viernes, 28 de octubre de 2011

ESMA: las múltiples significaciones de la condena




Si es difícil escribir después de Auschwitz, también lo es después de la ESMA.  ¿Cómo explicar que fue un plan sistemático, pergeñado por las cúpulas militares y encumbrados civiles y hecho suyo por millares de cuadros de los estamentos militares? ¿Cómo simbolizar tal dimensión del horror de la crueldad, de la perversión, del goce de las bestias genocidas? ¿Cómo narrar el sufrimiento de las víctimas, sometidas a un calvario de degradación y destrucción psíquica y física las 24 horas del día en el mundo concentracionario de ese “Casino de Oficiales”, con los tormentos inimaginables para quien no pasó por ellos, con una muerte cruel al final del camino y el intento de hacerlos desaparecer para siempre? ¿Cómo esencializar el padecimiento de los sobrevivientes, en este largo camino de tres décadas, mucho tiempo ignorados, sospechados, incomprendidos, impotentes, revictimizados, con su dolor y su verdad a cuestas?
¿Cómo compatibilizar todo ello, con los conceptos de  “punto final”, “obediencia debida”, “impunidad”? ¿Cómo enterrar el pasado cuando ni siquiera hemos podido enterrar a nuestros muertos detenidos-desaparecidos?
No hay adjetivos posibles, la narración es y será siempre incompleta.
Pero en las últimas horas del miércoles 26 de octubre de 2011, con la primera sentencia del capítulo ESMA, se ha dado un gran paso para resignificar aquella historia. Una sentencia dictada por imperio del propio desarrollo del proceso, a pocas horas de cumplirse un año de la pérdida inconmensurable de la presencia física de Néstor Kirchner, aquel que en su primer discurso, el 25 de mayo de 2003, convocó a todos los argentinos, a compartir el sueño de otra Argentina posible y recuperó los fundamentos éticos del Estado haciendo suya la larga lucha de las Madres y Abuelas de Plaza de Mayo contra la impunidad bajo los principios de Memoria, Verdad y Justicia.
En este sueño cumplido, aunque falta mucho camino por recorrer, las 12 penas  de prisión perpetua a los principales chacales de la ESMA es algo más que un mojón en la historia argentina. Es un baño de dignidad a la conciencia colectiva de nuestro pueblo. Es un acto reparatorio a nuestra condición de Nación asentada en principios éticos y jurídicos plasmados en nuestra Carta Magna, que nos permite mirarnos unos a los otros, sin tener que bajar los ojos de vergüenza.
Es una suprema y múltiple lección, no sólo para este presente venturoso, sino para las generaciones futuras.
Del triunfo de la ley y la justicia, de la ética de la democracia inescindible de los Derechos Humanos, carentes de todo atisbo de odio y venganza. No hay en estas condenas otra cosa que una rigurosa vigencia del Estado de Derecho,  al igual que las que le precedieron en todos los juicios celebrados, que ya han severamente penado a más de 250 genocidas. No se apostó a tribunales internacionales, no se crearon órganos nacionales a este efecto, no se dictaron leyes especiales, ni se efectuaron parodias de juicios sumarísimos. Actuaron y actúan los jueces naturales del orden constitucional, se aplica el Código Penal y el de Procedimientos vigentes para todos los ciudadanos, los juicios son orales y públicos, con todas las garantías del debido proceso legal para los imputados, que gozan de todo el derecho de defensa, no se les ha cercenado la palabra, ni siquiera cuando han hecho apología del terrorismo de Estado y han reafirmado su conducta criminal con arrogancia, sin muestras de arrepentimiento.
Al salir de los Tribunales de Comodoro Py, donde se desarrolló el juicio, sentimos la satisfacción de la dimensión de este día de justicia, instrumento de paz social y de reparación simbólica, como un fuerte aliento, para continuar este camino de cerrar las heridos del pasado, fortaleciendo la Memoria, la Verdad y la Justicia.
Sentimos que los familiares, militantes y ciudadanos anónimos que estaban agolpados en las puertas no eran ellos solos.  Simbolizaban a los millones de ciudadanos que al plebiscitar el día 23 pasado a Cristina ratificaron las políticas públicas de Memoria, Verdad y Justica, que tiene en la presidenta una abanderada consecuente desde toda su vida militante.
Las enormes figuras de Néstor Kirchner, Rodolfo Walsh y Azucena Villaflor, y la de todas las víctimas de la ESMA, poblaron esta noche el emocionado corazón de los argentinos.

