miércoles, 11 de mayo de 2011

MUGICA: FE Y TERCER MUNDO. LA HISTORIA DE UN MARTIR, SU COMPROMISO CON LOS POBRES.


Publicado por Esquivando el éxito


Por Apo 
“Señor, perdóname por haberme acostumbrado a chapotear en el barro. Yo me puedo ir, ellos no.
Señor, yo puedo hacer huelga de hambre y ellos no, porque nadie puede hacer huelga con su propia hambre.
Señor, quiero morir por ellos, ayúdame a vivir para ellos.
Señor, quiero estar con ellos a la hora de la luz.”

Con esta oración de su autoría, el padre Carlos Francisco Sergio Mugica Echagüe resumía sus dos objetivos en la vida: Estar cerca de Dios y cerca de aquellos que lo necesitaron.

Y su fe divina, ayudada con su pies siempre sobre la tierra, lo convirtieron en un personaje por demas querido u odiado, pero sobre todo reconocido por su empeño en no ser parte de aquello que no lo hacía feliz.



Nació el 7 de octubre de 1930, en la ciudad de Buenos Aires, siendo el tercer hijo de una numerosa familia compuesta por el matrimonio de Carmen Echaüe-hija de terratenientes adinerados de Buenos Aires y Adolfo Mugica-fundador del Partido Conservador por el cual fue diputado durante el período 1938-42 y, posteriormente, Ministro de Relaciones Exteriores del Gobierno del Presidente Arturo Frondizi, en 1961. Conformaban la familia, seis hermanos más.

Su posición económica desde pequeño y la entonces posibilidad de estudiar sin trabajar, lo llevó a formarse en colegios de mucho prestigio, como la escuela primaria Cinco Esquinas y el Colegio Nacional Buenos Aires, donde cursó el secundario aunque por problemas de conducta debió rendir tercer y cuarto año en el Instituto Libre de Segunda Enseñanza, donde forjó una gran capacidad intelectual, además de un gran talento deportivo en futbol, tenis, natación y boxeo.

Ya en 1949 comienza en la Universidad de Buenos Aires sus estudios de Derecho (durante dos años) y, allí, entabla gran amistad con Roberto Guevara Lynch, uno de los cinco hermanos el Che” Guevara, con quien inició una amistad que se prolongaría con el tiempo y cuyo basamento más firme sería la admiración de ambos por el mítico guerrillero. Aproximándose el Año Santo, decide viajar con varios sacerdotes y con su íntimo amigo, Alejandro Mayol, a Europa donde comienza a madurar su idea de ingresar en el seminario, algo que concretará ya para 1952.


Como sacerdote comienza a escribir en una revista de seminaristas y desde ese momento deja entrever sus nociones sobre la vida pastoral y la acción social, las cuales bien combinadas, podían “darle a la sociedad algo de lo que pierde el hombre en sociedad”, según sus propias palabras.

Su compromiso con los pobres se va acentuando y comienza a integrar grupos misioneros en diferentes puntos del interior del país y tras ocho años de estudios, es ordenado sacerdote en diciembre de 1959 y desde ese dia, su obra le da una vuelta de tuerca a su vida porque es el momento donde descubre y vivencia el subdesarrollo y la pobreza en su máxima expresión.

Ya de regreso en Buenos Aires, entre los años 1960 a 1963, estuvo cumpliendo funciones como vicario cooperador a la parroquia Nuestra Señora del Socorro, en Barrio Norte, además de asesor de la Juventud de Acción Católica, en su ex colegio Nacional Buenos Aires y entre los universitarios de Medicina y Ciencias Económicas de la Universidad de Buenos Aires, ademas de desempeñarse como profesor de Teología en la Universidad del Salvador, en las Facultades de Psicopedagogía y de Derecho. 


Sin dudas, se destacó por otro tipo de labor desde que fue solicitado por la escuela “Paulina de Mallinkrodt”, en la villa miseria Nª 31 del barrio de Retiro, para cumplir funciones de Capellán.

Sus ideas sobre el capitalismo y sobre la injusticia social ya estaban bien delimitadas

A esta altura, el Padre Mugica pudo haber tenido una vida acorde al nivel de la clase social a la cual pertenecía, transitando una carrera eclesiástica en constante ascenso, acompañada de las dignidades y cargos importantes correspondientes, en ese momento la amistad de su padre con el entonces arzobispo de Buenos Aires, cardenal Antonio Caggiano, quien le propone a un recién consagrado, desempeñarse como uno de sus secretarios en la curia. Sin duda esta designación favorecería mutuas conveniencias pues el doctor Mugica se beneficiaba brindando a su hijo la posibilidad de una carrera eclesiástica y, el jefe máximo del arzobispado porteño se aseguraba contar con la venia del poder político teniendo a su lado a un familiar directo de un personaje público muy influyente para la época.


Pero Mugica sorprendió a propios y ajenos comunicándole al cardenal su deseo de realizar su trabajo pastoral en regiones pobres y miserable, eso que ya se había convertido en una experiencia determinante de su vida.

