lunes, 13 de diciembre de 2010

LA CRISIS DE VILLA SOLDATI Por Alejandro Horowicz

LA CRISIS DE VILLA SOLDATI Por Alejandro Horowicz

Periodista, escritor y docente universitario. En movimiento oscilante –del discurso xenófobo, a aparecer acompañado de ‘hermanos latinoamericanos’–, Macri eligió replegarse para asegurar la retaguardia política: garantizar para su proyecto PRO la ciudad más rica del país. 

Las ciencias sociales disponen de reglas axiomáticas, una reza así: cuanto más descompuesto un orden político, más violento, menos capaz de procesar el conflicto y de reconocer su legitimidad, más proclive a los desbordes (discursivos, represivos) y sobre todo absolutamente incapaz de ubicar el mapa de los problemas, y por tanto resolverlos. 
En  Formosa, con ingresos per cápita homologables a los de algún país africano, la bestialidad sorprende menos, aunque duela. En la Ciudad Autónoma de Buenos Aires, con ingresos per cápita similares a los de Austria, duele, indigna y es perfectamente inútil.
No puede ser que cada conflicto suponga muerte y desolación. Que los muertos integren el mismo pelotón (trabajadores tercerizados, inmigrantes pobres, mujeres que trabajan en condiciones inenarrables, niños marginalizados), y que en lugar de volver inteligible el problema, los responsables sólo intenten desplazarlo. 
Y no bien explota la violencia, casi todos los que no están directamente involucrados, quieren que termine. Que termine y ya; para ocuparse de otra cosa, para no registrar la precariedad de su vida cotidiana, para “olvidar” que el horizonte country –donde todo marcha a las mil maravillas– depende del subsuelo social que lo sostiene, y sobre todo para exigir que este siga inmóvil. No se trata –desde ese abordaje con disvalores menemistas– de oxigenar el dolor de los trabajadores precarizados, de socializarlo, sino de garantizar su perpetua invisibilidad. 
Esa es otra novedad, las noticias que antes solo accedían, de tanto en tanto, a la página policial de los diarios, acaban de llegar a la tapa. Y la sociedad, que “no sabía” de su existencia, tiene que resolver: o incluye el subsuelo de la patria en la cadena de solidaridades, o lo excluye mediante la represión más implacable. Ese debate tiembla en sordina desde 2003: masacrar o cambiar. 
En ese punto comienza a quedar claro que la Argentina es una sociedad de mundos paralelos, jerárquicamente superpuestos. En el subsuelo trabajan millones en condiciones indescriptibles. Inmigrantes de países limítrofes, empujados por la crisis de sus propias sociedades, sin protección sindical, explotados por sus propios connacionales en connivencia con patronales inescrupulosas, luchan por sobrevivir. En planta baja y el primer piso, los ingenuos beneficiarios del “orden natural” se hacen los distraidos.
Dos lecturas permiten explicarse el fenómeno. Una: “Entiendo que vengan a trabajar –admite una empleada en blanco de una medicina prepaga– pero que no jodan. Acá están mejor que en su país o en su provincia, y ahora pretenden vivir en el Sheraton.” Nuestra empleada no es particularmente racista, a la hora de identificarse políticamente expresa su simpatía por Pino Solanas, pero su análisis es cortito. No se propone averiguar qué pasa, le basta con preparar sus vacaciones de diez días a Córdoba. 
Dos: El arribo de inmigrantes pobres permite construir una fuerza de trabajo muchísimo más barata. No sólo no hay cargas sociales, ni sindicatos, ni salarios de convenio, sino que las empresas reducen la inversión productiva. Es que pueden remplazar tecnología por la explotación directa del trabajo humano. Tres trabajadores precarizados son mucho más baratos, incluso, que una máquina no muy cara. Eso no es todo. El negocio tiene varias patas, ya que los inmigrantes, además de trabajar, consumen. Y una de las carencias básicas, la vivienda, permite alquilar sucuchos a precios astronómicos. Otro negocio “brillante”. Negocios que se mezclan con punteros políticos que organizan la estructura clientelar, lucrando con la necesidad de los más humildes. Es que los punteros no tienen ideología: como los barrabravas, son del último que paga sus servicios. Y no siempre termina quedando tan claro quién pagó.