El voto y las clases sociales Ezequiel Adamovsky



El resultado de estas elecciones desmiente algunos estereotipos respecto del voto según clases sociales y confirma otros. En las de 2009, parecía una verdad de sentido común que la clase media y la alta habían votado a la oposición, mientras que la clase baja aparecía como único sostén del oficialismo. Si los números de aquel entonces permitían dudar de esa rápida sociología electoral, los de la elección que acaba de terminar confirman su inexactitud. Pero además ilustran cambios efectivos en el comportamiento electoral. El más notable es la recuperación del oficialismo en aquellos distritos en los que había obtenido sus peores resultados en 2009, incluyendo las grandes ciudades y las zonas rurales de la región pampeana. Ya no hay bases para ese escarnio a la clase media de tono setentista que se escuchó hace dos años: el peronismo ha obtenido un gran caudal de votos de ese sector, triunfando incluso en la esquiva Capital y en los principales centros urbanos. El kirchnerismo recuperó incluso una buena cantidad de votos en distritos rurales de la Pampa Húmeda. Las opciones claramente de derecha, que en 2009 habían arrancado amplias porciones de voto incluso entre sectores bajos del Gran Buenos Aires, retrocedieron notoriamente. Existe, sin embargo, una tendencia de clase en el voto que no deja por ello de ser visible. Al oficialismo le ha ido sensiblemente mejor en distritos urbanos con fuerte peso de sectores trabajadores y pobres y visiblemente peor en los más ricos o en los de la región pampeana menos urbanizada. Para la derecha, el escenario fue exactamente el contrario. Este clivaje de clase puede verse en el siguiente cuadro, que compara el desempeño del oficialismo y el PRO en una de las comunas más ricas, en una de las más pobres y en una intermedia:

En la provincia de Buenos Aires, el panorama es similar. Udeso obtiene sus mejores porcentajes en zonas urbanas más ricas y en el campo, mientras que el oficialismo se impone contundentemente en las zonas urbanas más pobres y trabajadoras.


Si el kirchnerismo logra terminar de imprimir una identidad “progresista” al peronismo (que en el pasado nunca tuvo), desplazando a la oposición a una derecha anclada en el voto de clases más acomodadas, la política argentina finalmente se parecerá a la de la Europa del siglo XX, con un clivaje derecha-izquierda más o menos bien superpuesto a las distinciones socioeconómicas, algo que significaría un cambio notorio respecto del pasado nacional. Sin embargo, el sistema de partidos sigue siendo inestable. La incógnita del futuro será seguramente si el Frente Amplio Progresista logra mantenerse en el primer puesto de la oposición que sorpresivamente logró o si, por el contrario, lo harán las fuerzas de derecha, posiblemente acaudilladas por Macri. El lugar ideológico que finalmente asuma la UCR, con o sin el liderazgo de Alfonsín, tampoco resulta claro, aunque el aire progresista que supo tener en tiempos de su padre parece cada vez más lejano.
En el desempeño electoral de la izquierda trotskista, el corte de clase se percibe menos claramente. A pesar de las protestas, la reforma política “proscriptiva” parece haberla beneficiado. Forzada a dejar atrás rencillas internas que antes parecían insalvables, y sin otras fuerzas que le disputaran el voto anticapitalista ni el testimonial, obtuvo un porcentaje algo mayor que el que recibió la suma de los partidos de esa orientación en 2009 (3,02 por ciento en la provincia de Buenos Aires), aunque todavía por debajo de la línea de relevancia. Sus mejores logros no estuvieron necesariamente en los distritos de mayor pobreza o presencia trabajadora. El porcentaje en Capital estuvo bastante por encima del nacional (alimentado no por las comunas más pobres, sino por las más típicamente de clase media, como Caballito, Balvanera, Paternal, Almagro, Floresta y Coghlan). En el Gran Buenos Aires, la media de votos estuvo por encima de la provincial, pero repartida indistintamente en distritos pobres y ricos (incluyendo un excelente desempeño en Vicente López). En este escenario sigue vacante el espacio para una izquierda anticapitalista de nuevo tipo, que esté a la altura del legado de una tradición que supo ser una alternativa deseable, especialmente para los trabajadores.
* Historiador, investigador del Conicet.
.pagina12.com.ar