En el año 1967 había decidido interrumpir toda actividad por un año dirigiéndose a París para estudiar, en el Instituto Católico, Epistemología y Semiología, Doctrina social de la iglesia, y Comunicación social y Teología. Fue en París, donde Carlos Mugica tomó conocimiento por carta, de la existencia (es el Nacimiento del MSTM) del Movimiento de Sacerdotes para el Tercer Mundo y automáticamente envió su adhesión incondicional. También inició su colaboración en el Equipo Intervillas, fundado el 2 de agosto de 1968, mérito y dedicación del p Jorge Goñi, también “cura villero”.

Cuando Mugica regresa a la Argentina, se entera de su reemplazo en la capellanía de las religiosas de Mallinckrodt por el padre Julio Treviño. Simultáneamente, la parroquia San Martín de Tours, a cargo de sacerdotes asuncionistas decide abrir una capilla en la villa de Retiro (que era de su jurisdicción parroquial) y le ofrece al Padre Carlos su desempeño. Sin dudar, el Cardenal Caggiano lo confirma y comienza allí la obra con la gente de la villa. Sin demoras, y con la enorme ayuda económica de su hermano Alejandro, se levantó un salón multiuso, de ese modo, en el barrio Comunicaciones se levantó la capilla “Cristo Obrero” en la cual el Padre Mujica ejerció la máxima actividad pastoral entre sus “hermanos villeros”.


La ola de violencia que afectaba al país con el gobierno de facto del General Onganía, lo llevó a reflexionar sobre la violencia institucionalizada y la violencia revolucionaria. La postura de Mugica y su cercanía a miembros de la Organización Montoneros, tiempo atrás, además de una actitud, podría decirse, hasta ese momento, poco clara, sobre la violencia, lo llevaron también a la cárcel a Mugica. Además, el arzobispo Juan C. Aramburu, suspendió al Padre Carlos en sus licencias ministeriales por treinta días, noticia que a Mugica le llegó estando en prisión y a través de los diarios.

Sin embargo, sus ideas de no apelar a la violencia le trajo serios enfrentamientos justamente con grupos activistas como el de montoneros.

El padre Mugica, teniendo su lugar de trabajo en la Villa “Comunicaciones”, solía dormir, algunos días en la misma villa, otros en un cuarto que se había hecho construir en la terraza del edificio donde residían sus padres, contiguo a la vivienda del portero. La serie de inconvenientes y enfrentamientos con su arzobispo, por un lado lo motivaron a redoblar sus trabajos en favor de la gente de la villa, pero también lo hicieron reducir sus apariciones en los medios de comunicación, ambito donde Mugica era muy requerido debido a la relevancia de su obra.

Ya en 1974 Mugica terminó de escribir el texto de la “Misa para el Tercer Mundo”, y grabó su disco que musicalizó la obra con ritmos autóctonos, africanos y asiáticos y que fue destruido por fuerzas que contrariaban su obra.


También se multiplicaron las amenazas de muerte, la revista “Militancia”, perteneciente al peronismo de izquierda y dirigida por Ortega Peña y Duhalde, ubicó al sacerdote, dentro de la publicación en la sección denominada “La cárcel del pueblo”, un apartado editorial en el cual-semanalmente- ellos “encarcelaban” a quienes consideraban personajes representativos del “antipueblo”. Por otro lado, el órganos de prensa de la derecha peronista, dirigido por López Rega, “El Caudillo” le cuestionaba desde su ministerio sacerdotal hasta su servicio a los pobres preguntándose si estaba al servicio de los ellos o tenía a los pobre a su servicio, finalmente llegó a acusarlo de “bolche”.

Sin embargo, el propio Mugica justificaba la presencia revolucionaria ante momentos de gobiernos autoproclamados como la época de Onganía.

Mugica, con su fuerza de lucha y en medio de tantos acontecimientos, corría peligro.

Y esa triste hipótesis se confirmó el día sábado 11 de mayo de 1974 y, siendo las ocho y cuarto de la noche, en momentos en que el padre Carlos Mugica se disponía a subir en su auto que se hallaba estacionado junto a la iglesia de San Francisco Solano, donde había celebrado misa, tal como venía haciéndolo cada semana, fue tiroteado por un individuo con bigotes achinados, que se bajó de un auto que se encontraba estacionado muy cerca del lugar. Este personaje (dicho por la prensa y reconocido personalmente por su hermana menor, Marta) sería Rodolfo Eduardo Almirón, jefe de la “nefasta”Triple A”. Cinco disparos de ametralladora le afectaron el abdomen y un pulmón, cuentan que el tiro de gracia lo recibió en la espalda. El Padre Vernazza, párroco y tan amigo y compañero de vivencias, salió de la iglesia al oír los disparos y corrió a darle la unción. Presurosamente fue trasladado al Hospital Salaberry donde, ya moribundo, alcanzó a exclamar a una enfermera: “Ahora más que nunca tenemos que estar junto al pueblo”. A las nueve de la noche, el doctor Avelino Vicente Dolico, certificó que las causas del fallecimiento habían sido heridas de bala de tórax y abdomen y hemorragia interna. 


