– la represión del martes.En cifras, hubo unos 200 efectivos de la Federal y 60 de la Mazorca de Macri.
Una fuente confiable de la causa confirmó a Miradas al Sur que los cartuchos calibre 12 que mataron Salgueiro y Churapuña no fueron disparados con tumberas –como quisieron hacer creer los voceros de ambas fuerzas– sino que salieron de armas policiales. Por tal razón –además de ser pasados a disponibilidad–, están bajo investigación cinco suboficiales, junto con un subcomisario de la Infantería y el propio Pereyra, todos de la Federal. Y en relación con el asesinato de Quispe, hay sospechas sobre los ocupantes de un patrullero de la Metropolitana. Es por ahora difícil saber si esos homicidios fueron premeditados o, simplemente, fruto de un desborde. Pero el hecho de que algunas armas llevaran cartuchos de plomo inclina esa duda hacia la primera posibilidad. Cabría entonces un interrogante: ¿Por orden de quien? Ritondo tal vez lo sepa.
La caldera del diablo. Los hechos de sangre cometidos por las fuerzas de seguridad no son un hecho sorprendente. En cambio, el correlato civil de la matanza del Parque Indoamericano supone una siniestra bisagra en la Historia argentina: es la primera vez desde la Semana Trágica –ocurrida en 1919– que patotas reclutadas entre la sociedad civil se lanzan a la persecución de inmigrantes.
Es cierto que el discurso xenófobo de Macri bastó para que quienes integran “la parte sana” de Lugano se convirtieran en una caricatura del pueblo alemán durante la República del Weimar. No menos cierto es que en sus almas anidan los peores instintos. Pero ellos, vulgares fascistas de entrecasa, son incapaces de consumar con sus propias manos el ejercicio del terror. No así, por caso, quienes frenaron una ambulancia para asesinar a un pibe herido con un tiro en la cara. No así quienes en los incidentes del jueves fueron fotografiados con las armas en la mano.
Al respecto, el ya célebre Julito Capella -el hombre de jogging rojo que empuñaba una pistola -es un caso testigo. Es hijo del masajista de Boca, barrabrava de Huracán y empleado de la obra social del sindicato municipal (Sutecba), en donde custodia a Genaro Trovato, la mano derecha del líder del gremio, Amadeo Genta.
No menos significativa es la presencia de otro pistolero captado por las cámaras (ver foto derecha). Miradas al Sur pudo precisar que se trata de Alejandro Pastore, otro “pesado” de la obra social de Sutecba, quien con su mujer, Noemí Gómez, habita en la Torre 19 A swl complejo de Olivera y Directorio.
De ese edificio, y de otros situados en la avenida Castañares al 4200 y 4300 partieron disparos de grueso calibre sobre los habitantes de la Villa 20.
Tales construcciones fueron financiadas a través del Gobierno de la Ciudad y en su adjudicación no fue ajeno Trovato. Ni la ex directora de la Corporación Buenos Aires Sur, Esther Niti Iglesias. Ambos se dedicaban a ello en la Mutual 25 de Mayo, cuya sede estaba en el noveno piso de la Legislatura.
A la señora Niti se la vio el martes y miércoles reclutando muchachos del gremio para integrar la milicia macrista. En tales menesteres también estaba Eva Ferraro, jefa del CGP 8, quien –junto al delegadoChacho Álvarez–, recibía instrucciones telefónicas del propio Ritondo.
En la tarde del miércoles, cuando la presidenta Cristina Fernández de Kirchner expresaba en el acto del Día Internacional de los Derechos Humanos su más absoluto repudio a la xenofobia, en Lugano se iniciaba el más virulento ataque de los falsos “vecinos” contra quienes estaban en el Parque Indoamericano. En total –según calculos de los movileros presentes– eran alrededor de unos 300 matones armados hasta los dientes con pistolas y escopetas de guerra. El eje del mal no había faltado a su cita.
En tanto, Ritondo inmortalizaba sus reflexiones en el Twitter.

Por Ricardo Foster La esquizofrenia mediática, la democracia y la disputa por el sentido

Por Ricardo Foster

La esquizofrenia mediática, la democracia y la disputa por el sentido

La esquizofrenia de los medios de comunicación concentrados y hegemónicos de nuestro país se ha convertido en un insólito dato de la cambiante realidad nacional. De la noche a la mañana, y antes de que tuviéramos tiempo siquiera de darnos cuenta de lo que estaba sucediendo, la mayoría de los argentinos, entre incrédulos y complacientes lectores de las “verdades reveladas” que día tras día suelen escupir las rotativas de tan insignes diarios portadores del gen de la “libertad de prensa y de información” contra el virus de “la censura y el autoritarismo oficial”, nos enteramos de que no sólo el país ya no estaba “aislado del mundo”, girando en la noria de su propia autorreferencialidad provinciana, incomunicado con lo real del planeta y lejos de todos los mercados y de las “extraordinarias oportunidades” que el Gobierno desaprovecha a manos llenas, sino que era el centro de casi todas las preocupaciones del Imperio.