¿QUÉ QUIERE OBAMA? Atilio A. Boron



¿Por qué Barack Obama querría reunirse con la Presidenta Cristina Fernández? Sobran las conjeturas, pero las escasas –y además crípticas- declaraciones procedentes de Washington remiten a una agenda conteniendo temas tales como la supuesta presencia de grupos terroristas iraníes operando en América Latina, y particularmente en la Argentina, y la excesiva labilidad de la legislación nacional con relación al lavado de dinero, lo que habría originado el bloqueo estadounidense a créditos otorgados por el BID y el Banco Mundial. En realidad, estos asuntos carecen de sustancia: lo de los iraníes es en parte la clásica paranoia de Washington y en parte una táctica para presionar a nuestros países y para aislar, satanizándolo, a Irán. Lo del lavado de dinero es otra acusación que carece de fundamento, sobre todo cuando quien la esgrime tiene a unos cien kilómetros de la Casa Blanca uno de los paraísos fiscales más importantes del mundo: el Estado de Delaware, que publicita por todos los medios que cualquier compañía que instale allí su casa matriz, aunque sea una diminuta oficina, estará eximida del pago de impuestos por todos los ingresos producidos por sus subsidiarias que desarrollen sus actividades fuera de los pequeños límites de este estado, sea dentro de los Estados Unidos o en el exterior. Por eso un sesenta por ciento de las 500 mayores transnacionales listadas en la revista Fortune tienen sus oficinas centrales en ese estado, que además se vanagloria de tener una legislación que “no pone límites a la usura”.

Dados estos antecedentes y teniendo siempre en cuenta que jamás se puede confiar en la mentirosa benevolencia del imperialismo y sus voceros (el que tenga dudas mejor que medite sobre lo ocurrido con Gadafi), la hipótesis que se perfila con más fuerza para comprender el sentido de la invitación de Obama diría que está motivada por el deseo de sabotear, por ahora diplomáticamente, el proyecto integracionista representado por la UNASUR y aislar a los gobiernos de izquierda de la región, principalmente a la Venezuela de Chávez. El Acuerdo del Pacífico, recientemente promovido por Estados Unidos y secundado por México y en Sudamérica por Colombia, Chile y Perú, equivale a introducir el Caballo de Troya dentro de la UNASUR. No es casual que la inesperada solicitud para reunirse durante la Cumbre del G-20 en Cannes haya llegado poco después de que la Presidenta pronunciara dos discursos enfáticamente ‘unasurianos’ el domingo por la noche luego de su rotunda victoria electoral. La enfermiza obsesión de Washington es acabar con el experimento bolivariano y apoderarse del petróleo de Venezuela, como ya lo hizo con el de Irak y Libia. Para los halcones estadounidenses -de los cuales Obama es su solícito mayordomo- la estrecha relación consolidada a lo largo de estos años entre la Argentina y Venezuela es un molesto obstáculo que debe ser removido cuanto antes. La estrategia para el 2012, año en que se celebrará la crucial elección presidencial en Venezuela, es llegar a ese momento con un Chávez debilitado por una intensa campaña desestabilizadora –¡que ya ha comenzado!- que incluye desabastecimientos selectivos de artículos de primera necesidad, asesinatos al voleo hechos por paramilitares colombianos infiltrados ilegalmente en el país o lúmpenes reclutados para instalar una sensación de absoluta inseguridad ciudadana, y la permanente gritería de la “prensa independiente” (en realidad, la única instancia organizativa que tiene la derecha habida cuenta de la debilidad de sus expresiones partidarias) denunciando supuestas restricciones a la libertad de prensa en un país en donde desde un periódico, una radio o una televisora se puede hacer la apología del magnicidio o incitar a la violencia con total impunidad. Dentro de esta estrategia global, apartar a la Argentina del proyecto integracionista sudamericano es un paso táctico de la mayor importancia. Avanzar hacia ese objetivo parecería ser el único sentido posible de la invitación hecha por el mandatario estadounidense.