En el espectacular y multitudinario entierro, los villeros que tanto lo querían llevaron a hombros desde la Villa de Retiro hasta el cementerio de La Recoleta, el féretro del “cura rubio”. Casi toda la prensa habló ese día del “Santo Villero”.

El propio Wainfeld habla de lo que fue la Villa en la vida Mugica y hasta después de su muerte.

Sin dudas, el sacerdote Carlos Mugica, pudo haber tenido una vida cómoda y sin sobresaltos llegando a ocupar un cargo en las altas esferas de la jerarquía eclesiástica por pertenecer a una familia de clase alta porteña.

Sin embargo ha quedado demostrado que decidió renunciar a los privilegios para dedicar su sacerdocio a los pobladores de la villa de Retiro. En otras palabras, se la jugó por los pobres.



Y esos mismos pobres, aquellos que ayudó en su acción en la villa 31 y los hijos de esos mismos, hoy le rinden homenajes manteniendo la iglesia donde descansan sus restos, el comedor y el centro cultural que llevan su nombre y hasta le dedicaron la formación de una murga llamada “Los Guardianes de Mugica”. Y Así, el padre Mugica, el Padre Francisco, o simplemente Carlos, como se lo conocía en los pasillos de la villa, estará presente entre aquellos que entendieron su mensaje.

Hace 37 años un 11 de mayo de 1974 asesinan al Padre Carlos Mugica


Hace 37 años un 11 de mayo de 1974 asesinan al Padre Carlos Mugica a manos de las fuerzas de la Triple A.

Hace 37 años, el sábado 11 de mayo de 1974 era asesinado el Padre Carlos Mugica a manos de las fuerzas de la Triple A.
Ese día, a las 8 y cuarto de la noche, cuando Mugica se disponía a subir a su Renault 4-L azul estacionado junto a la iglesia de San Francisco Solano, en la calle Zelada, 4771, donde había celebrado misa, fue tiroteado por Rodolfo Eduardo Almirón, jefe de la Triple A. Catorce disparos, de ametralladora Ingram M-10, le afectaron el abdomen y el pulmón. La balacera la recibió en la espalda. El cuerpo agonizante de Mugica llegó al Hospital Salaberry, donde murió. Moribundo, alcanzó a exclamar a una enfermera: “¡Ahora más que nunca tenemos que estar junto al pueblo!”

Una manera infame de acabar con la vida de un hombre digno, que siempre respetó antes que nada su mandato interior, ese que nacía de su pueblo y que se prolongaba luego en su propia voz.
Carlos Mugica nació en el seno de una familia de clase alta el 7 de octubre de 1930 en la Ciudad de Buenos Aires. Era hijo de un político conservador y de una mujer de familia adinerada. En 1954 comenzó a trabajar fervientemente en la asistencia de familias empobrecidas desde la parroquia porteña Santa Rosa de Lima.
Progresivamente fue sintiéndose cercano al peronismo. Integró el movimiento de los sacerdotes por el Tercer Mundo y fue capellán en la Villa Comunicaciones de Retiro. Debido a su militancia social y política padeció varias amenazas de muerte y diversos ataques e intentos de asesinato.
La figura de Carlos Mugica nos marca el camino generando un compromiso permanente con la sociedad, intercambiando en forma recíproca aprendizajes y experiencias de vida, con el claro objetivo de transformar la realidad establecida, como el mayor y mejor instrumento de la política.

Las transformaciones sociales, iniciadas en el 2003, y continuadas por el gobierno de la presidenta de la Nación, Dra. Cristina Fernández de Kirchner en lo que respecta a: Beneficio de asignación por hijo, más de 4 millones de nuevos puestos de trabajo, recuperación de la industria nacional; Obra Pública, cooperativas de trabajo, y la estatización de las AFJP, marcan el camino legado por la figura del Padre Carlos Mugica en la contención de los sectores más necesitados, para incluirlos en la transformación de una Argentina más solidaria con los que menos tienen, que son nuestros hermanos.


Carlos Francisco Sergio Mugica Echagüe nació en Buenos Aires, y fue el tercero de los siete hijos del matrimonio formado por Adolfo Mugica (ex-diputado conservador del período 1938-42, y ex-ministro de Relaciones exteriores del presidente Arturo Frondizi en 1961) y Carmen Echagüe, hija de terratenientes adinerados de Buenos Aires. 


En su historia personal es importante anotar que a fines de 1954 comenzó a colaborar pastoralmente con el padre Iriarte en las misiones a conventillos y casas de la parroquia Santa Rosa de Lima, de la que éste era párroco. Su acercamiento e intención de llegar a esta gente lo marcaría meses más tarde de un modo definitivo.
El reconoce haber participado "del júbilo orgiástico de la oligarquía por la caída de Perón. Una noche fui al conventillo como de costumbre. Tenía que atravesar un callejón medio a oscuras y de pronto bajo la luz muy tenue de la única bombita, vi escrito con tiza y en letras bien grandes: -sin Perón no hay Patria ni Dios. Abajo los cuervos` (= curas)". "La gente humilde estaba de duelo, y si la gente humilde estaba de duelo, entonces yo estaba en la vereda de enfrente.

