martes, 24 de enero de 2012

El asesinato de los abogados de Atocha, y el "juicio" a Baltasar Garzon.

La capilla ardiente se instaló en el Colegio de Abogados.
Fue el colofón de una semana trágica que comenzó con la muerte, a manos de pistoleros fascistas, del estudiante Arturo Ruiz. Latente la legalización del Partido Comunista de España (PCE), los grupos de extrema derecha que se oponían a lo que adivinaban inevitable entraron en una época de hiperactividad.

Hoy se cumplen 35 años desde el brutal atentado terrorista contra unos abogados laboralistas y un trabajador de Comisiones Obreras, en 1977, a manos de un comando de ultraderecha, y hoy como ayer, pasan cosas contradictorias. Su historia ya quedó plasmada en este monográfico en tres partes. Por resumir, tras el éxito de la huelga del transporte privado, tres pistoleros de ultra-derecha, de la Alianza Apostólica Anticomunista (la Triple A, o AAA), irrumpieron en el despacho de los abogados laboralistas que habían llevado el caso de los huelguistas, buscando al líder sindicalista Joaquín Navarro, que no se encontraba allí; los terroristas dispararon a bocajarro contra los indefensos abogados y el empleado, aunque no mataron a todos: fue la culminación de unas jornadas de violencia inédita, cuyo antecedente más directo fue el secuestro de Villaescusa y de Oriol por GRAPO (posible grupo de ultraderecha disfrazado de revolucionario de extrema-izquierda), con los asesinatos, durante manifestaciones por la amnistía, de Arturo Ruiz, a manos de los Guerrilleros de Cristo Rey, y de María Luz Nájera, a manos de las fuerzas antidisturbios de la policía armada. La noche del 24 de enero se produjeron incidentes similares, sin heridos, en varias centrales de los sindicatos, y mucha gente, temiendo una “noche de los cristales rotos”, no durmió en sus propias casas. Pero las cosas habían cambiado algo, gracias al gobierno de Suárez, y la policía detiene a varios militantes de Fuerza Nueva y de los grupos paramilitares, junto a personalidades de la ultra-derecha como el repugnante filo-nazi Blas Piñar, Girón de Velasco (antiguo jefe de los sindicatos verticales) o Mariano Covisa, fundador de Cristo Rey. Pero incluso las sentencias condenatorias fueron suaves, y muchos de ellos se fugaron o salieron antes de tiempo.
garzonSe dan hoy varias circunstancias que sacan a la luz que han quedado muchas cosas pendientes. En primer lugar, justo hoy, comienza el juicio contra Baltasar Garzón, acusado por el pseudo-sindicato Manos Limpias –fundado por gente de Fuerza Nueva, de Piñar-, por iniciar la investigación de los crímenes del franquismo; esto días de atrás, el que ocupara varios cargos durante la dictadura y fundara el partido del franquismo sociológico, Manuel Fraga, recibe honores de Estado mientras los medios de comunicación callan cuidadosamente su responsabilidad en varios asesinatos oficiales. Incluso en esto tuvo su parte de culpa, pues fue ministro de la Gobernación durante 1975 y 1976, año en el que se recrudece la actividad de los grupos paramilitares de ultra-derecha, muchos de ellos, no sólo al servicio, sino también miembros, del sindicato vertical y de la policía política, la brigada político-social: pongo Montejurra por caso y los atentados del Batallón Vasco-Español en el País Vasco, tanto español como francés. Y mientras rendimos honores al tío más listo del búnker, al más trepa de la vieja guardia, a éstos, que sin querer dieron su vida por la dignidad de la clase obrera y de las libertades democráticas en este país, cuya muerte impulso realmente el proceso democrático con la escalofriante muestra de civismo y responsabilidad de la ciudadanía y de los militantes y simpatizantes del PCE durante su funeral –“Madrid: capital del dolor y la gloria”, era el titular de un periódico- no hablará ni uno de los descendientes del pomposamente llamado “padre de la democracia”… Porque hay muchos de ellos que tienen por donde callar. Y sobre Garzón, hago mía las palabras del presidente de la fundación Human Funeral_abogados_AtochaRights Watch, Reed Brody, "es la primera vez que se procesa a un juez por defender los derechos humanos; la primera vez en la UE que un juez es sometido al derecho penal por defender derechos humanos y perseguir crímenes internacionales" (Diario de Mallorca), y aseveraba que, si era declarado culpable, eso diría nada bueno sobre la justicia española. Pero mientras el mundo contempla con el corazón en un puño el juicio contra Garzón, paréceme a mí que el funeral del ex-ministro no ha sido seguido por la prensa internacional más allá de una breve reseña, y quizás diciendo lo que aquí la prensa oficial calla. Si, como colofón de todo esto, Garzón es declarado culpable, se habrá demostrado la clase de hienas que gobiernan este país hermoso.
Pero mi recuerdo es para quien vale la pena, para quien realmente luchó a pesar de todos los peligros, y para el que trabaja la tierra. A ellos les dedico esta canción de Labordeta, de su disco Que no amanece por nada (1978), del cual, algunas frases tienen una escandalosa realidad.
¡Gloria a los muertos del mundo del Trabajo!
monumento-a-los-abogados-de-atocha-19771
Compañeros
Compañero, compañero, 
hasta aquí ya hemos llegado, 
atrás dejamos la noche 
con la violencia y el miedo.
Dejamos en los caminos 
compañeros que no han vuelto, 
que no han podido seguir 
contra este brutal esfuerzo.
Qué larga ha sido la noche, 
y el alba que tanto tarda: 
salid al camino hermanos 
que no amanece por nada,
y en nombre de los caídos, 
de los que nunca llegaron, 
hagamos de su esperanza 
tiempos de hombres renovados.
Vamos ahora, compañeros, 
a defender lo alcanzado 
y a seguir hacia delante, 
la lucha no ha terminado.
Defendamos os salarios, 
los panizos y los ríos, 
la igualdad entre los hombres, 
las montañas y los trigos.
Qué larga ha sido la noche, 
y el alba que tanto tarda: 
Salid al camino, hermanos, 
que no amanece por nada.
José Antonio Labordeta
Luis J. Benavides (asesinado);  Alejandro Ruiz (herido);  Enrique Valdelvira (asesinado);  Javier Sauquillo (asesinado);  Luis Ramos (herido);  Mª Dolores García (herida);  Serafín Holgado (asesinado);  Miguel Sarabia (herido);  Ángel Rodríguez (asesinado)
                http://albokari2.wordpress.com/

