domingo, 2 de enero de 2011

El litigio por la democracia, Por Ricardo Forster

El litigio por la democracia, Por Ricardo Forster 

La democracia no es un bien intangible ni un fenómeno meteorológico que se desencadena con independencia de los seres humanos. Al interrogarnos por nuestra actualidad democrática, al preguntarnos por su espesor y su vulnerabilidad, no lo hacemos como quien se acerca a algo sagrado, sino que nos instalamos de lleno en la estructura conflictiva de una época, la nuestra, que si bien se reclama como portadora del ideal democrático suele tener, en su interior, corrientes que no escatiman esfuerzos en dilapidar ese ideal haciéndolo estallar por los aires y que, cuando la ocasión lo reclama, no tienen inconvenientes en deshilachar, hasta despellejarla, a esa misma estructura social simbólica que dicen defender. 

Transformada en un pellejo vacío (la expresión es de Horacio González) la democracia, y sus instituciones, termina por rendirles su tributo a los cultores de la horadación y a los animadores de un proyecto político atravesado por la ideología del “orden”, esa misma que desde tiempos inmemoriales es antagónica al ideal democrático que busca, con dificultades y contradicciones, enhebrar libertad e igualdad. En las últimas semanas, y en medio de un verano que se anticipa tórrido, pudimos ver in situ de qué modo opera el discurso del orden y cómo lo hace reclamando a viva voz y ante la “amenaza de la anarquía”, la tradición del “uso legítimo y monopólico de la fuerza” por parte del Estado, como columna sustentadora de la vida democrática y civilizada (sabemos, por experiencia histórica, lo que en boca de los dominadores de ayer y de hoy significa la expresión “civilizada”). En esa “reducción” a la violencia legítima, a lo que en lenguaje cotidiano llamamos “represión”, se encuentra encerrada la “verdad democrática” del poder corporativo. Ese es su norte y su ideal. Orden y progreso enfrentado a anarquía y libertinaje de la chusma. 

La solución pretoriana como defensa última del orden constituye el reflejo inmediato de quienes se alarman cuando ven aparecer sobre la escena histórica a aquellos, los incontables, que vienen a reclamar su parte en la distribución de la riqueza material y simbólica. El límite de la democracia, para estos cultores del “orden”, es, precisamente, la propiedad y, su acumulación desigual e injusta, un dato inexorable de la condición humana que no puede ser ni cuestionado ni rebasado por la turba populista ni por sus gobiernos demagógicos. Intentar torcer la inercia estructural de la desigualdad supone, a los ojos de las corporaciones, una herejía intolerable a la que se debe combatir utilizando los más diversos recursos, incluso aquellos que estén reñidos con el ideal republicano al que dicen defender contra el desmanejo y la desprolijidad populista. 

La disputa por los alcances semánticos de la idea de “democracia”, disputa que se inicia en la antigua Grecia, constituye uno de los puntos neurálgicos de la política y de nuestro destino como sociedad. Allí, en sus intersticios a veces invisibles, se juega el conflicto decisivo en el que el sentido, y su litigio, se confunden con las evidencias materiales de la desigualdad y la injusticia. Saber comprender los vasos comunicantes que unen ambas dimensiones, aquella que tiene que ver con los modos de la conciencia, con su producción social y cultural, y aquella otra que define las condiciones materiales de la vida de las personas es, qué duda cabe, una de las cuestiones centrales de nuestra época y uno de los desafíos más arduos de la tradición emancipatoria, ese con el que suelen encallar las izquierdas arqueológicas. 

En la falta de inteligencia crítica para interpelar esa dualidad problemática se encuentra uno de los motivos principales que han llevado a ciertas izquierdas a un callejón sin salida y a la repetición dogmática de un catecismo de la revolución que ni siquiera se corresponde con otro tiempo de la historia. A veces se trata, apenas, de saber leer a los clásicos de la revolución penetrando en sus reflexiones sutiles y para nada encerradas en consignas vacías y agusanadas. Cuando la naftalina invade los roperos de las izquierdas arcaicas, la ropa con la que salen a “jugar con el fuego de la insurrección” termina, muchas veces, confundiéndose con las que usan los verdaderos detentadores del poder económico. Lo que no alcanzan a vislumbrar es aquello que está en disputa cuando hablamos de “democracia”. No lo entendieron en otras etapas de nuestra historia y menos lo entienden ahora cuando, bajo nuevas condiciones y oportunidades, vuelve a dirimirse el poder en nuestro país. 

Algo de eso sucedió, en vísperas de Navidad, en Constitución. Confunden los límites y las dificultades de un proyecto de raíz popular, sus “zonas difusas”, con la lógica de la impostura o, peor todavía, con la absoluta indiferenciación con la derecha real, esa que espera su oportunidad para desarticular los avances conquistados en estos años. La “nostalgia de la revolución” acompaña, cuando ni siquiera es comprendida en su espesor histórico y en su dramaticidad, lo que Horacio González ha llamado “la razón golpista”. Desentrañar su funcionamiento constituye una tarea no menor del pensamiento crítico y un modo de habilitar, en el debate público, la genuina batalla por una democracia integral, esa misma en la que los matices digan más de nuestra sociedad que las retóricas de lo absoluto. La izquierda, la que sigue la perspectiva del litigio por la igualdad, deberá tener presente la impureza de una humanidad no redimida a la hora de juzgar lo realizado y lo que está en juego. La otra, la cristalizada como estatua de sal de un pasado mitificado e irreal, seguirá urdiendo pequeñas conspiraciones perfectamente funcionales a los verdaderos y activos conspiradores. Hace un tiempo largo que el “desorden” forma parte de la estrategia destituyente de la derecha vernácula y más cuando logra convertirlo en espectáculo televisivo que captura la atención fascinada del gran público. 

La democracia es frágil allí donde se entrelaza con lo que Guy Débord denominaba “la sociedad del espectáculo”, ese tiempo del capitalismo en el que las formas narrativas del poder se transforman en eje vertebrador, junto con la espectacularización de la vida y el estallido exponencial del consumo, de la colonización de las conciencias. En los años sesenta, tiempo de la reflexión de Débord, el papel de los medios de comunicación y de la industria de la cultura y el espectáculo ya estaban plenamente desarrollados aunque todavía no habían alcanzado ese punto de máxima captura de la vida social como efectivamente ocurre en nuestros días telemáticos. Débord había comprendido que estábamos entrando a una época de profunda y decisiva reconfiguración del capitalismo, una reconfiguración estructurada alrededor, ahora, de lo deseante y de la emergencia de una nueva gramática de la subjetividad capaz de abrir plenamente las compuertas del hedonismo individualista en el mismo momento en que se multiplicaban las formas más radicales de la homogeneidad económico-cultural. En el giro de la época dominada por la gramática del espectáculo hay que ir a buscar las claves de una esencial reconfiguración de la propia democracia. La localización de las derechas, otrora habitantes de ideologías partidarias hoy en desuso, hay que ir a buscarla, como decía Nicolás Casullo, al interior de los grandes medios de comunicación. La sordidez de la lengua espontánea que recuperan los informes televisivos, su violencia impúdica acaba por transformarse en la medida del repertorio social dominante y en epicentro de una narrativa que aspira a invisibilizar aquello que cuestiona su hegemonía. De ahí la importancia decisiva de dar la batalla en el terreno de los símbolos y el lenguaje, penetrando en el mismo vientre del monstruo mediático. Tarea grave y complicada sin la cual todo se volverá más difícil. El kirchnerismo, lo más saludable e inesperado que nos pudo suceder como sociedad atrapada en la telaraña de sus frustraciones e injusticias, algo aprendió al respecto. 

En un estupendo artículo, “La razón golpista”, Horacio González le da otra vuelta de tuerca a esta cuestión central; en él hace el ejercicio de comparar distintos momentos históricos que definieron perspectivas conspirativas diversas: “Este es un problema para los gobiernos provenientes de la tradición popular-nacional clásica, como el actual en la Argentina, que piensan en forma relativamente autónoma la representación popular, disputándosela parcialmente a las corporaciones. Algunas de ellas son propietarias de los medios de producción comunicacionales. En buena medida esta situación, entonces no enteramente percibida, comenzó a agudizarse en tiempos de Alfonsín, Y estos gobiernos, al practicar aunque sea tímidos reformismos, descubren como reacción el resurgir de la razón golpista, que ahora opera con utensilios simbólicos nuevos muy diferentes de los del tiempo de Trotsky, Malaparte y Perón. Y estos gobiernos, al descubrirla, arrojan su advertencia sobre los operadores del golpe, los conspiradores, acaso sin percibir que los neogolpismos son estructuras permanentes más allá de que existan personas o grupos que ejerzan acciones conspirativas o piensen en los términos de esa antiquísima manera de ser de lo político. El golpismo está estructurado como un lenguaje interno de la época, como una semiología que antes que voltear instituciones, las deja como un pellejo vacío”. 