Si el Estado se ocupara racionalmente de la necesidad insatisfecha, una nueva fuente de trabajo –la construcción de viviendas populares – despuntaría, y las condiciones de inclusión social – educación, salud, calidad de vida– cobrarían otro impulso. Pero estos programas del welfare state no integran ese orden de prioridades; incluso el modestísimo porcentaje que alcanzan esas partidas en el Presupuesto, no se utilizan. El dinero no se gasta, la obra no se materializa, porque las autoridades de la ciudad no consideran que deban hacerlo. Esa es la ideología dominante del bloque de clases dominantes: lo público debe ser continuación de negocios privados inmediatamente rentables y brutalmente desconsiderados. Allí reposa todo el racismo: no los consideran personas, no lo son para la policía y tampoco para los funcionarios, por tanto nada les corresponde. Y cuando se les ocurre hacer sentir su presencia, la respuesta está a la vista. 
Ahora política. Pocas cosas unifican tanto el propio campo como un “enemigo” al que se puede golpear. El gobierno de la Ciudad fabricó uno en Villa Soldati. Desde que lo fabricó los disvalores menemistas –entre los que se cuentan la xenofobia, el racismo y la indiferencia social– gozan de oscuro predicamento. Conviene no equivocarse: Mauricio Macri no dijo lo que dijo exactamente por “error”. En movimiento oscilante –del discurso xenófobo explícito, a aparecer acompañado de “hermanos latinoamericanos”–  eligió replegarse para asegurar la retaguardia política; es decir, garantizar para su proyecto PRO la ciudad más rica del país. Sabe que un segmento ancho y profundo de los “vecinos” defiende a capa y espada el horizonte country. Una ciudad sin cartoneros, donde los pobres no molesten. Y si molestan, si se les ocurre ganar visibilidad, poner en juego los instrumentos que supo forjar Macri, primero en Boca Juniors; después, con la Metropolitana. 
Ahora queda claro que la defensa del Fino Palacios tenía razones de peso. Una policía educada por semejante educador sirve, y a la hora de la verdad los comisarios de la Federal no se sienten demasiado lejos de tan destacado “colega”. Al menos esa fluida relación, en Villa Soldati, funcionó primero desde la perspectiva de Macri.
El jefe de gobierno caía en todas las encuestas, y había jugado sus cartas nacionales sin atender los intereses de sus asociados –del peronismo federal, de Héctor Magnetto y del propio partido–  estuvo a un tris de despeñarse. No sucedió. La crisis lo salvó. No sólo Gabriela Michetti volvió al redil, sino que el orden de batalla reina en las filas del PRO. Y todo el conservatismo sistémico, incluido Eduardo Duhalde – por mucho que deteste personalmente a Mauricio, que no es el caso– se terminará alineando detrás suyo. 
El gobierno nacional no enfrenta un problema municipal, sino el punto de rearticulación de todo el proyecto anti K. La flamante cartera de Seguridad forma y no forma parte de la necesaria respuesta a esta dura crisis política. En tanto preocupación sentida, no cabe duda; pero si por un momento se dejara tentar – como en altri tempi– por la pregnante ideología de los “vecinos”, producirá un efecto “impensado”: reforzar a Macri. 
Es tiempo de instalar un orden político nuevo en la Policía Federal, y el nombramiento de Nilda Garré pareciera apuntar en esa dirección. Conviene recordar que las últimas intervenciones policiales –para decirlo con el lenguaje de un canciller– no resultaron particularmente felices. Los efectivos no parecieran ejecutar con precisión las instrucciones, o las instrucciones públicas no coincidieron con las privadas. Ambos problemas requieren la debida atención, de lo contrario el realineamiento de la Policía Federal y la adecuada combinación entre garantismo jurídico y seguridad pública no abandonarán el tranquilo universo de los papers académicos.