GRONDONA, FRAGA IRIBARNE, PIÑERA, Y SU DESEO DE VER A MACRI PRESIDENTE!!!



LA NOTA PANFLETARIA DE CADA DIA DE MARIANITO GRONDONA, Y SU AMOR POR EL "BIPARTIDISMO" DE IZQUIERDA Y SU DERECHA MACRISTA!!!

Nadie asume la centroderecha y eso es necesario para el bipartidismo

La renguera política argentina

Por Mariano Grondona | LA NACION

Se ha vuelto un lugar común sostener que la distinción entre izquierda y derecha es anacrónica. ¿Es esto verdaderamente así? La pregunta es válida porque, consciente o inconscientemente, seguimos ubicando a un partido o a un líder "a la izquierda de" o "a la derecha de" algún otro. Pero este hábito, que es bienvenido entre nosotros por los hombres y las mujeres "de izquierda", es resistido en el territorio de "la derecha".
Son muchos más los intelectuales, como aquellos nucleados en Carta Abierta y como los artistas argentinos que aplauden a la presidenta Kirchner, que prefieren ser llamados "de izquierda" que los que evitan cuidadosamente que se los califique "de derecha" aunque en verdad lo sean, porque ser de derecha se ha convertido en la Argentina en una herejía expuesta a la excomunión política.
Negar la distinción entre izquierdas y derechas es un recurso que emplean los derechistas, para evitar la demonización. Los izquierdistas están orgullosos de que así se los llame porque de este modo se sienten "progresistas". Los derechistas no quieren, en cambio, ser alojados a la derecha del cuadro político porque no desean que se los llame "reaccionarios". Aceptan, eso sí, que se los ubique en el "centro". Pero el "centro", ¿no es, después de todo, una derecha vergonzante? El debate ideológico entre la izquierda y la derecha es una cancha inclinada en favor de aquélla y en contra de ésta.
Lo que observamos en la Argentina no pasa, sin embargo, en otros países. A los conservadores ingleses no les da vergüenza que los consideren de derecha, mientras a su izquierda se ubican los laboristas. En los Estados Unidos, nadie niega que los republicanos están situados a la derecha de los demócratas. En España, la derecha del Partido Popular acaba de reemplazar en el poder a la izquierda del Partido Socialista (PSOE) y viene de despedir con abierto dolor a uno de sus grandes líderes, Manuel Fraga Iribarne. En Chile, la izquierda de la Concertación Democrática fue derrotada en enero de 2010 por Sebastián Piñera, un político y empresario de derecha, en tanto que, en Francia, el presidente Nicolas Sarkozy luchará desde la derecha por la reelección frente al socialista François Hollande. Pareciera normal en otros países que la derecha y la izquierda se reconozcan mutuamente como adversarios legítimos y se alternen periódicamente en el poder, pero esto no ocurre en la Argentina, donde sería políticamente suicida confesarse de derecha. ¿Por qué la Argentina es diferente de otras naciones en esta materia?
Que otros países cuenten con una derecha y una izquierda dispuestas a competir entre ellas sin por eso descalificarse mutuamente es normal en las democracias bien balanceadas. La vida política de las democracias bien balanceadas se parece al andar de un caminante no aquejado de renguera que, para avanzar, se apoya alternativamente en sus dos piernas. La "pierna derecha" de las democracias ama el orden y enfatiza la inversión. La "pierna izquierda" ama el predominio de lo social sobre lo individual y enfatiza la distribución. ¿Quién decide cuándo le toca el turno de gobernar a cada una de estas expresiones de la vida política? El pueblo. En las democracias bien balanceadas, el papel del pueblo es asignar los turnos cuando le toca votar.
¿Por qué la Argentina no ha logrado formar, como otros países, un bipartidismo equilibrado? Quizá sea por la culpa concurrente de los conservadores, los radicales y los peronistas, sus tres partidos históricos. En 1928, la democracia argentina era bipartidaria: conservadora y radical. Sin embargo, en 1930 los conservadores desesperaron de la democracia y cometieron el mayor de sus pecados al llamar a escena a un nuevo actor, el árbitro militar. Esto les valió a los conservadores que los radicales primero y los peronistas después descalificaran a los años 30, llamándolos "la década infame".