Conoció a Gustavo Ramus, Fernando Abal Medina y Mario E. Firmenich, futuros fundadores de la organización armada peronista "Montoneros". Con ellos, participó en Santa Fe en una misión rural en 1966. Dos frases escuchadas por los misioneros marcaron hondo al padre Carlos y las repetía con frecuencia: una viejita que dijo a una misionera "A mí, ¿qué me vienen a hablar de Dios si me estoy muriendo de hambre?; y un hachero que dijo "yo soy la alpargata del patrón.

Estando en París, Mugica conoció por carta la existencia -el nacimiento- del Movimiento de Sacerdotes por el Tercer Mundo (MSTM), y envió su adhesión incondicional. También inició su colaboración en el Equipo Intervillas, fundado el 2 de agosto de 1968 gracias a la dedicación de Jorge Goñi, también cura villero.
Su participación cada vez más activa en el MSTM lo llevó a agudizar el enfrentamiento con el Arzobispo coadjutor Juan Carlos Aramburu quien prohibió a todos los sacerdotes de la Arquidiócesis manifestarse públicamente en cuestiones políticas (prohibición que no parecía concernirle a él mismo), y que causó profunda reacción en varios grupos sacerdotales como el de Tucumán, aunque el grupo MSTM Capital obedeció esta orden.

El viernes 2 de julio de 1971, una bomba estalló en la casa de Gelly y Obes 2230, pero aunque la bomba afectó edificios y automóviles (la propiedad privada que tanto defendían los adversarios del P. Carlos), nadie resultó herido. Fue en este momento que en un reportaje el P. Carlos pronunció su clásica frase: -Nada ni nadie me impedirá servir a Jesucristo y a su Iglesia, luchando junto a los pobres por su Liberación. Si el Señor me concede el privilegio, que no merezco, de perder la vida en esta empresa, estoy a su disposición. Las amenazas continuaron, y dos hombres irrumpieron en el piso donde se encontraba el cuartito del P. Mugica pero no pudieron concretar nada ya que éste se encontraba en un encuentro de los MSTM en Córdoba.
El 11 de mayo, sábado, de 1974, a las 8 y cuarto de la noche, y cuando Mugica se disponía a subirse a su coche Renault 4-L azul, matrícula C-542119, estacionado junto a la iglesia de San Francisco Solano, en la calle Zelada, 4771, donde había celebrado misa, fue tiroteado por un individuo con bigotes achinados, que se bajó de un coche estacionado muy cerca. Este personaje sería Rodolfo Eduardo Almirón, jefe de la Triple A, luego jefe de custodia de Manuel Fraga Iribarne, en España. Cinco disparos, de ametralladora Ingram M-10, le afectaron el abdomen y el pulmón. El tiro de gracia lo recibió en la espalda.

Entrevista a Carlos Mugica
Revista 7 Días, Junio de 1972.

Un cura se confiesa

Fue muchas veces señalado como un sacerdote subversivo. Sin embargo, Carlos Mugica (el polémico capellán porteño) cree respetar los mandatos de Cristo y descerraja sus iras contra -las jerarquías clericales comprometidas con el dinero, el privilegio y el desorden establecido en todo el país.
Es una ráfaga implacable, un martilleo de palabras, la lúcida coherencia que se transmite eléctricamente al gesto en esa permanente y reconcentrada actitud del que amenaza con violentar todos los esquemas -un dogma, una religión, una filosofía- pero repentinamente cede y adopta posiciones expectantes. Rubio, de ojos azules, pulóver de cuello alto y pantalones negros, no parece un sacerdote; sólo los libros que trepan por las paredes de su departamento de un ambiente, en el barrio de Palermo, en Buenos Aires, denuncian la presencia de un miembro de la Iglesia Católica.
Es que Carlos Mugica (39, profesor de teología en las facultades de Economía, Ciencias Políticas y Derecho de la Universidad del Salvador y capellán de la parroquia San Francisco Solano, en Villa Luro), a diferencia de la nueva corriente de sacerdotes católicos, prefiere ignorar ese halo paternalista, el status privilegiado que la sociedad se empecina en otorgarle, para dar de sí -espontáneamente, sin premeditación- la imagen de lo que cree ser: simplemente un hombre común, con toda la riqueza y las limitaciones de los seres humanos; a lo sumo, siente quizá con más profundidad que sus hermanos -palabra habitual en su vocabulario- una problemática responsabilidad, ser también mensajero de sus conflictos.
Pero esa humildad -que se refleja inflexivamente en su manera de vivir- no le posibilitó soslayar una creciente popularidad alrededor de su figura. Lo publicaron así sus declaraciones por radio y televisión (-El socialismo-espetó en una de las emisiones del programa Tiempo Nuevo, dirigido por Bernardo Neustadt, en Canal11-es el régimen que menos contraría la moral cristian"); lo sacaron del anonimato pronunciamientos tales como el que barbotó cuando Arturo Illia fue elegido presidente de la Nación: -Hoy es un día triste para el país -dijo Mugica el 12 de octubre de 1963-, una parte importante del pueblo argentino ha sido marginado de los comicios y será dirigido por un hombre a quien sólo votó el 18 por ciento de los electores.
El fogoso sacerdote reconoce que fue arduo el camino recorrido para que pudiera recalar, finalmente, en esas posiciones, no extremas -defiende- sino coherentes con la actual actitud de un grupo relevante de obispos de la Iglesia Católica.