Música para celebrar los derechos humanos

Música para celebrar los derechos humanos

El festival reunió a León Gieco, Charly García, Teresa Parodi, Víctor Heredia y Calle 13, entre muchos otros. Sobre el frente de la Casa Rosada hubo proyecciones con el sistema de mapping. Madres y Abuelas fueron las protagonistas.
Por Alejandra Dandan
La Plaza de Mayo esta vez apareció liberada. Las vallas que hace tiempo protegen la Casa Rosada volvieron a estar abiertas y dibujaban un pasillo enorme que ayer fue ocupado por una marea de personas, desde temprano, abajo del escenario donde se realizó la celebración oficial por el Día Internacional de los Derechos Humanos. También fue el cierre de los festejos del Bicentenario, los 27 años de democracia y los tres años del gobierno de CFK. Sobre el escenario, y hasta pasada la medianoche, se fueron sucediendo desde León Gieco a Calle 13 y Charly García entre otras bandas de músicos y artistas (ver aparte). También hubo proyecciones digitales en pantallas gigantes, ancladas a las paredes de la Casa de Gobierno.
Detrás de las vallas estaba Juan Manuel Mauro con una remera con la fecha del 17 de octubre peronista, las señas del año 1945, enormes y blancas. Víctor Heredia volvía a cantar aquello de que mientras alguien proponga muertes sobre esta tierra, pisará los campos, sobreviviendo. Juan Manuel hablaba de las últimas muertes, de las tomas de tierras, de una parte de sus compañeros de la Tendencia Nacional Popular que están entre la villa 1-11-14 y Soldati, de las chuceadas de Eduardo Duhalde, del nocaut de Graciela Camaño, de Mariano Ferrerya y de Formosa: “Y éste es el principio –decía–, de acá a las elecciones nos va a estar tirando un muerto todos los meses, nosotros creemos eso, y que estar acá es darle confianza al gobierno nacional porque empezó una etapa de resistencia”.
La resistencia hecha día había empezado a las 15 sobre el escenario. En un palco se destacaban las Madres y las Abuelas de Plaza de Mayo, el secretario de Derechos Humanos, Eduardo Luis Duhalde, entre otros referentes y militantes de organismos. En la plaza, mientras la conducción advertía la presencia de 130 mil personas que irían creciendo con el correr de las bandas, se estaqueaban las agrupaciones con sus banderas cruzadas por la estrella montonera y replicadas detrás de decenas de nombres. Los estandartes de la Envar el Kadri, la JP del Peronismo Militante. Delante de la Casa de Gobierno se habían ubicado los banderines de La Cámpora, hacia el otro extremo los pañuelos de la Fundación de las Madres de la Plaza de Mayo marcaban los dos tiempos de la Plaza. Mientras, los más jóvenes, parte de esas agrupaciones visibilizadas durante los funerales de Néstor Kirchner, recorrían los pasadizos armados por la marea humana con volantes políticos, en busca de aquellos que llegaban sin organización. Cecilia y Facundo de la agrupación del peronismo de base de El Kadri andaban en eso: “¡Mirá esta plaza! Militantes y no militantes, con banderas o sin banderas, bancando la democracia”. Y entre ellos, nuevamente apareció la imagen de Soldati.
En tanto, las imágenes de las primeras rondas de las madres de Plaza de Mayo, con sus voces pidiendo por la aparición de sus hijos, implosionaron contra las paredes de la Casa Rosada convertidas en pantallas gigantes. Pedro Dinani, de la Liga por los Derechos del Hombre, se había acercado a ocupar su parte del terreno. Ninguno de los artistas nacionales y populares, como dijo, lo convocaba especialmente, pero él que es uno de los abogados que llevan adelante los juicios contra los represores de la última dictadura decidió estar ahí: “Sinceramente porque quiero ser parte, aportar con un número, un número más para ganar esa plaza”. Una de las integrantes de Hijos anunciaba desde el escenario a viva voz, entonces, que uno de esos juicios termina, que el 21 de diciembre es la “sentencia histórica contra 17 genocidas que actuaron en la ciudad de Buenos Aires”. Y convocó a todos a estar ahí, a las 17, con familiares y testigos.
Silvina Masa escuchaba a un costado. Llevaba puesta la remera del Eternauta, aquella imagen de Oesterheld redibujada en homenaje a Kirchner: “Estamos acá para festejar”, decía ella, al lado de su compañera Mercedes, en silla de ruedas. “Nosotras somos una pareja que se pudo casar por la ley de matrimonio igualitario, pero desde antes estamos dándole apoyo a este gobierno.”
Esa postura replicada con una marca en el cuerpo; esa remera que frente al ministro de Economía blandía en alto una mujer con un “Fuerza Cristina” mientras se levantaba en un pogo embravecido agitada por la arenga de León Gieco que la convocaba desde el escenario. O la remera que se había puesto Martín Fernández, con la letra de la poesía de Joaquín Areta escrita en la espalda, esa poesía leída alguna vez por Kirchner y repetida una y otra vez, ahora subrayaban la presencia de los cuerpos convertidos en cuerpos políticos, presencias individuales acoplados a otros cuerpos. Martín, 19 años, empezó a militar en su pueblo cuando los vecinos peleaban contra una curtiembre, es parte de la generación de hijos de padres que crecieron durante la dictadura con aquel por algo habrá sido, que crecieron con miedo y asustados y se sustrajeron de la militancia política, dice él. El se integró a la JP Peronismo Militante año y medio atrás. Con la muerte de Kirchner, sus padres por primera vez parecieron entender o aceptar lo que hacía: “Yo me di cuenta que el peronismo era la conciencia de nuestros pueblos, que representa las luchas que nos van a poner como pueblo a encontrar en el camino de la liberación”.
“¡Nos vamos a sacar una foto con ustedes!”, decía Gieco desde el escenario. “¡Porque es un espectáculo maravilloso lo que se vive acá! ¡Así que las manos más arriba todavía!”
Bajo las paredes del palacio de Hacienda, una leyenda decía: “Yo soy vos, soy argentino, soy boliviano, soy uruguayo, soy paraguayo, soy humano”. Un pibe pasaba con una guitarra debajo de uno de los carteles donde se leía: “Estamos con Cristina”. Las remeras de la JP Peronismo Militante habían quedado lejos. Más cerca de ellas, entre el escenario y las vallas, entre mates, carritos de niños y hasta vendedores de globos, una mujer decía que esa poesía que recitaba Leonardo Sbaraglia era uno de los temas de Viglietti. “Igual que ella yo vengo a todas las marchas –dijo la mujer de al lado–. Todavía me acuerdo que en el ‘82 estaba embarazada y vine a la Plaza de Mayo a una marcha que hicieron las Madres. Recién, cuando cantaba Víctor Heredia, te juro que me di vuelta y le dije eso a un chico que estaba atrás: todavía en aquel momento tenía la ilusión de que iban a aparecer”. Marta Coto hablaba delante de esa otra amiga de las marchas, Liliana Doti: “Pero te voy a decir una cosa –dice–, hoy estoy triste: a pocas cuadras de acá están los tobas que balearon en Formosa desde el jueves en una carpa”. Y Marta habló de los desaparecidos: “Si hoy estuvieran acá –dijo–, estarían denunciando desde arriba del escenario lo que está pasando”. El escenario se hacía eco: alguien cantaba “Cinco siglos igual”.