Lo que González piensa como mutación de “la razón golpista”, su capacidad camaleónica para asumir nuevos rostros, esos que van más allá de las “pequeñas conspiraciones” (incluso aquellas que son denunciadas desde el gobierno como propias del duhaldismo o de la pequeña izquierda obrerista), se relaciona directamente con esa vertiginosa apropiación, por parte de las corporaciones comunicacionales, de un relato sobreexpuesto y sobredimensionado en el que se dibuja, con recurrencia abrumadora y nauseosa, la fragilidad y la incoherencia de un proyecto que, reclamándose nacional y popular, deja al descubierto sus pústulas y sus irresoluciones, esas mismas que tienen que ver con las avaricias de una época en la que cada medida reparatoria se enfrenta a la continuidad de inmensas zonas dañadas. Lo que logran construir, utilizando a destajo los grandes descubrimientos de las vanguardias estéticas de entreguerras, las técnicas del montaje y la proliferación de las imágenes hasta saturar pantallas y conciencias, es la escena del desmoronamiento, de la impostura y de la fragilidad estructural de las instituciones allí donde son comandadas, eso dicen a coro, por una corte de improvisados gobernantes incapaces de superar su populismo antediluviano. Son estrategas de los signos y de los nuevos lenguajes televisivos. Jugadores de un juego que va mucho más allá de una simple conspiración prenavideña y que aprovecha el calor asfixiante, el fin agotador de una jornada interminable y la imposibilidad de regresar a sus hogares de miles de sufridos viajeros en trenes de cuarta categoría, para desencadenar pequeños fuegos insurreccionales. Ellas, las corporaciones mediáticas –piedra basal de las políticas neoliberales–, las que mueven las marionetas de la comunicación y la información, las formadoras de opinión y las salteadoras de conciencias frágiles, van más lejos, su objetivo es vaciar la democracia allí donde esta no se comporta de acuerdo a sus intereses y exigencias. El primer paso es debilitar las instituciones y desplegar las formas dominantes de un sentido común atravesado por las mil variantes del resentimiento y el prejuicio. Después, y ayudados por los “pequeños conspiradores”, elevarán su puntería, esa que fue pacientemente entrenada por la “razón golpista”. Impedirlo es la esencia de una democracia que sea capaz de reinventarse desde la perspectiva de la emancipación.

El medio es el mensaje, Por Eduardo Anguita

El medio es el mensaje, Por Eduardo Anguita

Los desmanes provocados por grupos perfectamente organizados quedan como un emergente del intento de cambiar el rumbo de la Argentina. La patota sindical que mató a Mariano Ferreyra fue un alerta de que hay grupos de poder de la derecha dispuestos a cualquier cosa. Por suerte, la Justicia actuó. Más grave fue lo del Parque Indoamericano, porque allí manos traviesas lograron que algunos jefes de la Policía Federal asumieran el trabajo sucio de tirotear a personas desarmadas y cobrarse dos vidas. La Presidenta fue, en este caso, la que tomó la iniciativa y creó un área de Seguridad, poniendo a Nilda Garré al frente de un ministerio difícil de manejar. 

El desafío de observar y controlar a estos grupos será un tema de principal interés en este año electoral. Pueden hacer daño, pueden asustar e, incluso, pueden mantener ciertas adhesiones sociales. No hay que perderlos de vista: el matonaje y los crímenes de bandas con anclaje en la política van asociados al discurso de la mano dura. Y ese discurso tiene muchos adeptos. La mayoría de los medios masivos –incluidos algunos como C5N que cuentan con simpatías en el oficialismo– intoxican televidentes. Distorsionan, recortan la realidad, repiten imágenes de violencia. Pero lo grave no es que ellos lo hagan sino que una buena parte de la sociedad reclame y demande esa ideología 

LO ACUMULADO Y LO INESPERADO, Por Mario Wainfeld

LO ACUMULADO Y LO INESPERADO

Las profecías económicas y políticas, refutadas por la realidad y las multitudes. El discurso de la gente. El doble veto lábil. Los radicales, de uno a tres. Los pejotistas, esperando a otro Godot. El lugar en el mundo, los avances en siete años, las nuevas demandas.

