lunes, 19 de diciembre de 2011

Saber valorar este tiempo para que la historia no se repita


POR Alberto Hugo Emaldi
Fue esa noche en que la indignación ganó las calles para protestar. Fue esa noche en que apenas minutos después de que Fernando De la Rúa dijera que decretaba el “estado de sitio” miles salimos de nuestras casas de todos los barrios y marchamos de manera espontánea al grito de: “Qué boludos, qué boludos, el estado de sitio se lo meten en el culo”.

Fue una pueblada en la que se mezclaban distintos grados de indignación y, hasta tal vez alguna porción de egoísmo por quedar atrapados (algunos) en el corralito de Cavallo. Pero, si se quiere, eso era entendible porque al “sálvese quien pueda” también nos había arrastrado aquel des-gobierno de la Alianza que casi terminó con el país.

Recuerdo que en los balcones del barrio de Caballito -ese conglomerado de clase media que aspira siempre a un poco más aunque el cuero no le dé- las cacerolas sonaban como nunca, después del mensaje de un De la Rúa, a punto de huir en helicóptero.

Casi sin darme cuenta aparecí en la puerta de mi edificio y comencé a caminar hacia la Plaza Primera Junta. Hasta allí me acompañó mi vieja y ahí me dejó. Allí, otros cientos de indignados también se reunían y comenzaba una larga marcha a través de la avenida Rivadavia que desembocaría en las escalinatas del Congreso y la Plaza de Mayo. En cada esquina importante del trayecto se sumaba más y más gente de todos los sectores que uno podía imaginarse. El grito anónimo de “que se vayan todos, que no quede ni uno solo” se escuchaba por primera vez esa noche, aunque se repetiría como una consigna que marcó la historia de aquellos años.

Atrás habían quedado esos minutos del mensaje presidencial con el pretendido “estado de sitio” ninguneado por la propia gente.

Adelante venían horas inciertas, difíciles, y lamentablemente violentas. La brutal represión desatada contra los más pobres dejaba 36 argentinos y argentinas muertos en ciudades de todo el país al cabo de dos jornadas tristemente inolvidables. Las del 19 y 20 de diciembre de 2001.

Hoy, la Argentina vive otro tiempo, distinto al de hace una década. Saber entenderlo y valorarlo con la mirada puesta en lo que vivimos y sufrimos hace diez años es necesario para que aquella historia no se repita. Nunca más.

HACE 31 AÑOS FALLECIA EL COMPAÑERO HECTOR "EL TIO" CAMPORA




Héctor José Cámpora, llamado afectuosamente El Tío por las jóvenes generaciones peronistas de los años 70, nació en Mercedes, provincia de Buenos Aires, el 26 de marzo de 1909. Fue presidente del centro de estudiantes de odontología de la facultad dependiente de la Universidad Nacional de Córdoba en 1930. Culminó la carrera de odontología y decidió radicarse en San Andrés de Giles, provincia de Buenos Aires.

Fue un leal defensor de la Causa Nacional impulsada por el General Perón a partir de 1945. Acompañó a Eva Perón durante su viaje a Europa en 1947. Electo diputado nacional, ejerció la presidencia de la Cámara de diputados entre 1948 y 1952. Tras la muerte de Evita, sectores reaccionarios y nacionalistas desplazaron a moderados e izquierdistas, tanto de la administración del Estado como del entorno del presidente Perón.