León Gieco: (En camarines) “Viví el festival muy especialmente porque siento que es un año más que ganamos de democracia y en el que rescatamos los derechos humanos. La Argentina es ejemplo mundial en derechos humanos”.
Leonardo Sbaraglia: (A la prensa) “Es muy importante festejar estas fechas tan importantes después de haber vivido años difíciles. Recuerdo cuando tenía 13 años y mi viejo me dijo ‘vamos a votar’ por primera vez”.
Arturo Bonín: (Al público) “Mi nombre es Arturo Bonín y es importante poder decirlo, es fundamental poder tener y entender nuestra identidad. Aún tenemos 400 jóvenes que no conocen su verdadera identidad”.
Víctor Heredia: (A la prensa) “Este tipo de celebraciones son esenciales para que los jóvenes tomen conciencia del trabajo silencioso que hacen las Madres y las Abuelas de Plaza de Mayo”.
Teresa Parodi: (A la prensa) “Que estemos todos dentro de la Casa Rosada (músicos jóvenes, experimentados, otros alguna vez exiliados y también extranjeros) demuestra que éste es un Gobierno de puertas abiertas”.
Ignacio Copani: (Al público) “Me dicen que apoyo en todo al Gobierno. No es verdad, compañeros. Hay algo que detesto de este gobierno, estoy muy en desacuerdo y es el vicepresidente. ¡Que viva Eva, viva Evo y viva Hebe!”.