 Por Mario Wainfeld

La economía de 2010 contradijo (cuando no dejó en ridículo) las profecías de dirigentes opositores o economistas de postín. Repasemos las más tonantes, a vuelo de pájaro. Crecimiento cero o irrisorio; caída a pique de las reservas, rechazo del canje de deuda, inflación espiralizada, importación de trigo y carne, “n” catástrofes adicionales. El crecimiento se sostuvo, el desendeudamiento avanzó, las reservas del Banco Central son record, la demanda se mantiene a niveles altísimos, tanto como la producción de automotores... hasta las intratables corporaciones “del campo”bajaron el tono, más interesadas en llevársela con pala que en cortar rutas.
La inflación sigue siendo muy elevada, aunque se mantiene bajo relativo control. Muchos actores económicos (entre ellos los sindicatos, los profesionales independientes y buena parte de las pymes) tienen cómo defenderse y no vivirla como una tragedia. Pero el impacto es distinto a medida que se bajan escalones en la pirámide social. Y la tasa manejable puede dispararse, lo que hace aconsejable políticas activas de nuevo cuño, porque las empleadas por el Gobierno en sus años primeros ya no rinden. Las tratativas para conformar el Consejo para el Diálogo Económico Social son una señal promisoria, primero, porque revelan introspección (así fuera tardía) y conciencia sobre el problema. Y segundo, porque elige una herramienta idónea que es el diálogo (y eventuales pactos) entre sectores.
Una nueva faz del modelo abre tareas de “segunda generación”, más sofisticadas y de más largo plazo que las respuestas a la crisis terminal. Hablamos de la desigualdad, la inflación, el déficit de viviendas, el trabajo de baja calidad, el transporte público, un sistema de salud que insume muchos recursos y no presta servicios en consonancia.
Haber tenido más razón que sus antagonistas en casi todos los debates sobre economía no faculta al Gobierno a dormirse en los laureles. Ni mucho menos, a soslayar cuántos problemas añejos o emergentes esperan respuestas pese a (o, mejor, porque) se han ascendido algunos peldaños.
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De la soberbia al piñazo: Las agorerías opositoras comenzaron con el año. Por entonces su paladín era Martín Redrado. La oposición transitó desde la resistencia civil del Golden Boy hasta el piñazo de Graciela Camañoque trasuntó más impotencia que brutalidad. En enero se pugnaba por el Banco Central y por imponerle el programa económico al Gobierno. En diciembre las ambiciones eran más módicas: mantener con pulmotor una patética cuestión de privilegio.
En el ínterin, naufragaron las fantasías acerca de un enjambre de fuerzas o protagonistas que se describían como un sujeto único. Las misceláneas tribus ganadoras de las elecciones de 2009 manejarían el Congreso, impondrían su agenda, generarían un Parlamento de rechupete. Sus primeras ofensivas revelaron soberbia, errada “imagen corporal” y desdén por las instituciones o el diálogo. Quisieron suplir al Ejecutivo en sus funciones, imponer un programa económico de jubileo para medianos o grandes contribuyentes, llevarse puesta a la presidenta del Banco Central, Mercedes Marcó del Pont. Se afincaron como ocupas en más comisiones que las que les asignaba la regla proporcional o la tradición. Cuando se percibieron mayoría dejaron ver la hilacha: poco respeto por la calidad institucional. Julio Cobos se aferró, sin ética ni respeto a la Constitución, al cargo de vicepresidente que había deshonrado con su voto no positivo. A fin de año,Mauricio Macri añadió otra mancha a la atigrada piel institucional del Grupo A: especuló con usar las elecciones de su distrito como un trampolín para las nacionales. No ya una candidatura testimonial sino una de tránsito hacia ligas mayores. Desistió de hacerlo, no por pruritos republicanos sino porque no le daban los números. La cultura política que deja mucho que desear no es un invento ni un monopolio kirchnerista, como recita la Vulgata hegemónica. Más aún, la ciudadanía le presta muy poca atención, ungiendo con asiduidad a quien viola las reglas pero le cae bien.
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Vetocracia de baja intensidad: “La oposición” careció de liderazgo, de enjundia y hasta de presentismo en las bancas. Las internas partidarias y la competencia por el“otro” lugar en el ballottage primaron sobre sus objetivos comunes. Su accionar parlamentario fue más desordenado que barullero, y ya es decir. El escenario anticipaba una paridad ardua, más propicia al empate bobo o al veto cruzado que a la excelencia. El oficialismo soportó los primeros embates, se abroqueló mejor y primó en el promedio porque pudo gobernar. Para no ser un pato rengo, escribió este cronista un año atrás clavado, hay que creer no serlo y querer no serlo. La presidenta Cristina Fernández de Kirchner no se sometió al lugar que quisieron imponerle, a menudo con malos modales.
La Presidenta vetó una ley (el 82 por ciento móvil, un simulacro que procuraba ese desenlace), no docenas. El Grupo A “vetó” el Presupuesto. En el ínterin, el Ejecutivo gestionó y copó la parada mientras sus adversarios desfilaban por canales de cable. Dos leyes relevantes se sancionaron, con mayorías transversales: Matrimonio igualitario y Glaciares. La primera, una virtuosa ampliación de derechos ciudadanos reclamada por minorías activas pero que sólo la voluntad política del kirchnerismo podía plasmar. Hay partidos más progresistas y coherentes ideológicamente que el Frente para la Victoria (FpV) pero no tienen el número necesario para una conquista así. Hay partidos con potencial y experiencia de gobierno como el FpV pero jamás se hubieran comprado un conflicto de ese jaez con la jerarquía de la Iglesia Católica. Las minorías militantes que bregaron por esos derechos entendieron lo que pasó, de ahí su agradecimiento sincero y su aval al Gobierno. La incorporación de la luchadora María Rachid al Inadi cierra un círculo sin precedentes.
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Compañeros esperando a Godot: Las fiestas encuentran a la oposición dividida y confundida. El radicalismo tenía en 2008 a la única Gran esperanza Blanca, Cobos. La estrella de éste se desdibujó, emergió el diputado Ricardo Alfonsín. El senador Ernesto Sanz se sumó a la interna recientemente, su apuesta es difícil y revela que los dos favoritos no las tienen todas consigo. Así y todo, la UCR sigue siendo el segundo partido, el de mayor despliegue geográfico, el de mayores virtualidades entre los A.
El peronismo federal amaneció esperando a Carlos ReutemannLuego sus numerosos caciques sin tribus se sintieron portadores del bastón de mariscal. Las encuestas ni los registran, ahora esperan a Mauricio Macri. Esa joint venture es una posibilidad cierta. Tal el mayor potencial del líder de PRO, quien merced a un discurso sinceramente de derecha se ganó el sitial del mayor contradictor del oficialismo.Es un buen lugar de cara a una elección polarizada, aunque quizá el sesgo elegido le marque un techo bajo.
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Doblar la apuesta: Ante cada trance adverso, el oficialismo dobló la apuesta. Muchas veces mejoró su menú, adoptando medidas que no estaban en su repertorio. Sistema jubilatorio, Medios, Asignación Universal por Hijo (AUH), matrimonio igualitario.Congregó apoyos de sectores distantes o esquivos. Se granjeó la simpatía activa de colectivos impensados tiempo atrás: artistas, intelectuales, trabajadores de la cultura, movimientos sociales de clase media. Un salto cualitativo, que cobró fuerzas a partir delmatrimonio igualitario y la ley de medios.
Las reformas al espectro audiovisual fueron muy trabadas por reclamos judiciales de los grupos oligopólicos, se veía venir. La Corte Suprema le dio una manito a Clarín en una de las peores decisiones de su respetable trayectoria. De cualquier modo, la disputa de la opinión pública se hizo más pareja por la aparición de nuevos medios tanto como por la emergencia de intelectuales, artistas o bloggers que revitalizaron el discurso oficial. La reacción de las corporaciones, de sus popes y de los periodistas que le rinden pleitesía fue desmedida. No se enojaron, apenas: se sacaron. Alegan que se los destrata o insulta, lo que en algunas ocasiones es cierto. Pero lo que los descoloca es ser objeto de polémica porque estaban habituados a ser intocables e invisibles. La luz pública nunca iluminó rostros y biografías de CEOscomunicadores o dueños de empresas cuya opacidad era atributo de su poder. La furia indujo a réplicas desmedidas y groseras, que agrandaron la pertinencia de 6, 7, 8 (el fenómeno audiovisual del año) o mejoraron el caudal de adhesiones a Víctor Hugo Morales.
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El discurso corporal: La narrativa dominante fue desmenuzada (a menudo, demolida) en un Agora mediática franca y expuesta. También por gentes del común, por muchedumbres que se expresaron en los festejos del Bicentenario y en las exequias de Néstor Kirchner. En ambos casos, los cuerpos y los gestos dieron un mentís a la prédica mediática mayoritaria. Cientos de miles de ciudadanos dieron rienda suelta a su alegría o a su dolor, convivieron sin incidentes, celebraron una vez, acompañaron a la Presidentaen su dolor la otra. Las dos veces sorprendió la magnitud de las asistencias, su mensaje inequívoco. Un ánimo colectivo (quizá no mayoritario pero marcadamente nutrido) probó que la crispación no es el sentimiento de “la gente” ni el odio o la sumisión el único vínculo con el kirchnerismo.