_Sin embargo, cuando usted eligió ser sacerdote no enarbolaba las mismas banderas.
_En efecto. Ingresé al seminario hace 18 años, en 1951, y vivía en esa época, el catolicismo individualista, fiel al slogan salva tu alma.
_¿Qué significaba para usted ser sacerdote?
_Salvar mi alma, es decir: ir al Cielo, buscar la felicidad, esa que está en Dios. Evidentemente era bastante egoísta mi actitud, aunque también entonces cambió radicalmente mi vida, porque fue cuando descubrí la alegría de vivir en Dios.
_¿Quién es, qué es Dios?
_Definitivamente, Dios no es una idea sino alguien. Dios es una persona que se entregó totalmente a mí y se dejó matar por mí. Para mí Cristo es mi Señor, mi amigo, mi maestro, mi modelo de vida. Su entrega tiene un valor especialísimo: Dios es un ser que en lugar de servirse del hombre se pone al servicio del hombre y por eso todo hombre que da su vida por los otros sea un ateo, un marxista, o lo que fuere_, ése, verdaderamente se une a Cristo.
_¿Quién consolidó en usted el cambio de actitud que se atribuye?
_Un sacerdote francés, el abate Pierre, de quien todavía recuerdo una frase decisiva: -Antes de hablarle de Dios a una persona que no tiene techo es mejor conseguirle un techo. Es decir que conseguirle techo a una persona ya es hablarle de Dios. No nos olvidemos que Cristo curaba a los enfermos, les daba de comer a los que tenían hambre y de beber a los que tenían sed. Y no lo hacía : agarrando al hombre por entero. Antes de ingresar en el seminario yo tenía una visión maniquea de la existencia. El alma era buena y el cuerpo malo. Eso viene de Platón, y se metió en la Iglesia con San Agustín; aún perdura esa concepción, sobre todo en lo relativo al sexo. Pero estamos viviendo un amplio proceso de liberación para desterrar esa actitud individualista del seno de la Iglesia. Antes, como muchos de mis compañeros que luego también evolucionaron, yo estaba preocupado por la salvación de mi alma. Luego empecé a preguntarme ¿por qué salvar mi alma y no mi cuerpo cuando esa división no es, precisamente, una actitud cristiana? En la Biblia no se habla nunca de alma y cuerpo; la Biblia es un libro muy carnal, muy concreto, en el cual se define al hombre como polvo que respira.
_¿Qué sucede entonces cuando muere un hombre? Es decir, ¿no es su alma, según las concepciones cristianas, la que asciende al Reino de los Cielos?
_Insisto en la falsedad de esa concepción dual. Ningún teólogo podrá decir nunca que, después de muerto el hombre, el alma queda flotando en algún lugar. Es una visión tonta, materialista, de la resurrección. No sabemos mucho al respecto. Toda imagen que podamos tener después de la muerte de un hombre es muy pobre. Sabemos, sí, que vivirá para que después escucharan el sermón sino porque esa es su manera de amar en Dios. Y suponemos que eso significa que va a estar presente como persona en todos los seres.
_Muchos cristianos siguen aferrados a esa concepción maniquea (alma: buena; cuerpo: malo). Y aún más: persisten en adoptar la posición que usted calificó de individualista. ¿A qué se debe?
_ Una visión distorsionada de la realidad. El cristianismo es esencialmente comunitario. No decimos "padre mío sino padre nuestro. Para entender claramente esto basta con acercarse al pueblo. Estar en contacto directo con él. Cuando yo estaba en el seminario iba a un conventillo de la calle Catamarca. Allí viví algo muy especial _ trascendente en mi evolución_; precisamente en el contacto con los hermanos míos del conventillo descubrí lo que ahora llamaría el subconsciente de Buenos Aires. El día que cayó Perón fui, como siempre al conventillo y encontré escrita en la puerta esta frase: "Sin Perón no hay patria ni Dios. Abajo los curas".
Mientras tanto, en el barrio Norte se habían lanzado a tocar todas las campanas y yo mismo estaba contento con la caída de Perón. Eso revela la alineación en que vivía, propia de mi condición social, de la visión distorsionada de la realidad que yo tenía entonces, y también la Iglesia en la que militaba, aunque ya por esa época muchos sacerdotes vivían en contacto directo con su pueblo. A
_¿Qué papel supone usted que jugó la Iglesia en ese momento?
_ Pienso que entonces algunos sectores de la Iglesia estaban identificados con la oligarquía. No digo que la Iglesia volteó a Perón sino que contribuyó a voltearlo. Pero pienso que también había deterioro en las filas peronistas. Creo que el peronismo perdió fuerza revolucionaria desde la muerte de Evita.
_¿Cuál cree que debe ser su verdadero compromiso con los argentinos, con su pueblo?