En 1955, tras el golpe de Estado por la autodenominada Revolución Libertadora, se presentó ante la justicia para blanquear su situación, sin embargo fue acusado falsamente de corrupción y malversación de fondos y confinado al penal de Ushuaia junto al empresario Jorge Antonio, al dirigente de la resistencia John William Cooke y al líder nacionalista Guillermo Patricio Kelly, quien en varias entrevistas ha recordado que cuando se fugaron de ese penal en 1956, vestidos como mujeres, y cruzaron la frontera con Chile, Cámpora lloraba. Más tarde, ya cerradas las causas judiciales, regresó al país, dedicándose a diversas ocupaciones para sostener a su familia.
En 1971 fue designado delegado personal de Juan Domingo Perón en remplazo de Jorge Daniel Paladino, quien fuera acusado de desnaturalizar la función al haberse convertido en portavoz de la opinión militar. En tal carácter Cámpora llevó a cabo con éxito el plan de Perón para su retorno al poder en 1973, tras el fracaso de la Revolución Argentina y con la apertura que proponía el entonces presidente General Alejandro Agustín Lanusse. Este buscaba una concertación cívico-militar que integrara al pueblo y a las masas peronistas con las Fuerzas Armadas, en un gobierno conducido por militares, idea que llevaba el nombre de Gran Acuerdo Nacional (GAN), lo cual no prosperó.
Cámpora trabajó duramente y logró los objetivos que allanaron las condiciones para el retorno triunfal del peronismo al poder y de Perón a la legalidad y la escena política. Reorganizó el movimiento, creando la rama juvenil (que representaba el creciente peso de la izquierda peronista, en particular la organización político-militar Montoneros) y logrando la afiliación masiva en todos los sectores. Logró acuerdos con otros partidos políticos más pequeños para conformar del Frente Justicialista para la Liberación (FreJuLi); si bien falló en convencer al segundo partido mayoritario, la Unión Cívica Radical, se debió más a la intransigencia de su conductor, Ricardo Balbín, que a una falta de persuasión política. Aceitó acuerdos con el sector empresario a través de la CGE (Confederación General Económica) conducida por el empresario José Ber Gelbard. Pero el logro fundamental en esta etapa fue el exitoso primer retorno de Perón tras 17 años de exilio.
Héctor Cámpora se presentó en las elecciones de marzo de 1973 como candidato por el FreJuLi, debido a la proscripción técnica hacia Perón de la dictadura de Alejandro Agustín Lanusse, que determinaba que los candidatos presidenciales debían acreditar un período previo de residencia en el país, que Perón obviamente no podía satisfacer. La cláusula había sido diseñada ex profeso en contra de la candidatura de Perón. Como vicepresidente de la fórmula fue designado Vicente Solano Lima, del Partido Conservador Popular, un desgajamiento del antiguo conservadurismo de la provincia de Buenos Aires.
La fórmula Cámpora- Solano Lima alcanzó el 49.5% de los votos y la UCR ocupó el segundo lugar con un 25%. Como el FreJuLi no alcanzó más del 50% de los votos la legislación habilitaba una segunda vuelta o ballotage. Sin embargo, para evitar su segura derrota, la UCR renunció a ese derecho y aceptó la victoria de Cámpora, quien asumió el 25 de mayo de 1973, dándose así por finalizado el período dictatorial de la autoproclamada Revolución Argentina. Acudieron al acto de investidura, entre otros, el entonces presidente socialista de Chile, Salvador Allende, y el de Cuba, Osvaldo Dorticós, en la tradicional Plaza de Mayo se concentraron alrededor de un millón de personas para recibirlo.
En consonancia con su promesa electoral y el deseo del pueblo, su primera medida fue -a horas de asumir- liberar los luchadores sociales retenidos en prisión por la dictadura. El Parlamento trató el tema esa misma noche y fueron amnistiados masivamente numerosos presos políticos. El 28 de mayo Argentina reanudó relaciones diplomáticas con Cuba y proveyó a ese país de automóviles e insumos industriales, rompiendo por primera vez el bloqueo económico de Estados Unidose al que había adherido la dictadura.
Como Ministro de Economía Cámpora nombró a José Ber Gelbard, presidente de la Confederación General Económica, facilitando el establecemiento de un "Pacto Social" entre la Confederación General del Trabajo, el empresariado nacional y el Estado, lo que incluía aumento de salarios y congelamiento de precios. Se retornaron los lineamientos económicos de anteriores gobiernos justicialistas: un Estado fuerte e intervencionista y regulador orientado hacia una distribución más justa de la riqueza.
Pero su afinidad ideológica con la izquierda peronista lo enfrentó con la derecha partidaria, representada esencialmente por las cúpulas sindicales, quienes no ocultaban que hubiesen preferido a Antonio Cafiero - ex ministro de economía durante la segunda presidencia de Perón y cercano al sindicalismo- en su lugar. El 20 de junio de 1973, al regresar Perón al país, se produce la llamada Masacre de Ezeiza brutal enfrentamiento entre sectores antagónicos por el control de un palco donde hablaría Perón, ceremonia finalmente abortada. La cifra de muertos se estima en decenas e incluso centenas de personas, pero el hecho nunca fue investigado oficialmente.

Finalmente, el 13 de julio de 1973 y habiéndole retirado Perón el apoyo a su gobierno, Cámpora renuncia al cargo, permitiendo la realización de nuevas elecciones, donde habría de ganar Perón con más del 60% de los votos. El gesto de la renuncia promueve que Perón califique a Cámpora como "extraordinario ciudadano argentino". Al asumir, Perón lo nombra embajador en México. Luego del golpe de Estado de 1976, y encontrándose en el país, debió refugiarse en la embajada de México en Buenos Aires, donde, agobiado por el cáncer, hubo de permanecer durante más de tres años. Obligada por la presión internacional, la dictadura finalmente le permite volar a México, donde muere poco después, en Cuernavaca, el 19 de diciembre de 1980. En 1991 fueron repatriados sus restos. En 2008 fue emplazado su busto en la galería de ex presidentes de la Casa de Gobierno.