Habló un conjunto ciudadano impactante por su coincidencia y su número. Debe resaltarse que el Gobierno supo anticipar sus deseos y tuvo empatía con su voluntad, que predispuso el escenario con intuición sobre el sentir popular. Se apostrofó al festejo delBicentenario por tener un mensaje político sectario (¿es posible una celebración sin alguno?... mmm). Era un detalle, episódico. Lo central fue la amabilidad de la propuesta, la afinidad con los deseos de la muchedumbre, hedónicos, participativos, autocelebratorios, convivenciales.
La Casa Rosada y la Plaza de Mayo se abrieron a quienes lloraron a Kirchner. La escenografía fue adecuada, no rimbombante, cálida. Nimia la presencia policial. La marca del homenaje fue el discurrir de personas de todo el abanico social. Desde el primer minuto le transmitieron solidaridad a Cristina Kirchner, sustento político y un mandato sencillo de interpretar.
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La irrupción de la muerte: El devenir económico era previsible, si se analizaba sin prejuicios obtusos ni anteojeras. La primacía política del kirchnerismo era factible, sí se supeditada a su desempeño y el de los contrincantes: todos jugaron para el local. En los últimos meses irrumpió lo inesperado. Para peor, lo más cruel e irreparable: la muerte. La desaparición de Néstor Kirchner, de la que se habla también en nota aparte. Y los asesinatos por violencia política o policial: en Barracas, en Formosa, en el Parque Indoamericano. Quedó atrás o por lo menos muy mellado, un acierto de los gobiernos kirchneristas: la no represión de la protesta social. Mecanismo inteligente como catarsis ante la malaria y el descrédito de la política, se fue herrumbrando ante la propagación de reclamos muy lesivos, eventualmente violentos. La sociedad “le tomó la mano” al recurso y la metodología oficial comenzó a hacer agua. Corrió sangre debida a brutalidad policial, a la de un gobierno provincial peronista y a la de una patota sindical a la que la Federal dejó hacer.
En el caso de Mariano Ferreyra, los tribunales actuaron bien, la investigación avanza. En los otros prima la opacidad.
La Presidenta asumió que debía cambiar drásticamente la política de Seguridad, renovar los cuadros de conducción de la Federal. Poner al poder político a conducir a los uniformados. Nombró a Nilda Garré, una ministra con condiciones para esa labor titánica. Es un buen comienzo, son pasos necesarios para una reforma que, si anda bien, insumirá años.
El reflejo de jugarse a fondo, de politizar la cuestión, de apelar a cuadros garantistas y valientes es el mejor estilo “K”. Que divide aguas, sin duda, concitando la aprobación de quienes hacen y leen este diario.
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Las brechas del “modelo”: Los crímenes, tal vez, pudieron evitarse. Hubo provocadores y aprovechados. Esos árboles deben ser podados pero no impedir ver el bosque: los problemas laborales y sociales que los detonaron son tangibles, injustos, acuciantes. El kirchnerismo se prendó de un esquema laborista, que imaginariamente cerraba un círculo virtuoso: incitación de la demanda, mercado interno activo, generación de empleo. En el siglo XXI el modelo dejó flancos vacantes. Hubo trabajadores que con empleo no podían parar la olla y quedaron relegados los informales.
La Asignación Universal por Hijo inyectó ingresos en los hogares más desfavorecidos. Un decreto presidencial a fin de año amplió el universo de beneficiarios, sumando a los hijos de trabajadores de temporada. Cientos de miles de ciudadanos bajitos serán beneficiarios de la reforma que debería profundizarse despejando requisitos burocráticos excesivos que dejan afuera a otros pibes. El producido social de la AUH es, aun restando incorporaciones, inmenso.
Ahora hay casi pleno empleo y tienen ingresos seguros muchos entre los más desvalidos, eran dos utopías inalcanzables hace siete años. En un estadio superior, quedan necesidades básicas insatisfechas para demasiados argentinos: vivienda digna, transporte no infamante, trabajo decente con toda la tutela legal. Los reclamos brotaron con virulencia, en algún ejemplo con mala fe, los derechos pendientes de satisfacción son realidad.
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Mi lugar es acá: Argentina tiene su lugar en el mundo, el que siempre debió ser: la América del Sur. Esta región atraviesa una etapa única, con preeminencia de gobiernos populares, de centroizquierda o populistas, intervencionistas en economía, atentos a las demandas populares, chúcaros ante los poderes centrales y las doctrinas neoconservadoras. Los gobiernos kirchneristas funcionaron, como jamás se vio antes, en sintonía con la potencia regional, Brasil. Cooperaron activamente para mantener la paz en el vecindario, se convirtieron en la referencia principal para países hermanos que antes miraban al centro del mundo. Sincronizaron para desendeudarse con el Fondo Monetario Internacional casi al unísono, para implicarse a fondo en defensa de la estabilidad democrática de HondurasEcuador y Bolivia, para decirle “No (y chau) al ALCA” enMar del Plata, para reconocer al Estado palestino.
Destino sudamericano con democracias vibrantes, jaqueadas por coaliciones entre fuerzas de derecha y grandes medios de difusión. Hay crecimiento económico sostenido, lleva muchos años. La condición de los sectores populares ha mejorado sensiblemente pero se arrancó de muy abajo y queda mucho por hacer. El crecimiento, en trazos generales, no palió la desigualdad. América del Sur sigue siendo el lugar más desigual del planeta.
En ese contexto, auspicioso pero pleno de rémoras y carencias, debe leerse la coyuntura nacional. No somos el ornitorrinco del mundo, ni de América del Sur, ni los inventores de un sistema económico hiperdiferente. Los adversarios del kirchnerismo se equivocan feo cuando abjuran en block de todo lo hecho y proponen un vuelco o a una regresión, demasiado a menudo sin explicar el nuevo rumbo. Quizá el único que lo insinúa con franqueza es el Jefe de Gobierno Mauricio Macri: un giro reaccionario de derecha, con aplicaciones clasistas y xenófobas.
El oficialismo acierta en el rumbo aunque a menudo endiosa en exceso al “modelo”. El esquema económico sirvió para salir de la crisis aparentemente irremisible, elevó la condición de vida de casi toda la población, empoderó a sectores de trabajadores, mejoró los niveles de empleo, amplió la masa de jubilados, disminuyó la pobreza. Es un montón, nunca es bastante. Subsisten asimetrías formidables, incluso al interior de la clase trabajadora. Proliferan demandas soterradas aunque (o mejor, porque) se transitó del infierno al Purgatorio.
La desigualdad subleva acaso más en las pampas que en países linderos. Acá hay memoria de tiempos cercanos mejores en paridad y en movilidad social. En otras comarcas no existió ese pasado evocable y frustrante. El igualitarismo propio de la sociedad argentina, la capacidad de lucha y de protesta de su sociedad civil dinamizan las demandas y las movilizaciones. Muchas conquistas se han logrado, antaño y hoy, en las calles o vía acción directa. Es clavado que quienes son “perdedores relativos” del actual modelo emerjan a reclamar sus derechos, tumultuosos y desafiantes.
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Los números y las urnas: Los números corroboran cuánto se avanzó. Basta repasar los datos duros de crecimiento, empleo, salario real, indicadores sociales. También la cantidad de represores procesados y condenados, la de provincias en las que se dictaron sentencias ejemplares.
Datos impresionistas ratifican la percepción. Ya se mentó al Bicentenario, el cronista agregaría con qué templanza absorbió un país futbolero la eliminación en el Mundial. El consumo cotidiano, los festejos de fin de año, las vacaciones a todo trapo en las plazas turísticas de una, dos, tres, cuatro o cinco estrellas. Hay que evocar cómo se recibía el fin de año a principios de este siglo. También, cuando se magnifica la ausencia de billetes por tres días en los cajeros automáticos, internalizar que hace nueve años (y no un siglo) los ahorros habían sido birlados y con poca antelación confiscadas las jubilaciones y reducidos los salarios. Es tonificante que gentes de derecha se conmuevan por los mercerizados (siempre que no sean los conchabados por ClarínTechint), corresponde asumir que la desflexibilización es una cuesta arriba a partir de las tropelías consumadas entre 1989 y 2001.
Los guarismos de intención de voto son satisfactorios para el oficialismo. Cristina Fernández de Kirchner está en la mejor posición relativa de su mandato, al menos desde marzo de 2008. No tiene la victoria comprada como Carlos Menem cuando fue reelegido o ella misma en 2007. Pero dista más de estar derrotada un año antes, como le pasó al radicalismo en 1988 o al menemismo en 1998 o a Fernando de la Rúa antes de cumplir dos años de gestión. Sus adversarios lucen más dispersos y menos papábiles que el peronismo menemista o la Alianza, en sus buenos momentos.
Este año votará el pueblo soberano en ese asombroso día en que todos los ciudadanos valen uno. De momento, la primera minoría movilizada, ratificada por movilizaciones emocionantes y masivas y con apoyos cualitativos incomparables, conserva la pole position.
El 2011 será un año decisivo. Lula deja la presidencia, Kirchner no estará. Son dos protagonistas que marcaron una etapa de despegue, difíciles de reemplazar. Sus banderas, sus legados sí que merecen un brindis y, piensa el cronista, una revalidación que en Brasil ya se dio y que acá depende del veredicto popular.