LO IMPORTANTE PARA LA NACIÓN


LO IMPORTANTE PARA LA NACIÓN

Posted: 13 Diciembre, 2010 by diariolaverdad in La Nación
Son cerca de las dos de la mañana del lunes, hace una hora terminó el multitudinario (y es poco el calificativo) recital en Plaza de Mayo. Pero a La Nación no le pareció para nada importante, cosa que nos podemos dar cuenta al ver la ubicación que le dio en su página web y que no se actualiza la nota desde las 17:34.
Cualquiera que conoce la página web de La nación, puede darse cuenta que esta nota está muyyyy abajo. Si no la conoce, entre ahora a lanación.com y va a ver “videos”, “fotos multimedia” y “concurso y especiales” están al fondo de la página…
Tienen mayor importancia la final de polo y otros 20 temas más, que el recital en la Plaza de Mayo al que asistieron cientos de miles de argentinos, para festejar el Día Universal de los Derechos Humanos y la fecha democrática por definición, el 10 de diciembre. Fecha en que asumen los presidentes electos democráticamente por el Pueblo… cuando no abandonan antes…
Para no seguir enojándonos, ni vale la pena hablar de cómo está presentada la nota, lo de festival artísticos, puesto así, en ese espacio y en tres líneas, para el diario de un colegio anunciando la actuación de los chicos de la sala verde…