A partir de 1946, cuando Perón ganó las elecciones presidenciales, pudo haberse formado un bipartidismo peronista-radical en lugar del frustrado bipartidismo conservador-radical, pero esto tampoco fue posible por la culpa compartida de los radicales y los peronistas. La culpa radical se manifestó al poco tiempo de triunfar Perón, cuando la Unión Cívica Radical, en lugar de ponerse a la derecha del peronismo para constituir con él un nuevo binomio "clásico" de una izquierda peronista y una derecha radical, viró también hacia su izquierda y no se declaró "alvearista" -la derecha radical-, sino "yrigoyenista" -la izquierda radical-. De ahí en más intentó competir con el peronismo a la izquierda del centro, de modo que el país no contó con un bipartidismo de izquierda y de derecha, sino con dos partidos inclinados hacia la izquierda, algo así como un "bipopulismo". En esta extraña configuración política, el peronismo llevó casi siempre las de ganar.
Pero también al peronismo le cabe su parte de culpa por la impotencia argentina en la tarea de conformar un bipartidismo "normal". Esta culpa consistió, de un lado, en la tendencia autoritaria del peronismo, que nunca aceptó compartir el protagonismo con otro partido salvo en el fugaz abrazo de Perón y Balbín en 1973 y, del otro lado, en el "movimientismo" que caracterizó al peronismo, bajo cuyo impulso se "movió" de izquierda a derecha, o viceversa, según se lo aconsejaran las circunstancias, ocupando de este modo una suerte de pole position que lo llevó a ser de derecha bajo Menem en los años 90 y a ser de izquierda bajo los Kirchner en los años 2000, sin dejar de este modo ningún resquicio para que otro partido compartiera con él un sistema binario.
Es como si el caminante del ejemplo que dimos más arriba, en lugar de pisar con su pierna derecha y con su pierna izquierda sucesivamente, permitiendo así que ambas piernas participaran de la caminata, se hubiera armado de un "bastón" para reforzar a veces a su pie izquierdo y otras veces a su pie derecho, impidiendo de este modo que un segundo protagonista compartiera con él la responsabilidad de asegurar la marcha armónica del sistema político.
En tiempos de la Guerra Fría, la Unión Soviética, situada a la izquierda, compitió con los Estados Unidos, situados a su derecha, por el poder mundial. Los dos grandes rivales de la Guerra Fría se necesitaban en cierto modo uno al otro, y por eso el tratadista Raymond Aron los llamó "hermanos-enemigos" hasta que, en 1991, la Unión Soviética murió por implosión.
Cada uno a su turno, nuestros tres partidos históricos no consiguieron vertebrar un sistema que tuviera a dos de ellos como hermanos-enemigos. El dualismo político no consiguió afianzarse entre nosotros. Vivimos en consecuencia en un país asimétrico, en el cual a la izquierda se le permite ser de izquierda extrema y de centroizquierda, mientras que cada vez que se habla de la derecha en la Argentina se la considera casi automáticamente "fascista", de extrema derecha.
Esto es irracional porque un sistema bipartidario bien equilibrado debe estar formado por una centroizquierda y una centroderecha mutuamente tolerantes. Por eso llama la atención que el kirchnerismo, hoy en el poder, tenga el deseo inocultable de erradicar al macrismo en vez de reconocer que lo necesita para formar un sistema de "hermanos-enemigos" junto con él.
Si se llegara a configurar un sistema binario kirchnerista-macrista, sería además una buena manera de darle al kirchnerismo algunos años más en el poder hasta el día aún lejano en que a Macri o a sus sucesores les llegue la misma oportunidad que tuvo Piñera en Chile después de luchar veinte años desde la oposición.
¿Tendrá el kirchnerismo la sabiduría de facilitar el acceso del macrismo a un sistema binario de poder, o querrá monopolizar sin término nuestra vida política, cayendo en el absurdo de querer el poder solamente para él y para siempre e ignorando así que la aspiración de un poder absoluto y "eterno", que caracterizó a todos los poderosos de cualquier signo, tanto militares como civiles y tanto peronistas como antiperonistas, desde 1930 en adelante, fue la causa recurrente de nuestras catástrofes institucionales?
¿Lograremos armar finalmente un sistema político que, como el caminante que no cojea del ejemplo, marche con la ayuda de sus dos piernas, o seguiremos siendo la nación inmadura, políticamente "renga", que hemos sido desde la fatal jornada del 6 de septiembre de 1930?