_ Pienso, siguiendo las directivas del Epicospado, que debo actuar desde el pueblo y con el pueblo: vivir el compromiso a fondo, conocer las tristezas, las inquietudes, las alegrías de mi gente a fondo, sentirlas en carne propia. Todos los días voy a una villa miseria de Retiro, que se llama Comunicaciones. Allí aprendo y allí enseño el mensaje de Cristo.
_¿Qué mensaje?
_ Los signos concretos del mensaje de Cristo se pueden detectar cuando Él dice: -En esto se conocerá que ustedes son mis amigos, en el amor que se tengan unos a otros. Y el índice de mi adhesión al mensaje de Jesucristo es mi amor real, concreto, palpable, por mis hermanos.
_¿Cómo se manifiesta, cómo se materializa ese amor?
_Es muy significativo que el capítulo 25 del Evangelio de San Mateo (versículos del 30 al 46) Cristo hable del Juicio Final en estos términos: "Cuando el hijo del hombre vuelva con sus ángeles a juzgar a los hombres los reunirá a todos en su presencia y va a separar a unos de otros como el pastor separa a las ovejas de los cabritos. Entonces va a decir a los de su derecha: vengan conmigo benditos de mi padre". Ahí se puede pensar, bueno, vengan conmigo benditos de mi padre porque fueron a pie a Luján, o porque tuvieron mucha devoción a San Cayetano, o porque hicieron y cumplieron muchas promesas, o porque dieron limosna a la Iglesia. Pero Cristo no va a decir eso. Va a decir: -Vengan conmigo, benditos de mi padre, porque tuve hambre y me dieron de comer, porque tuve sed y me dieron de beber, porque estuve en la cárcel y me vinieron a ver, porque estuve enfermo y me curaron, porque anduve desnudo y me vistieron". Es decir que en el Día del Juicio Final vamos a encontrar a la derecha de Dios a mucha gente que jamás pisó una iglesia y que sin embargo estuvo toda su vida amando a Jesucristo, porque estuvo amando de una manera eficaz a su prójimo, a sus hermanos. Y, lo contrario, Cristo va a decir a los de su izquierda estas palabras terribles: -Apártense de mí, malditos, al fuego eterno". ¿Por qué? Bueno, ahí podríamos pensar que porque no hicieron la comunión pascual, que porque no dieron limosnas. Y sin embargo, no.
Cristo va a decirles: -Yo tuve hambre y no me dieron de comer, tuve sed y no me dieron de beber, estuve en la cárcel y no me vinieron a ver... Y lo notable va a ser que algunos preguntarán: `Pero Señor, ¿cuándo te vimos con hambre y no te dimos de comer? Y Cristo responderá: -Cada vez que no lo hicieron con uno de éstos. Y es en ese terreno donde se manifiesta mi amor, mi compromiso y el de todo hombre.
_¿Quiénes cree usted que no se comprometen a ese nivel?
_Aquellos que ven a un tipo sufrir en la villa miseria y dicen: pobre. Aquellos que se compadecen pero pasan de largo y siguen viviendo como burgueses. San Agustín fue muy claro al respecto: -Hay muchos que parece que parece que están adentro de la Iglesia y sin embargo están afuera. Es decir: son muchos los que fueron bautizados o tomaron la comunión pero no tienen amor concreto por su prójimo. Son cristianos muertos, no son cristianos. Por eso hay mucha gente que va a comulgar a misa, cree que comulga pero solamente traga la hostia. Cree que recibe la comunión y no se da cuenta de lo que eso quiere decir. Exactamente: común unión. Y si yo voy a recibir la comunión y soy racista, o sectario, o un explotador que oprime a su hermano, me dice San Pablo: "Ingiero el cuerpo del Señor indignamente; me trago y me bebo mi propia condenación". Porque vivir en el egoísmo, eso es el pecado. Aquel que se la pasa contemplándose el ombligo es un pobre hombre que ya tiene el infierno en vida, que vive en el pecado.
_¿Qué entiende por pecado?
_ Pecar es negarse a amar. No hay pecado sexual: hay pecado contra el amor. Uno peca sexualmente cuando utiliza a una persona como cosa, como objeto. Por eso aquellos que pretenden decir: -Ah, bueno, pero yo tuve relaciones con una prostituta, para descargarme..., esos pecan doblemente. Están contribuyendo con su actitud a mantener un estado de esclavitud, aunque sea aceptado por la persona a la que esclavizan.
_ Entonces son muchos los cristianos que viven en el pecado, que no aman.
_ Son todos aquellos que tienen una imagen desfigurada de Dios. Dios es para ellos el gran súper-yo-castrador y viven con Él una relación mítica, supersticiosa, mágica. Para ellos es un Dios que justifica la inmovilidad, un Dios que permite preguntas tales como -¿Y? ¿Qué vamos a hacerle si existen pobres y ricos?. Ése es el Dios que ataca Marx, ése es el Dios que hace creer a algunos que la religión es el opio de los pueblos. La verdadera fe cristiana, la auténtica fe en Cristo hace trizas esa creencia. Tener fe es amar al prójimo, y eso me moviliza a fondo, tanto como para dar la vida por mis hermanos, tanto como para brindarme íntegramente por ellos.