Adolfito, Por Eduardo Aliverti

Adolfito, Por Eduardo Aliverti

Soldati es un combo de aristas desafiantes. Cada uno de sus componentes encierra la trampa de que el análisis lo privilegie muy por sobre los demás, perdiéndose de vista la necesidad de una observación conjunta porque, sólo al cabo de ésta, se podrá determinar qué es lo principal y qué lo accesorio (una vez apartado que lo sustancial son los muertos).
¿Lo que primero cuenta es el repugnante discurso de Macri y el modo en que ese vómito racista alentó, podría suponerse, el clima de violencia? ¿Es que las agresiones fueron provocadas por grupos de choque ligados al PRO, según parece confirmarse a medida que pasan las horas? ¿Debe priorizarse, en cambio, que hay un estigma de policía brava que funciona como órgano virtualmente autónomo a ciertas horas de necesidad de represión? ¿Corresponde más bien apuntar lo sucedido como manotón de ahogado de una derecha a la que hoy por hoy le queda únicamente agarrarse de lo imperioso de “poner orden”, como dijo El Padrino? ¿Habría alguna maniobra de desestabilización? ¿Hay severas deficiencias del kirchnerismo en sus políticas sociales inclusivas, bien que sin punto de comparación con los errores y horrores macristas? Estos interrogantes tienen mucho de retórico porque las contestaciones suenan implícitas. Pero hay una conclusión que las engloba a todas desde el más estructural de los análisis. Lo cual no significa que el periodista tenga las réplicas adecuadas. Sí, que pretende acertar con las preguntas.
La retórica de Macri es efectivamente asquerosa pero nadie puede decir que no estaba avisado de las características del personaje empezando, claro, por quienes lo votaron. Y por quienes, sin haberlo hecho, se reservaban alguna duda acerca de si obraría como auténticamente es; o si, aunque sea, intentaría dibujar otra imagen, surtido de equipos “técnicos” que por obra de una administración ejecutiva, y bien vendida, habrían de demostrar eficacia. Nada de eso sucedió. Nada. Su gestión como intendente es un desastre, cualquiera sea la mira desde donde se lo juzgue. Puede ser el estado dramático de los hospitales y las escuelas; el show anárquico de las bicisendas; los cambios de mano de calles y avenidas que, de acuerdo con sus resultados, no parecen responder a criterio alguno de planificación centralizada; los conflictos continuos por la recolección de la basura o, precisamente, la carencia absoluta de una mínima política de vivienda. Cuánto más. Encima de todo eso, les sacó las incertidumbres a quienes suponían una construcción de retrato derechoso más progre, menos porno, más a la chilena. Macri montó una patota, la Unidad de Control del Espacio Público (UCEP), a fin de limpiar de indigentes rincones de la ciudad. Está en serios problemas para desmentir que armó un sistema de espionaje sobre opositores y tropa propia. Se queja de que no le votan el Presupuesto y amenaza con adelantar las elecciones por ese motivo, mientras en paralelo su fuerza retacea la aprobación al gobierno nacional. Se le divide el PRO porque estaría dispuesto a lanzar doble candidatura y busca cómo excusarse, si hace eso, tras haber denostado las postulaciones testimoniales del kirchnerismo en 2009. Y ahora, baja la línea de que en Soldati se condensa la catástrofe de tanto boliviano, peruano y paraguayo que se vino a su ciudad blanca. En síntesis, un grandísimo pato criollo que está donde está por las carencias y miserias de la progresía porteña otrora gobernante, hay que decirlo; como por las papas que Bianchi le salvó en Boca, hay que decirlo. Un fenómeno de ineficiencia que, sin embargo, lleva a interrogarse en torno de la cantidad de gente que podría seguir confiando en él porque, disculpe el señor, hay unos pobres en el recibidor. En Página/12 del lunes 22 de noviembre pasado, Rodolfo Yanzón, abogado de la Fundación Liga Argentina por los Derechos Humanos, bien lo escribió tras el anuncio de que el macrismo destinaría unos 100 millones de pesos menos al Hospital Garrahan, porque sólo el 15 por ciento de las consultas habría provenido de habitantes porteños: “La atención de la salud no puede estar subordinada a la procedencia de los afectados (...) El huevo de la serpiente en una de sus caras más crudas: el desinterés por cualquier gesto solidario, el menosprecio a todo aquel que sea distinto, incluso cuando la diferencia sea una avenida de por medio. ‘Va a estar linda Buenos Aires’, diría Micky Vainilla, con su bigotito adolfesco y su brazo derecho extendido hacia los carteles negros y amarillos”. Eso es Macri, pero sigue vigente el dilema de a cuántos representa siendo que, frente a Soldati, redobló la apuesta de pasarles la factura a morochos de países vecinos.
La versión más creíble de lo acontecido es que hay una industria, al parecer próspera, alrededor de las villas y terrenos ocupables de la ciudad. Grupos financieramente potentes envían a los pobladores más desesperados de las villas a ocupar espacios públicos. Después cobran un subsidio que (se) reparten entre esas tropas de especulación inmobiliaria, ligadas también al eventual negociado de la entrega de títulos para quedarse con los terrenos a precio vil. Más todavía, nadie se tomó el trabajo de desmentir que, desde el principio de la toma, hubo al frente un pesado –“el comandante” Rodríguez– que responde o supo reportar a Macri. Nada de todo esto exime de responsabilidad al gobierno nacional a propósito de no terminar de encontrarles la vuelta a las acciones autárquicas de la Federal, ni a su anomia frente al déficit de viviendas en el área metropolitana central. En esa explosividad urbana se mete además un narco de media o baja estofa, usado discursivamente por la derecha para contar que se nos vienen Brasil, las favelas y la territorialización sin Estado. La apuesta, grosera, es al miedo de sectores de clase media que, con el aporte de los medios periodísticos al frente de una oposición que de otra manera no existe, se sumarán por inercia al juego de matar bolivianos y adyacentes. Y de ahí para arriba, ver si queda el solitario resquicio de joder al Gobierno para restarle chance electoral en los grandes centros urbanos. Comenzando, claro, por Buenos Aires. Es la vidriera mediática. Es la técnica para entender que en el conurbano haya vencido (por agregadas deficiencias de oponente, aclaremos) un candidato que por toda ideología recitaba “alika-alika-alikate”.
El Gobierno continúa sin encontrarle solución a la incrementada paradoja de que el crecimiento económico y de consumo complejiza el panorama, porque es cierto o asumido que la periferia miserable es menos miserable que la miserabilidad de origen. Y que previo a eso, sus deudas inclusivas son importantes a pesar de que el rumbo macro es correcto. O el mejor de lo que hay. Lo principal está ahí: en que son cientos de miles sin techo, y que debe dárseles satisfacción de algún modo. Está ahí y en que, apartados los insufles de espectacularidad mediática, esta vez se notó, en las declaraciones de “la gente” –del parque ocupado y hasta de los monoblocks contiguos– cierta sensibilidad acerca de que derecho a la vivienda tenemos todos. ¿O alguien supone que sólo cuentan las declaraciones racistas que se escuchan en los medios?
A algunos les falta la respuesta. Y a los otros, que la respuesta no sea sacarse negrada de encima porque, parece intuirse, con eso no alcanza para excusar que como gestionadores son una calamidad. No les basta ni con casamientos pomposos, ni con haber zafado de tragarse el bigote en la fiesta.