La izquierda obrera y su laberinto, Jorge Muracciole

FORMAS DE LUCHA Y MEDIOS DE ACCIÓN (PRIMERA PARTE)

La izquierda obrera y su laberinto

Publicado el 2 de Enero de 2011



Lo indudable es que las formas de lucha y medios de acción –equivocados o no– siempre intentaron establecerse como la táctica de intervención en la lucha de clases, articulada con un contexto social y político.
 
El jueves 23 de diciembre, un corte en las vías que duró más de seis horas, en las cercanías de la Estación Avellaneda, fue el detonante. La suspensión de los servicios de trenes para centenares de usuarios que regresaban a sus hogares de una larga y bochornosa jornada de trabajo hizo que entraran en cólera y que, con niveles de violencia inusitados, enfrentaran a la Policía Federal y destruyeran negocios e instalaciones en la Estación Constitución. Mucho se ha escrito en los últimos días sobre el origen de ambos sucesos y su conexión, pero lo que no se ha abierto es el debate sobre las implicancias subjetivas “del corte de vías o piquete ferroviario” en el conjunto de los trabajadores ajenos a esos reclamos y en la sociedad toda. Este medio de acción directa, de trabajadores en conflicto y activistas, se ha hecho recurrente últimamente en los precarizados ferroviarios y, según sus protagonistas, “intenta dar visibilidad social a la lucha de los trabajadores tercerizados”. La pregunta, aun sin respuesta, es si esa forma específica de lucha y esos medios de acción, más allá de sus intenciones, no terminan siendo funcionales a la oposición de derecha que utiliza dicho accionar para confirmar sus hipótesis de desgobierno y clima preanárquico. Con el paradójico efecto de confrontación y potencial fractura entre trabajadores en conflicto y los laburantes de a pie que son afectados por el corte del servicio.
Históricamente, es parte del acervo del movimiento obrero y de sus organizaciones políticas desarrollar en sus plataformas programáticas y en sus debates internos la temática específica de las formas de lucha y los medios de acción pertinentes para conseguir resultados positivos en sus demandas.
En la historia de la clase trabajadora, esas herramientas se fueron adecuando a las diversas etapas organizativas del movimiento, pero principalmente a las diferentes coyunturas históricas. Desde los albores de la industrialización y ante la penosa situación en que se desarrollaba la existencia proletaria, la acción directa de la concepción anarquista predominó en una larga etapa, ante los niveles de superexplotación y la doble política de opresión y exclusión de la naciente burguesía. En esos tiempos, el Estado no se ocupaba aún de la cuestión social y la inexistencia de derechos colectivos era el principal combustible de la conflagración entre clases. Años en que la clase obrera tan sólo acampaba en la sociedad industrial, a pesar de ser un factor primordial en la creación de riquezas. La multiplicidad de las luchas y la extensión de la marea organizativa, principalmente como forma de resistencia ante la explotación sin límites, obligó a los patronos, ante el potencial peligro de la fractura social, a experimentar formas que morigeraran la perpetua exclusión y la llamada “cuestión social” comenzó a balbucearse como un asunto a resolver, más allá de la emergencia coercitiva de la persecución del activismo y el aplastamiento de la insubordinación obrera, eje central de las políticas de sometimiento en la llamada etapa de acumulación originaria de capitales. La batalla por la legalización de la actividad de los gremios, otrora sociedades de resistencia, y la proliferación del derecho colectivo de los asalariados, vino de la mano de este doble proceso para evitar la conflagración que extendiera la mancha de aceite organizativa a lo largo de Europa, con posterioridad de la primera revolución triunfante que se llevó puesta a la autocracia zarista y, al mismo tiempo, por la necesidad de encontrar un modelo estable que garantice la previsibilidad de los negocios de los empresario, incluyendo bajo el sol de la sociedad industrial, el círculo virtuoso de la producción y el consumo, como precaria forma de inclusión social de la multitud de productores. Ese patrón moderno de acumulación fue conocido históricamente como fordismo, un sistema que hizo del paradigma de la llamada producción en masa, la válvula de descompresión del antagonismo de clase y en paralelo la herramienta de subalternidad del obrero industrial moderno.
El tratamiento de la nueva cuestión social fue un dispositivo paradojal, forzado por la radicalidad obrera, pero también una  necesidad implícita de la clase empresaria, de forma de hacer previsible un modelo de acumulación que necesitaba cada vez más de la colaboración de la clase para la consolidación de su sistema de reproducción ampliada del capital y el trabajo. Ese nuevo patrón necesitó de una superestructura a través del Estado que, en un rol inédito, fuera moderando la profunda asimetría preexistente entre el capital y el trabajo. La generalización del sindicalismo legal no fue una suerte de autopista a la felicidad de las mayorías. Y las experiencias en el mundo fueron de lo más disímiles, existiendo un verdadero proceso desigual y combinado con la extensión del derecho obrero y la coerción patronal. Lo cierto es que un nuevo paradigma fue posible en la Europa occidental y en distintos enclaves de desarrollo industrial en algunos países periféricos: el caso de la Argentina fue uno de los más significativos de todo el subcontinente latinoamericano. La experiencia peronista es un claro ejemplo. El rol del Estado, en una suerte de bonapartismo, impulsó el derecho a la sindicalización y las formas de organización obrera, sin renunciar los nuevos sindicatos a formas de luchas y medios de acción específicos de la época. El eje de la presión obrera fue dirigido hacia las patronales, que se negaban a aceptar la extensión dentro de su industria del derecho obrero y el cumplimiento de las leyes laborales que estaban en un vertiginoso crecimiento, tomando al Ministerio de Trabajo como la extensión de la mano reparadora del Estado ante tanta inequidad. Más allá de sobrevivir formas de lucha y medios de acción típicos de otros momentos históricos, en términos generales la huelga legal y las medidas de presión eran entendidas en esa nueva etapa como la forma idónea para obligar al empresariado, muchas veces díscolo a los nuevos tiempos, a sentarse a negociar con los representantes obreros. Esta novedad en relación a la mirada sindical sobre el rol del Estado ante la lucha antipatronal, fue el resultado de la masificación en las bases, de una tendencia en el movimiento obrero nacida mucho antes, derivada de mutaciones del otrora anarcosindicalismo, o del sindicalismo socialista, que ante el desarrollo del nuevo patrón de acumulación económico con sus efectos beneficiosos, y el protagonismo creciente del poder sindical, hizo eje en el reivindicativismo, dejando así de lado el marcado tinte ideológico propio del anarquismo o de las tendencias de origen comunista, o socialistas revolucionarias, de principios del siglo XX. Lo cierto es que cada etapa histórica tuvo su corriente sindical hegemónica, desde el apogeo del anarcosindicalismo, en las últimas décadas del siglo XIX y las primeras del siglo XX. O el crecimiento notable del sindicalismo socialista en pleno desarrollo de la legalización gremial, articulada con las luchas del sufragismo y la Ley Sáenz Peña, que acompañó al acceso a las urnas a un importante sector de las capas medias y obreros calificados. O el crecimiento exponencial de las filas del gremialismo comunista, luego de la consolidación del primer Estado obrero a escala planetaria, con un debilitamiento marcado con el devenir del peronismo y anteriormente en confrontación con el creciente sindicalismo reivindicativo, que supo coptar a centenares de activistas sindicales de las tendencias libertarias y socialistas.
Las formas de lucha y los medios de acción oscilaron en relación directa con el talante reaccionario o progresista del gobierno de turno. Desde los célebres caños de la resistencia peronista, después de instalada la “Fusiladora” en septiembre de 1955, hasta el sabotaje y la acción directa con enfrentamientos callejeros, en plena batalla antidictatorial del onganiato a Lanuse, que posibilitó el Cordobazo, el Rosariazo y el Viborazo. Lo indudable es que las formas de lucha y medios de acción –equivocados o no– intentaron establecerse como la táctica de intervención en la lucha de clases, articulada con un contexto social y político. Sin perder de vista el estado de ánimo de las masas y la conformación de la ecuación constituida por esa suerte de constelación salarial de diversísimas características, junto a la sensación térmica de los aliados potenciales para cualquier lucha obrera, los trabajadores independientes y los pequeños propietarios, tanto urbanos como rurales

“Algunos medios mienten para que parezca que todo está mal”

ENTREVISTA A ANÍBAL FERNÁNDEZ

“Algunos medios mienten para que parezca que todo está mal”

Publicado el 2 de Enero de 2011

El jefe de Gabinete afirma que 2010 fue un año brillante para la gestión del gobierno. Descalifica las versiones que señalan que está enfrentado con Garré y define que Duhalde está cumpliendo el papel que le asignó Magnetto. Su recuerdo de Kirchner. 
 