_ ¿Inclusive hasta el punto de engendrar la violencia masivamente?
_ Ese es un problema demasiado complejo. Toda violencia es consecuencia del pecado del hombre, de su egoísmo. Ahora lo que sucede es esto: en concreto encontramos en América Latina _ incluso en nuestro país_ una situación de violencia institucionalizada.
Es la violencia del hambre. Como dice Helder Cámara "El general hambre mata cada día más hombres que cualquier guerra". Es decir que existe la violencia del sistema, el desorden establecido. Frente a este desorden establecido yo, cristiano, tomo conciencia de que algo hay que hacer y me encuentro entre dos alternativas igualmente válidas: la de la no violencia en la línea de Luther King o la de la violencia en la línea del Che Guevara; hablando en cristiano la violencia en la línea de Camilo Torres. Y pienso que las dos opciones son legítimas. Es erróneo tratar de ideologizar el Evangelio. Decir, por ejemplo, como he oído: Cristo es un guerrillero. Él, personalmente, no fue violento, sólo en algunos casos concretos cuando echó, por ejemplo, a los mercaderes del templo a latigazos. Es decir que Cristo fue solamente muy violento contra los ricos y los fariseos. Creo que la versión en cine menos alejada de lo que Él fue da Pier Paolo Pasolini en su Evangelio según San Mateo.
_¿Pero cuál es, cuál debe ser la actitud del cristiano ante lo que usted
llama el desorden establecido, la violencia organizada del sistema?
_Del Evangelio no podemos sacar en conclusión que hoy, ante el desorden establecido, el cristiano deba usar la fuerza. Pero tampoco podemos sacar en conclusión que no deba usarla. Cualquiera de las dos posiciones significaría ideologizar el Evangelio, que más que una ideología es un mensaje de vida. Pasará Marx, pasará el Che Guevara, pasará Mao, y Cristo quedará. Por eso pienso que es tan compatible con el Evangelio la posición de un Luther King como la ideología de un Camilo Torres.
_¿En cuál de esas tendencias se enrolaría usted?
_ Se me ocurre que actualmente en la de la no violencia. Como dijo Monseñor Devoto: -Yo no soy violento, pero no sé qué va a ser de mí si las cosas siguen así. Pero ojo: pienso que hay muchos que exaltan la no violencia ignorando lo que es. Porque Luther King, uno de sus principales teorizadores, fue asesinado. Es decir: la no violencia no es quedarse en el molde sino denunciar, poner bien de manifiesto la existencia de la violencia institucionalizada. Y para eso también hay que poner el cuero. Pero que esté claro: si yo ante el desorden establecido enfrento lo que llamo la contraviolencia y logro reducir la violencia total, es legítimo que la use. Pero si sólo exacerbo aún más la violencia del sistema contra el pueblo, no puedo menos que pensar que es contraproducente que la utilice.
_Un cristiano, ¿Tiene derecho a matar?
_ No lo sé. Lo que sí está claro es que tiene la obligación de morir por sus hermanos. Pienso que tenemos mucho miedo a la violencia por una actitud individualista. De repente nos escandalizamos porque alguien puso una bomba en la casa de un oligarca, pero no nos escandalizamos de que todos los días en las villas miserias o en el interior del país mueran niños famélicos porque sus padres ganan sueldos de archimiseria. La idea fundamental me parece que ésta: el cristiano tiene que dar la vida por sus hermanos de una manera eficaz. Cada uno verá de acuerdo con su ideología, de acuerdo con la valoración particular que haga de la realidad, con la información que tenga, lo que tiene que hacer.
_¿Cuál debe ser la función de un sacerdote en países desarrollados como Francia, Inglaterra o Italia?
_ Sin duda la misma que en la Argentina, en Bolivia o en Paraguay. También hay explotadores y explotados en Francia (el subproletariado argelino, el subproletariado español), hay miseria, hay villas de emergencia. Yo a esos países los llamo subdesarrollantes, porque son países que viven de los pobres.
_¿Qué piensa que deben hacer los sacerdotes en sociedades socialistas?