A través de las coberturas “objetivas y neutrales” del diario El País de España, una de las sedes centrales de la oposición mediática, verdadera usina que alimenta a nuestros periódicos “independientes” siempre atentos a sus reflejos de receptores colonizados, descubrimos, azorados, que la Argentina es el centro del mundo y que los 250.000 cables filtrados de la diplomacia estadounidense, si bien se referían, la abrumadora mayoría de ellos, a geografías muy distantes de la nuestra, en el fondo no hacían más que hablar de nosotros y, claro, de Néstor y Cristina Kirchner, pareja demasiado cara a los sentimientos corintelladistas de los informantes de la embajada gringa, asiduos lectores, por otra parte, de la revista Noticias y de las espléndidas, amplias y mesuradas columnas dominicales de Joaquín Morales Solá y de su compañero de página el insigne demócrata Mariano Grondona (de reojo, y quitándoles tiempo a sus ajetreados días, leían a los intachables columnistas de Clarín y de Perfil mientras repasaban las páginas, entre grotescas y absurdas, del libro, si vale tal calificativo, de Sylvina Walger dedicado a Cristina Fernández). ¿Estaremos ante una gigantesca estafa a los contribuyentes del país del Norte, siempre tan celosos desde los días de su independencia, de lo que el Departamento de Estado hace con su dinero, al comprobar que la mayoría de los cables sobre nuestro país parecen sacados de las charlas de quincho, de alguna reunión de consorcio de country o del correo de lectores de La Nación? Paupérrimos informes que delatan la mediocridad de los diplomáticos y, perdón por usar una palabra antigua y no muy simpática pero que parece caerles como anillo al dedo, el cipayismo de nuestros diarios de mayor circulación y de sus cadenas repetidoras de radio y televisión. Raro, que en tantos cables, no aparezcan los intentos de golpe en Venezuela o en Ecuador, ni el que triunfó en Honduras. Lo importante, como siempre, no es material para los giles, perdón, quise decir para los lectores.

La Argentina, para delicia de la autoestima nacional (bien diferente a aquella otra a la que hizo mención el presidente Lula al hablar de lo que los argentinos le debemos a Kirchner), no sólo no está aislada del mundo como creíamos leyendo y escuchando a tantos periodistas “serios, inteligentes y estupendamente bien informados”, de esos que hablan el lenguaje de la gente, sino que es el centro de las obsesiones imperiales además de ocupar, para algunos españoles, un lugar exponencialmente más significativo que el conflicto de Medio Oriente, los acontecimientos de Irak y Afganistán, la derrota electoral de Obama y las preguntas inquietantes de quién es el verdadero perjudicado ante tamaña filtración, o, más cerca de los propios españoles tan interesados en lo que sucede en nuestras tierras, las dimensiones colosales de la crisis económica que hoy golpea con fuerza inusitada a Grecia, Irlanda, Portugal y España y que amenaza con extenderse a otros países del viejo continente que parece más viejo que nunca.

Parecería que a los funcionarios de la diplomacia estadounidense les importa mucho más el chismoseo argentino, las charlas de peluquería de Barrio Norte, lo que se dice entre bocadillo y bocadillo en el Jockey Club o en oscuras reuniones de empresarios, que la profundización de una crisis global que tiene en vilo a las principales economías del planeta y, en primer lugar, a la propia. ¿Será que la Argentina es más importante para los intereses yanquis que China o Irán? ¿Y dónde quedó el encriptamiento kirchnerista? ¿Tan importante era la Argentina que no nos habíamos dado cuenta porque estábamos fuera del mundo? Extraña vicisitud psicológica la de cierta prensa corporativa que, además de concentrar monopólicamente poder y recursos, parece concentrar estupidez a manos llenas. ¿Será que considera que sus lectores están a la altura de su cortedad? ¿Habrá alguna complicidad en sus giros lamentables e impresentables y su representación del lector medio como una suerte de bobalicón irredimible? Supongo que muchos lectores de La Nación y Clarín, avezados hermeneutas de sus titulares y de los artículos de sus principales escribas, estarán comenzando a sospechar de esta gigantesca tomadura de pelo. Dios, lo sabemos desde hace algún tiempo, no es argentino, ni para el mal ni para el bien, pese a que entre El País, el diario “noble” y nuestra “tribuna de doctrina”, intentan hacernos creer, nuevamente, que el cielo o el infierno se encuentran en medio de nuestras pampas.