El despacho del jefe de Gabinete es amplio, ordenado, y a la vista, libre de papeles. Minimalista. La belleza del estuco, el impecable parquet y la luz natural que entra por las ventanas que dan al río contrastan con el muro ultra moderno revestido de televisores –sintonizados en distintos canales– con los que Aníbal Fernández se mantiene hiperinformado. El jefe de ministros de Cristina Fernández de Kirchner se define como un workaholic. Y así parece. Su día arranca a las cinco en Quilmes, y una hora y media más tarde ya está en el despacho de la Casa Rosada. Su jornada terminará entrada la noche.
Hoy, 2 de enero de 2011, Fernández cumple nueve años como funcionario de primera línea en el Poder Ejecutivo. Asumió en 2002 como secretario general de la presidencia con Eduardo Duhalde. Continuó con Néstor Kirchner y sigue junto a Cristina.
Sobre su escritorio sólo hay una computadora portátil. Nada más. Durante la entrevista, atiende el celular un par de veces y responde de vez en cuando a los que lo reclaman desde el chat. Cibernauta, fanático de las redes sociales, usa Twitter para decir lo que quiere. Sabe cómo emplear esas herramientas. Se lo ve relajado y responde todo. El dolor que le causó la muerte de Néstor Kirchner, el crimen del joven militante del PO, Mariano Ferreyra, la crisis en el Parque Indoamericano, los incidentes en Constitución y el papel del CEO de Clarín, Héctor Magnetto, en esos hechos. Fernández reconoce haber sido hombre del duhaldismo, y por eso mismo, asegura, sospecha que Eduardo Duhalde haya agitado desde las sombras los hechos violentos con los que se buscó arrastrar al país a un clima de inestabilidad, tras la muerte del ex presidente. Pero antes no duda en definir a 2010 como “un año brillante” para la gestión de gobierno. Y agrega: “Hace poco hizo un estudio Mario Brodersohn, un viejo dirigente radical y reconocido economista –no acertando mucho y tratando de fustigar siempre al gobierno por peronista– en el que dice que en los últimos 80 años (no recuerdo cuál es el rango que toma), los tres mejores años fueron 1948, 1973 y  2008. “No porque ustedes sean buenos, sino porque Dios es argentino y además es peronista y tuvieron suerte”, dijo. Y más allá de las estupideces que diga Clarín, este fue un muy buen año. En 2009, impactó de lleno la crisis de Lehman Brothers. Esa crisis, en una Argentina endeble, hubiera impactado 20 veces peor, pero agarra una Argentina bien parada, sin deuda con el FMI, prácticamente sin deuda con el resto del mundo, sacando al Club de París y lo que faltaba resolver en términos del Canje.”
–Acaba de apuntar de entrada contra Clarín. ¿Cree, como declaró alguna vez, que algunos medios no reflejan la realidad?
–No, algunos medios mienten aviesamente para que parezca que todo está mal. Nosotros presentamos el Presupuesto como lo dispone la Ley de Administración Financiera. Sin embargo hoy –jueves 30 de diciembre– lo escuchaba a Adrián Ventura, que me da un poquito de vergüenza, porque dijo, hablando como si fuera la presidenta: “No quisieron tocar un solo número, así que yo hago mi Presupuesto porque soy la que tiene que gobernar.” La presidenta hace su Presupuesto, es la que tiene que gobernar, demostró que todo lo que dijo hasta este momento fue resultando como lo dijo, todo lo que presentó, exhibió y desarrolló para poder llevar a la práctica. Pero lo quieren corregir según piensan ellos. Para eso que gobiernen. De toda la democracia, es el primer gobierno al que le niegan el Presupuesto. Toda esta discusión absurda es la que planteó este muchacho Ventura, pero no le bastó con eso y dijo: “la sesión después tildada de las coimas”… ¿Qué coimas? Resulta que todo ese verso lo arma para TN, para la inmundicia de Magnetto, para sus alcahuetes, y después vendérselo a la sociedad para que se intoxique con lo que ellos inventaron. Cuentan la historia que inventaron, que sólo tiene el objetivo de lesionar al gobierno, pero la sociedad no es estúpida.
–¿Qué análisis hace del último mes en el que se intentó instalar un escenario de conflictividad social?
–El objetivo fue que el año termine convulsionado. E intentaron que termine el año convulsionándolo. Y no lo consiguieron. Porque prepararon lo del Indoamericano, motivados por debajo de la mejor manera que pudieron, y no lo consiguieron porque primó la seriedad sobre este conflicto, que va a tener que resolver la justicia por los muertos, que no minimizamos porque en la administración pública nos acostumbramos a todo menos a las muertes. Los responsables van a pagar por lo que hicieron. Y lo otro –que quisieron ponerlo en una situación de explosión con las 7000 personas dentro del Parque– lo resolvimos como debíamos hacerlo, hablando. Y hablando se fue la gente, con la propuesta de seguir hablando para transformar la realidad que cuestiona esta gente que vive en situación indigna. Después trataron de hacerlo con el Club Albariño, que no era ni club ni Albariño porque no había nada, sólo una cancha de fútbol que no tenía arcos, una cosa inexistente. Y te querían hacer creer que era el fin de la Segunda Guerra Mundial. Y también se solucionó hablando, sin palos ni violencia.
–Respecto al Indoamericano, ¿el gobierno nacional no demoró en dar una solución a esa crisis?
–No, porque no es su jurisdicción. Somos convidados de piedra. No podemos salir a tontas y locas cada vez que hay un conflicto en Ciudad o en provincia. Debe resolverlo su gobierno. Cuando las cosas se pusieron cada vez más duras la propia gente nos pidió que hagamos de puente para hablar con el gobierno de la Ciudad. La presidenta lo decidió: citamos a Guillermo Montenegro y a (Horacio) Rodríguez Larreta, nos sentamos a hablar con Macri. La primera parte de la conversación fue una catástrofe porque Macri dijo: “Quiero que me den las fuerzas para sacar a esta gente de este lugar por la fuerza”. “Ni en pedo, no lo sueñes”, le dijimos. Así fue. Discutimos, hablamos, le marcábamos lo que nosotros sosteníamos, y ellos afirmaban que no iban a tener ningún gesto porque eso implicaría dar muestras de debilidad, y así hasta las cuatro de la mañana.
–¿Macri planteó seriamente que quería reprimir?
–Totalmente convencido lo decía. Y lo dijo públicamente: “denme a mí las fuerzas y yo me encargo de sacar a esa gente de ahí en estos términos”. Esa noche quedó claro que se discutía sobre dos modelos de país, que siguen existiendo. Él sigue viviendo en uno. Nosotros no concebimos ni sangre, ni muertos, ni heridos. Del Indoamericano, se iban a ir. Días más o días menos, se iban a ir. Si uno tiene la decisión firme de que ese es un lugar público, porque llamarle “parque” es casi una falta de respeto porque es un baldío lleno de mugre, yuyos, sin vereda, ni juegos, ni luces, ni nada. De todas maneras, nosotros no estamos de acuerdo con la toma de ningún espacio público, ni privado, sin duda.
–¿Usted no cree que Macri buscó toda esta cuestión para antagonizar con Cristina con este discurso de mano dura y posicionarse como candidato?
–Es muy probable, con la intención de sacar rédito político, dirigiéndose a un público que quiera escuchar lo que él dice. Lo que pasa es que el gobierno no tiene ninguna intención de conquistar a ese público. Nuestra presidenta no piensa de esa manera, tiene muy en claro que hay otras maneras de solucionar estas situaciones, y que no vamos a llegar a una confrontación para volver a tener más muertos.
–Durante el último mes, se apreció con claridad que hubo un intento por reinstalar una sensación –al menos desde lo simbólico y con ciertos medios jugando un rol central en eso– de que el país entraba nuevamente en una crisis. Pero más allá de las intencionalidades, faltó plata en los cajeros, escaseó la nafta…
–Vamos por el principio. La falta de guita puede ser una falta de previsión del Banco Central, y se soluciona, está resuelto. ¿La nafta? No hubo problemas con la nafta. La gente decía: “fui a cargar nafta y no había”. Es verdad, pero cuando se monta una operación como la que montaron Clarín y La Nación y TN, que repiten “no hay nafta”, la gente sale desesperada y llena el tanque, y se rompe la lógica de una logística que no está preparada para eso. Ojalá la gente comprenda esto y cargue nafta cuando la necesita, no por llenar el tanque. 
–Por lo que dice, la capacidad de daño, de intoxicación que tienen algunos medios, aún es muy fuerte.