_Cumplir con su función habitual: enseñar y amar. Yo no conozco China, pero tengo entendido que allí hay algo positivo: creo que ahora hay 700 millones de chinos que tienen pantalones y antes no sabían que era usarlos. Lo que me preocupa de China es que puede haber algo así como una especie de imperialismo cultural. Es decir, no me gusta que los chinos pretendan exportar su modelo de revolución a todo el mundo. Contra eso tendrían que combatir los sacerdotes, contra el dogmatismo político. Con respecto a los llamados países socialistas de Europa, pienso que son naciones que se encaminan cada día más rápidamente hacia el capitalismo, precisamente porque se metieron con corsé en el socialismo. De todas maneras no me cabe la menor duda de que los pueblos son los verdaderos artífices de su destino y, aunque yo personalmente crea que el sistema menos alejado de la moral y del Evangelio es el socialismo, se me ocurre que en la Argentina tenemos que hacer nuestra revolución, nuestro socialismo, que no necesariamente debe adaptarse a modelos preestablecidos. Además, estoy seguro de que ese proceso pasa, aquí, por el peronismo.
_¿Cuál debe ser para usted la ingerencia de la Iglesia en cuestiones económicas y políticas?¿Cómo justificar el poder económico, las relaciones de la Iglesia con el dinero?
_ No se trata de justificar sino de analizar. El gran escándalo del Concilio Vaticano II fue que se tuviera que hablar allí de la Iglesia de los Pobres, cuando lo natural es que si la Iglesia viviera de acuerdo con la orientación clarísima que le dio Jesucristo, de acuerdo a como fue la Iglesia los primeros siglos, cuando todos poseían sus bienes en común repartidos según las necesidades de los fieles, no debería haberse mencionado el asunto. El cristianismo empieza a degradarse cuando se desarrolla el espíritu de propiedad, y al reconocerlo Constantino (año 313) como religión oficial del Imperio, otorgándole a la Iglesia poder político. Lo natural, insisto, en el Concilio Vaticano, hubiera sido que se levantara un obispo y dijera: -Un momento. ¿Por qué la Iglesia de los Pobres? La Iglesia también es de los ricos. ¿Por qué? Porque la Iglesia también tiene que evangelizar a los ricos, entendiendo por evangelizar a los ricos, ayudarlos a dejar de serlo. Lo cual no significa que tire todo por la ventana sino que ponga todos sus bienes al servicio de la comunidad. Es evidente que es un problema, porque si viene un empresario católico y me dice: -Yo que me convertí, padre, yo quiero realmente vivir el Evangelio, no me queda otro remedio que contestarle que cambie radicalmente el enfoque de su empresa, dándole participación efectiva en las ganancias a todos sus trabajadores. Claro, así la empresa se va a fundir en 15 días porque la competencia la mata. Entonces la otra respuesta para un empresario que quiera vivir realmente el Evangelio está en que se platee seriamente el problema de la revolución.
_Eso es lo mismo que dejar de ser empresario.
_No necesariamente. Si Alberto José Armando (empresario y presidente del Club Boca Juniors) viene a mí y me dice -yo quiero cambiar le contesto que bueno, que le saque todo el jugo a los capitalistas que lo rodean y que con su fabulosas inventiva le cree al pueblo situaciones en las que pueda ser realmente protagonista de su destino.
_A usted se lo acusa de pregonar una filosofía de vida casi rayana en el ascetismo, que no coincide con su manera de vivir, más acorde -se dice- con hombres de su misma extracción social.
_ Usted ve donde vivo: es un cuarto en una terraza de una casa de departamentos bacana, pero un cuarto al fin. Además es cierto: yo soy de origen oligarca, y eso tiene sus limitaciones. El hecho de que a mí nunca me haya faltado nada talvez haya relativizado mi visión de las cosas. Pero también es cierto que a la oligarquía la conozco de adentro y sé, efectiva, concretamente, cuales son sus corrupciones. De todas maneras a mí no me falta absolutamente nada, pero trato de que me sobren cosas.
_¿Cuáles son sus carencias afectivas?¿No se siente frustrado como hombre?
_ No me siento frustrado en absoluto. Pienso que desde el momento en que contraje el compromiso de ser célibe ante Cristo y ante la comunidad me debo a él. Por supuesto el celibato presume una lucha cotidiana. No solamente la lucha en cuanto se refiere al impulso sexual sino en cuanto a la soledad. El problema profundo no es el de la ausencia de contacto carnal, sino la soledad, así, simplemente. Esa es una tensión que vivo permanentemente y por la cual tengo que estar muy sobre mi mismo porque fácilmente se puede desvirtuar mi afectividad.
_¿Ese es uno de los principales conflictos que originó el éxodo de sacerdotes de la Iglesia?
_ Pienso que no, que las raíces de la crisis sacerdotal está en otro lado. Pienso que el sacerdote se siente inútil en muchos lugares; es decir: ha perdido el sentido de su vida. Para mí el sufrimiento más grande que puede tener un ser humano es sentirse demás y eso es lo que le pasa a muchos curas.