Del mismo modo que se desvanecieron en el aire, y con rapidez inesperada, otras “operaciones” soñadas como el principio del fin de la bestia negra kirchnerista, la apropiación en clave argentina de los miles de cables lanzados hacia todas las latitudes y a través de los cinco principales diarios del mundo muy sospechosamente por WikiLeaks, será, qué duda cabe, otra ave de paso en la estrategia, cada día más impresentable y bizarra, de nuestros escribas profesionales. En esta ocasión desnudaron su profundo y esencial ADN colonizado, su predisposición sustantiva a leer la realidad a través de lentes prestadas por quienes sólo se ocupan de defender sus propios intereses, sean estos los del país del Norte o los que defiende el grupo Prisa desde España. Lo demás, como suele decirse, pertenece a la ficción o a las escrituras canallas de ciertos medios de comunicación.

Lo dice con humor crítico Eduardo Aliverti en su columna de Página 12 cuando señala que nuestros tanques mediáticos están cayendo en estrategias absurdas y rayanas en la imbecilidad, porque “¿en qué cabeza de cuál enajenado de la realidad puede caber no darse cuenta de que provocan la antítesis de lo deseado? Si titulan y agrandan que los yanquis están turbados por el estado psíquico de Cristina; si esparcen que el otrora ‘matrimonio presidencial’ se defecó en los consejos imperiales; si aluden a una España inquietada por la corrupción kirchnerista, en el exacto momento en que España revienta, entre otras no muchas cosas, por el pus de su venalidad empresarial, ¿cómo hacen para no percatarse, por si fuera poco en medio de un pico de popularidad cristinista, de que procediendo así son los mejores propagandistas gubernamentales? ¿Cómo hacen? ¿Dónde viven? ¿Es posible que las necesidades de virulencia corporativa, para enfrentar a un gobierno que les jodió intereses, alcance el límite de joderse a sí mismos por enceguecimiento inercial?”. Dentro de la visión esquizofrénica de la realidad eso y más es posible. El odio, la ceguera, la vieja impunidad de la que gozaban para hacer y deshacer a su antojo comenzó a cambiar y a confundirlos más y más. No es fácil descubrir que algo diferente ha sucedido y que la homogeneidad discursiva ya no funciona y que se van abriendo brechas cada vez más significativas en el interior de una sociedad que ya no responde a la monotonía de una visión obsesionada con horadar al Gobierno. El sentido común que funcionó durante mucho tiempo en consonancia con la corporación mediática comenzó a desequilibrarse y a producir otras alternativas que vuelven cada vez más inviable la construcción de un relato brutalmente sesgado.

Es saludable reconocer que esa monotonía ya no logra expandirse sobre la conciencia social. Estos últimos años han sido intensos y decisivos allí donde se han podido poner en discusión cuestiones fundamentales que han tendido a redefinir áreas centrales de la propia vida democrática. Uno de esos debates que alteró profundamente cierta inercia que venía condicionando desde hace muchos años la circulación más libre e igualitaria de la palabra y la imagen fue, sin dudas, el que culminó con la promulgación de la ley de servicios audiovisuales, ley que contribuyó a quebrar el muro de la univosidad ideológica que presentaba el universo mediático argentino habilitando otras miradas que han posibilitado que millones de ciudadanos puedan acceder a perspectivas múltiples y diversas. Estalló la hegemonía que, con variantes menores, vino dominando la realidad argentina desde hace muchas décadas, y en el interior de ese estallido lo que también quedó deshabilitada fue la impunidad narrativa con la que solían bombardear a la población y, en particular, a las clases medias.

Contra esa violencia retórica comenzó a rebelarse un país que si bien sigue teniendo problemas irresueltos y zonas opacas, va descubriendo que el presente no se parece en nada a lo que intentan hacerle creer los grupos hegemónicos. Un país que sigue debatiendo cuestiones fundamentales y que sabe que para expandir todavía más la democracia es fundamental avanzar hacia una mejor distribución de la riqueza al mismo tiempo que se asume un combate de frente contra toda forma de impunidad, sea la mediática o la de aquellos que intentan quitarles sus tierras ancestrales a los pueblos originarios. La democracia, su continua reinvención, supone entrelazar las distintas reivindicaciones y derechos para seguir haciendo visibles a los invisibles de la historia. Seguimos instalados, como en otros momentos clave de nuestra historia, en la disputa decisiva por el sentido. Algo del deslizamiento esquizoide de los medios corporativos va mejorando las posibilidades de un relato matricialmente democrático y emancipador.