–La capacidad y vocación de intoxicar es muy fuerte aún. Nosotros no creemos en el mismo país que ellos quieren. Cuando discutimos la Ley de Medios, cuando discutimos las acciones que ellos llevan a la práctica con su manera de comunicar, no discutimos algo que nos beneficie a nosotros para que hablen bien del gobierno. Hablamos de lo que le sirva a la sociedad. Quieren un medio de centro, de centro izquierda, que cobije y relate y exhiba las expresiones que nosotros tenemos por adelante. Que haya medios de otro color que le permitan a otros sectores exhibir sus expresiones, y que la sociedad saque sus conclusiones. Ellos van por su negocio. Van por su negocio. No están discutiendo por otra cosa.
–Con respecto a los incidentes en la Estación Constitución, ¿al gobierno no le faltó previsión ante esa situación?
–Teníamos datos de que podía pasar algo en Constitución, pero de otro tipo. Y actuamos, y lo evitamos. Pero ese día se cortan las vías en Avellaneda, se le dio parte como en todos los casos a la justicia y el juez, con muy buen criterio, decide comenzar las negociaciones. Se estaba negociando en el Ministerio de Trabajo, entonces esperamos el resultado de esas negociaciones para no tener que sacarlos por la fuerza.
–Pero pasaron muchas horas…
–Pero había que esperar el resultado de las negociaciones. ¿Cuándo comienza la refriega? Inmediatamente después que se trunca la negociación, porque pedían algo sin sentido. ¿Qué tendríamos que haber hecho? Dejarlo para mañana, y empezar de nuevo a ver cómo arreglamos esta situación. En el momento en que se cortan las negociaciones, empiezan los desmanes en Constitución, en hora pico, cuando se mueven entre 60 y 70 mil personas por hora, por lo que como mínimo tendrían que haber tenido 60 mil personas movilizándose, y había 200 personas. Y hay testimonios que dicen que fueron pagadas para ir a provocar los desmanes. Si el tren o colectivo que te lleva a tu casa no sale, ¿vas y te afanás un par de zapatillas? No. Es lo que pasó. Está filmado. El objetivo era dar ese tipo de pelea. Estaba pensado para eso. No era un problema de viaje. La Secretaría de Transporte había multiplicado la rutina para que pudieras viajar, con más colectivos. El humor no era bueno, es obvio, pero eran 250 personas armando quilombo. Y se las dispersó con el agua, y se identificó a los que se pudo.
–¿Quiénes fueron los responsables políticos de lo que pasó?
–Nosotros por ahora estamos muy preocupados, porque vimos dirigentes conocidos que son los que estaban a la cabeza, que presagiaban desde los EE UU muchas cosas que terminan siendo profecías autocumplidas, muchas veces motivadas por gente cercana a ellos.
–¿Habla de Duhalde?
–Sí, de Duhalde.
–¿Duhalde tiene capacidad para montar este tipo de situaciones?
–Capacidad tiene cualquier dirigente que conozca cómo se manejan estas cosas. La tiene, sin duda. Vengo de ese riñón, y lo digo no con poco dolor. He puesto la cara por Duhalde muchas veces, con costos y todo, pero no comparto esas acciones. Lo malo es que muchas veces, con esas acciones muchas veces desestabilizantes, se llevan puesto un país y no les importa nada. Y no estoy dispuesto a callarme la boca. ¿Entonces qué es? ¿La sobreactuación del converso? No. Yo estoy muy convencido de lo que hago.  Cuando creo que lo que están haciendo es una catástrofe, lo digo con todas las letras. Esto es un gestito que le han dado a determinados sectores para que vayan a pudrir la cosa. Pasa que en este caso, están fuera del marco. No tienen la seguridad que sí les ofreció el año 2001.
–Por lo que dice, ¿se puede interpretar que en 2001 Duhalde estuvo detrás de la desestabilización a De la Rúa?
–Lo dijiste vos.
–Se deduce de lo que dice usted.
–Lo dijiste vos. Yo era ministro de Trabajo de Ruckauf en ese momento, e hice mucho para que eso no sucediera. Pero te cuento un dato: cuando pusimos negro sobre blanco, para aclarar bien las cosas, él dijo tratando de defenderse: “nosotros no incentivamos la violencia”. Y sí, la incentivaron.
–¿Cómo?
–Con sus expresiones, cuando repite cada siete años que tiene que estar reformando un gobierno. ¿Qué gobierno viene a reformar? ¿Qué viene a resolver? Que no mienta. A un gobierno que estableció la Asignación Universal por Hijo, que tiene 2 millones y medio más de jubilados, con un 9% de crecimiento, que bajó la pobreza a menos de un dígito. Lo que viene a hacer es hacer pedazos al gobierno para lograr ventajas electorales.
–¿Cuál es el modelo que propone Duhalde? ¿Qué representa?
–Creo que no es Duhalde la cabeza. La cabeza es Magnetto, que es quien conduce esta propuesta política. Y Magnetto le asigna un papel a Duhalde, que es el que está cumpliendo en este caso.
–¿Para usted el principal opositor es Magnetto?
–No es el principal opositor. Es alguien que toda la vida manejó el poder real, y con ese poder real condicionó a todos los gobiernos y presidentes durante mucho tiempo, mientras a la vez crecían como monopolio. ¿Cómo? A tapazos. El famoso apotegma de que con cinco tapas volteaban un gobierno. Hacías lo que te decían y quedabas en la Historia como un buen presidente, si no la cosa se te complicaba.
–Después de lo que pasó en Constitución, habló del Partido Obrero duhaldista…
–Y, porque el PO, de formación trotskista, con otros grupos trotskistas, han funcionado y actuado en varias situaciones en forma funcional a Duhalde.
–Aníbal, ¿no le está dando al PO una capacidad de acción y una entidad que no tiene?
–No tengo interés en quitarle ni darle entidad al PO. No es la primera vez que sucede, ante una negociación que se trunca, y en Plaza Constitución. Ya van varias en que actúan de la misma manera.
–Entonces, usted cree que el PO y Duhalde tienen conexiones…
–No sé. Lo que sí puedo decir es que la actitud del PO cada vez que actúa de esta manera le es funcional a Duhalde.
–Tras el conflicto del Indoamericano, la presidenta designó a Nilda Garré como ministra de Seguridad, lo que algunos analistas interpretaron como un recorte a su poder dentro del gobierno.
–No le asigno ningún valor. Cuando asumo el 8 de julio de 2009, asumo como jefe de Gabinete de Ministros, con lo cual el responsable de Justicia, Seguridad y Derechos Humanos pasa a ser Julio Alak. Le dije a la presidenta, de buena fe, que colaboraría en  todo lo que necesitara, y fue lo que hice. ¿Quiénes son los que se estuvieron yendo ahí por decisión de la presidenta de la Nación? El jefe y subjefe de la Policía Federal, que gozaban de toda mi confianza, y designó a un jefe y subjefe que también gozan de mi confianza, con lo cual no veo el cambio. Yo no siento que a mí me hayan sacado nada. Del secretario de Justicia que se fue yo tenía una visión absolutamente crítica de su función. Pero doy un ejemplo: vengo trabajando por la diversidad sexual desde 2005, acaba de asumir María Rachid, ¿por qué no me la cargan a mi cuenta también?
–Pero no puede desconocer que se dijo que la presidenta estaba enojada con usted y con Alak.
–La presidenta no se enoja con los ministros. Eso es una estupidez de jardín de infantes. Uno se puede enojar con sus pares. La presidenta, cuando ve que un ministro no funciona, le pide la renuncia. La presidenta no se enoja. Yo manejo cosas muy sensibles, muy complicadas, todos los días, varias por día, como para que la presidenta esté enojada.
–¿Cómo es su relación con Garré?
–La relación entre los ministros no es buena ni mala. Una cosa es lo personal y otra cosa lo político. Eso sí es lo que me preocupa. Puedo tener buenas o malas relaciones con otros ministros, pero lo que me preocupa es cómo se actúa políticamente. No sé si tengo buena o mala relación con Nilda.  Lo que sí sé es que cada vez que le he pedido algo como ministra de Defensa, me lo ha dado de la forma en que se lo pedí, y cuando me ha pedido algo se lo di en la forma en que ella lo pidió. Nunca sentí que ninguno le haya metido palos en la rueda al otro para que no pueda trabajar.
–Hizo un balance positivo de 2010. ¿Qué ve de negativo?
–No hablo de las cosas negativas.
–Hace nueve años que es funcionario de primera línea, ¿no siente el desgaste de la gestión?
–No. Amo lo que hago. Todo depende de lo que uno quiera hacer en su vida. Si alguien toma esto para resolver su vida personal, está frito. Si se lo hace como una ambición personal desde la vocación de servicios, qué mejor posibilidad que la que tengo. También hay otro tipo de sacrificios: no tomo alcohol, no consumo drogas, no salgo de noche, no fumo, me cuido con las grasas. Todo este tipo de cuidados van en desmedro de tu vida personal también. A mi familia le dedico poco tiempo, pero yo soy así. Cuando ya no tenga ganas de levantarme a las cinco de la mañana como me levanto y venir a trabajar acá a las 6:30 habrá llegado el momento de decirle a la presidenta: “gracias por todo, hasta acá llego, presento mi renuncia”, y me voy a mi casa. 