Cristian Ritondo: Algunos hijos de puta tienen demasiada suerte lamentablemente de Alicia Agencia Alc Ester

Cristian Ritondo: Algunos hijos de puta tienen demasiada suerte lamentablemente

Cristian Ritondo
2002:
"Estamos frente a algo revolucionario que nos deja con una legislación sobre libre circulación de personas más avanzada que la de la Unión Europea", le dijo a LA NACION el subsecretario del Ministerio del InteriorCristian Ritondo sobre la libertad de residencia dentro del Mercosur.

2010:
el principal galardonado de esta edición de los Premios Parlamentario en la Legislatura porteña, Cristian Ritondo, no pudo participar de la ceremonia, ya que participó de la reunión del Comité de Crisis que se realizó casi a la misma hora del acto celebrado en el Salón Dorado de la Legislatura, que igualmente y pese a la lluvia apareció casi colmado de público que se acercó ante la convocatoria. 
Ya lo había ganado en 2008. 

Jorge Luis Capella trabaja en la Dirección Nacional de Migraciones. Ingresó en enero de 2003, cuando Miguel Angel Tomanzano era ministro del Interior yCristian Ritondo subsecretario. Tomanzano y Ritondo son el puente político entre Macrì y el ex senador Eduardo Duhalde.  
“Acá la gente conoce el ambiente del fútbol y sabe que hay barras vinculados al macrismo, que están desde la época de Ciro James y que siempre alardearon de su relación con Ritondo”.
“Todos conocen a los barras de Nueva Chicago que suelen andar por la villa y que, se sabe, son del círculo que maneja Ritondo. Además, no hay que descartar que hayan venido algunos ‘novatos’ de la Metropolitana a los que conocemos porque entrenan en Deportivo Español. Acá nos conocemos todos”

-1994-1997 Asesor de la Bicameral de Seguimiento de Fuerzas de Seguridad e Inteligencia
-1998-1999 Jefe de Gabinete de la Secretaría de Seguridad Interior
-2001-2003 Subsecretario de Interior durante el gobierno de Duhalde.

Algunos hijos de puta tienen demasiada suerte lamentablemente. Mientras, esperamos ansiosos que publique algunas aclaraciones en su blog.