Brutal muestra de Los sojeros ,Por Horacio Verbitsky

Brutal muestra de Los sojeros

El procedimiento realizado el 30 de diciembre en San Pedro ilustra de qué son capaces los mercados sin control. Nidera, transnacional granera que la AFIP denunció por evasión de 260 millones, tenía encerrados a 130 trabajadores del norte, adultos y adolescentes, que no sabían dónde estaban, no podían salir, no tenían luz ni agua y se les descontaba del salario en negro las provisiones que la empresa les vendía a precios alucinantes, incluyendo fideos gratuitos de los planes sociales de Scioli.

Final del formulario
 Por Horacio Verbitsky
Una de las grandes traders exportadoras de productos agropecuarios, a la que el Estado Nacional investiga por evasión de impuestos, explotaba el trabajo esclavo de adultos y niños traídos desde provincias del norte. Los alojaba en trailers de chapa, en los que dormían hacinados de a veinte. La jornada laboral era de diez horas incluido el día de Navidad, bajo el rayo del sol, sin luz, sin agua potable salvo la que recibían en baldes. No podían salir de los límites de la propiedad en la que trabajaban ni conocían cuál sería su remuneración. La paga se difería para el último día del contrato informal, ya que no estaba registrado. Mientras, les descontaban todo lo que consumían a precios tan exorbitantes que nunca tenían un saldo favorable para cobrar. Les anotaban 80 pesos por una bolsa de papas, 65 por una de cebollas, 54 por un pollo, 17 por un atado de cigarrillos, ocho por un kilo de pan viejo y dos por recargar la batería del celular. También se hallaron fideos con la leyenda del ministerio de Desarrollo Social. Por un paquete, cuya venta está prohibida, los esclavos debían pagar 35 pesos. El titular de ese ministerio, Baldomero Alvarez de Oliveira, es el padrino político del ex intendente de San Pedro Julio Pángaro, quien este año fue designado secretario legal y técnico del ministerio de Justicia y Seguridad. También se encontraron alimentos vencidos. El único dinero que recibieron en las tres semanas transcurridas antes del allanamiento, fueron 12 pesos “para comprar pan dulce”. El ministro de Trabajo provincial, Oscar Cuartango, dijo que los hechos descubiertos rozaban el crimen de lesa humanidad.
Un millar
El campamento alojaba a 130 personas, entre ellas unos 30 niños y adolescentes, pero la justicia considera que hay por lo menos un millar en las mismas condiciones, en otros campos próximos a San Pedro. Su representación sindical corresponde a la Unión de Trabajadores Rurales y Estibadores, Uatre, conducida por Gerónimo Venegas, fundador junto con José Luis Barrionuevo de la denominada CGT Azul y Blanca. Los delegados de Uatre recién llegaron al lugar una vez que el titular de la Unidad Fiscal de Investigaciones N0 6 de San Nicolás, Rubén Darío Giagnorio, notificó al ministerio de Trabajo de la situación. El representante de Uatre en San Pedro, Cecilio Salazar es el líder local del peornismo opositor. Una de sus actividades más notorias ha sido el auspicio de Uatre al corredor de carreras de autos Pichi Iglesias, lo cual provocó críticas en un gremio de paupérrimos afiliados. A principios de diciembre, Giagnorio ordenó a la patrulla rural del Pueblo Doyle que rondara los campos de la zona en búsqueda de situaciones irregulares en la cosecha del maíz, que son habituales a esta altura del año, cuando son traídos trabajadores temporales desde el interior para desflorar maíz, una actividad que sólo se realiza en forma manual. Giagnorio dijo que lo hizo en aplicación de la política criminal determinada por el Ministerio Público Fiscal que él integra. El 20 de diciembre la patrulla le comunicó sus observaciones sobre la Estancia El Algarrobo, ubicada en el Paraje Beladrich, a pocos kilómetros de Santa Lucía, partido de San Pedro. Se trata de una finca de unas 1600 hectáreas, de las cuales 200 están arrendadas a Nidera. El acceso es dificultoso porque está a 12 km de la ruta más próxima. El miércoles 22 el fiscal solicitó una orden de allanamiento a la titular del Juzgado de Garantías N0 1 de San Nicolás, pero la jueza María Laura Vázquez se la negó, porque adujo que no había pruebas. Giagnorio prefirió que las patrullas rurales no se acercaran demasiado, para evitar que fueran advertidas y se levantaran los campamentos antes de que pudiera intervenir. Ante la negativa judicial comunicó su presunción a los ministerios de Trabajo y de Desarrollo Social de la Provincia de Buenos Aires y a la Oficina de Rescate y Acompañamiento a las Personas Damnificadas por el Delito de Trata, del ministerio de Justicia de la Nación. El ministerio de Trabajo de la Provincia tiene el poder de policía en estos casos y el miércoles 29 se presentó para inspeccionar la situación detectada por el fiscal. Giagnorio participó como veedor. Como escribió en su mensaje del 31 de diciembre un cura que ejerce en Haití su opción por los pobres, hay lugares y personas que más que un año nuevo precisan una vida nueva. Éste es el doloroso contraste con la Argentina eufórica de consumo y placeres que desde la tarde del jueves colmó todas las rutas de salida de las grandes ciudades.
Reducción a la servidumbre
Al verificar la gravísima situación en que se encontraban los trabajadores, el fiscal inició actuaciones por reducción a la servidumbre y malversación de caudales públicos. En cambio no tiene competencia para investigar el delito de trata de personas. Sin mención al desempeño del fiscal Giagnorio, el ministerio de Trabajo provincial se atribuyó el mérito. Según el subsecretario de Trabajo Carlos Molina se trató de un procedimiento habitual en la tarea que habría ordenado el gobernador Daniel Scioli para detectar trabajo infantil y controlar las condiciones de seguridad del trabajo rural. Según esa dependencia, Nidera deberá pagar 5000 pesos de multa por cada trabajador no registrado. Entre los detenidos están los ingenieros de Nidera Nicolás Martínez Allende y Diego Carballo, dos capataces y tres encargados de la distribución de alimentos. El fiscal les tomó declaración y los puso en libertad mientras continúa la investigación.
Un campo de concentración
El médico Julio Caraballo, director de Bromatología de San Pedro, dijo a una radio local que las condiciones eran las de un campo de concentración, con dos agujeros en el suelo como baños, sólo aislados por una cortina cosida con bolsas de Nidera. También vio a un adolescente que se bañaba con agua acarreada en un recipiente de agrotóxicos. “Es para pasar de la indignación a las lágrimas”, dijo. La comida era suministrada por la distribuidora Comat S.A, del ex concejal radical de San Pedro Eugenio Abel González. Al mismo grupo pertenecen la Compañía Argentina de Recursos Humanos y Soluciones Agropecuarias, que prestan servicios de tercerización de personal no permanente para empresas agropecuarias. A Comat, Nidera le pagaba a 24 pesos por día por persona. Pero los precios que les cargaba a los trabajadores eran tan altos que siempre excedían el monto diario asignado. La diferencia se anotaba, para ser debitada del salario. Comat dijo que sólo era proveedora de alimentos secos y frescos a Nidera y que la acusación en su contra equivalía a responsabilizar a Coca-Cola por “la tragedia de Cromañón, porque proveía las gaseosas”. También negó haber suministrado los alimentos del programa de ayuda social del gobierno bonaerense que el fiscal secuestró en El Algarrobo. El reclutamiento de personas muy humildes se hizo en Santiago del Estero, con la promesa de trabajar en la cosecha del maíz en Buenos Aires “en la mejor empresa”, en condiciones laborales apropiadas y un buen salario. Un colectivo los trasladó en forma directa hasta la estancia, de la que una vez que ingresaron no se les permitió salir. Nidera les hizo saber que si alguien abandonaba el predio, toda la cuadrilla de trabajo que integraba sería devuelta a su pueblo sin pago. Consultado para esta nota el fiscal agregó que estas personas “ni sabían en qué lugar estaban”. Giagnorio pasó el 31 de diciembre de la mañana a la noche en la estancia, completando el sumario. El Ministerio de Desarrollo Social de la Nación se encargó de llevar a los trabajadores hasta sus pueblos de origen, donde quedarán a cargo de las autoridades provinciales. El mismo fiscal allanó hace poco varios prostíbulos de la zona, en los que también encontró leche de las partidas gratuitas que distribuye el gobierno bonaerense.
Empresa líder
Nidera es una compañía transnacional, líder en el mercado argentino de semillas y uno de los mayores exportadores de aceites, de cereales y de oleaginosas. Su participación ronda el 10 por ciento del total de las exportaciones argentinas de esos productos. En 1996, fue la primera que obtuvo autorización para liberar al consumo humano y animal la soja transgénica resistente al glifosato, durante la gestión como secretario de agricultura del ingeniero Felipe Carlos Solá. Tiene tres centros semilleros, en Venado Tuerto (maíz), Chacabuco (girasol) y Miramar (trigo y maíz). Creada hace noventa años por comerciantes de granos de los Países Bajos, su nombre surge de la combinación de las iniciales de los grandes mercados cerealeros en los que actuaba entonces: Holanda (Netherlands) India, Alemania (Deutschland), Inglaterra (England), Rusia y la Argentina, donde Nidera Argentina se instaló en 1929. También comercializa insumos agrícolas, opera en fletes marítimos y produce fertilizantes, herbicidas y fungicidas. Posee terminales portuarios propios en Rosario, Quequén y Bahía Blanca. En 2010 fue el sexto exportador de granos (detrás de Cargill, Bunge, ADM, Dreyfus y Toeper) y el séptimo en los de subproductos y aceites (detrás de Cargill, Bunge, AGD, Dreyfus, Molinos y Vicentín). Nidera es la empresa líder en los mercados de semillas de soja y de girasol, está en segundo lugar en el de maíz y en el tercero en el de trigo. También opera una sociedad de garantías recíprocas, que financia siembras de sus clientes por medio de fideicomisos. Como no informa sobre volúmenes de negocios ni cotiza en bolsa, esos rankings ayudan a evaluar en forma aproximada su facturación. Según el ranking publicado hace seis meses por la revista Mercado, en 2009 Nidera Argentina facturó 3500 millones de pesos y ocupa el puesto 47 entre la cúpula de las empresas que más venden. La Escuela de Estadísticas de la Facultad de Ciencias Económicas de la Universidad Nacional de Rosario estima que los salarios pagados por Nidera representan el 1,54 por ciento de esa facturación. La redacción de esta nota entre el viernes 31 y el sábado 1 dificultó la obtención de mayores precisiones.
Nidera en Acción
El presidente de Nidera global, Martín Mayer Wolf, de una de las familias fundadoras, es uno de los sostenedores de Accion International, una organización privada sin fines de lucro, cuya misión es ayudar a la gente a salir de la pobreza a través de su propio trabajo. “Al proporcionar microcréditos, capacitación empresarial y otros servicios financieros a hombres y mujeres pobres que inician sus propios negocios, ayuda a estas personas a alcanzar un nivel en la escala económica, con dignidad y orgullo”, informa en su documento “El negocio de luchar contra la pobreza”. Entre los accionistas minoritarios de Nidera Argentina está Rolgra Inversora SA, empresa presidida por Raúl Simón Loeb, presidente de la Cámara de Comercio Argentina para el Sudeste Asiático, vicepresidente de la Cámara de la Producción, la Industria y el Comercio Argentino-China, y cónsul honorario de Singapur y de Sri Lanka. El presidente de Nidera Argentina, Ricardo López Mayorga organiza concursos que otorgan premios a alumnos de escuelas agrotécnicas, estimulándolos a cuidar el suelo y utilizarlo en forma racional. En septiembre, la AFIP anunció que estaba investigando por evasión impositiva a cuatro de las mayores exportadoras de granos. Sus nombres se fueron conociendo en forma gradual: Bunge, Cargill, Molinos Ríos de La Plata y Nidera. En este último caso, la AFIP estima la evasión en 260 millones de pesos entre 2005 y 2009.
Entrevista: Adrián Vigna.