domingo, 12 de febrero de 2012

SANTA FE ESTA FUNDIDA POR LOS "SOCIALISTAS"!!!


QUE HICIERON CON LOS 1.500 MILLONES DE PESOS QUE LES DEJO "EL BRIGADIER DE LA DERROTA", EL EX GOBERNADOR, TURCO TRAIDOR DON OBEID!!!

EL DEFICIT PROVINCIAL SUPERO LOS 1.630 MILLONES DE PESOS DURANTE EL AÑO PASADO

Números que no le cierran al gobierno

El dato, que aún no figura en la página del Ministerio de Economía, fue puesto sobre la mesa en la paritaria docente que arrancó el miércoles. Los funcionarios afirmaron que analizan la posibilidad de pedir un crédito para pagar sueldos.
El déficit de las cuentas públicas en 2011 superó los 1.630 millones de pesos, según reconocieron funcionarios del gabinete de Antonio Bonfatti en la paritaria docente que arrancó esta semana. La cifra aún no fue publicada en la página del Ministerio de Economía, que ﷓-hasta ahora﷓- admitió un rojo de 1.020 millones al 30 de noviembre y una proyección de 1.596 millones al cabo del año, pero le falta incluir los números de diciembre. Los dirigentes sindicales interpretaron el informe económico como una valoración política del gobierno sobre el contexto en que se realizará la discusión salarial. "Es para tengamos en cuenta la situación financiera de la provincia", dijo el secretario general de Sadop, Pedro Bayúgar. Su colega de Amsafe, Sonia Alesso coincidió que la discusión paritaria en la que ya reclamó un aumento del 25 al 27 por ciento para todo el escalafón docente será más difícil que en 2011. "Creo que vamos a tener un año más complejo", agregó.
Alesso, Bayúgar y hasta la ministra de Educación, Letizia Mengarelli, dijeron a Rosario/12 que los datos sobre el desequilibrio presupuestario en 2011 y la cifra final del déficit: 1.630 millones fueron aportados por un funcionario del ministro Angel Sciara. En la reunión del miércoles, en la sede del Ministerio de Trabajo, participó el secretario de Planificación y Política Económica del Ministerio de Economía, Pablo Olivares.
"Nos dijeron que el déficit de la provincia superó el año pasado los 1.630 millones de pesos y nos explicaron las causas, como para que tengamos en cuenta la situación en la que estamos", comentó Bayúgar.
Alesso dijo que escuchó la misma cifra: 1.630 millones en rojo. "Y una explicación compleja con respecto a la composición del déficit y a las dificultades financieras del gobierno", agregó.
-¿Qué explicación les dieron por el retraso en los pagos de salarios y jubilaciones? -preguntó Rosario/12.
-Que la provincia había tenido problemas por la recaudación y el déficit del año pasado.
-¿Comentaron si el gobierno contempla la posibilidad de pedir algún préstamo para pagar sueldos?
-Nos dijeron que lo están analizando. Yo no tengo precisiones, pero nos dijeron que era una de las posibilidades que estaban analizando -contestó Alesso.
La ministra de Educación confirmó que el informe económico y los datos sobre el déficit de 1.630 millones apuntaron a "poner en contexto la discusión paritaria". "Se hizo un informe sobre el estado de las finanzas, las razones y causales de esta situación. Por supuesto, es necesario de ambas partes enmarcar una discusión y ese marco ha sido transmitido por un funcionario del Ministerio de Economía, de modo que se ha formalizado en esta mesa, lo que ya era de conocimiento público", explicó Mengarelli.
-¿Y cuáles son las razones de este déficit?
-Tienen que ver con las recomposiciones salariales, por los momentos que se plantean y se llevan a cabo los presupuestos provinciales. Eso ha quedado expuesto, de qué manera esto ha transcurrido a lo largo del año pasado y en qué condiciones estamos para este año -contestó.
Mengarelli negó que las dificultades financieras hayan obligado al gobierno a demorar el pago de los salarios públicos. "No hubo un retraso, sino una reprogramación, sólo en algunas categorías fue un día de desplazamiento. Y esto tiene que ver con meses atípicos en términos de recaudación. Entonces, se han reprogramado los pagos dentro de los plazos legales para poder cumplir con los compromisos de la provincia", explicó.
-¿Se comentó la posibilidad de que el gobierno tome un crédito para pagar los salarios de la provincia?
-Todo está siendo analizado por el Ministerio de Economía, no puedo responder en términos de especialistas.
-¿La provincia se tuvo que endeudar para pagar los salarios?
-Esos son mecanismos propios del Ministerio de Economía. Nosotros hemos cumplido con los compromisos y hemos tenido la recaudación necesaria para poder hacerlo. En este momento, solo Economía puede, y no sé en qué términos, hacer una previsión para los meses subsiguientes -﷓concluyó la ministra de Educación.



Diego: “Soy un soldado más de Cristina”


La escuché hablar a Cristina y soy un soldado más. Odio la guerra, pero me parece que lo que está haciendo Inglaterra es una provocación terrible y asquerosa, sin ninguna duda. ¿Nos tratan a nosotros de colonialistas? Estamos en 2012, muchachos. Vamos a vivir la realidad, a decir las cosas que son.  Las Islas Malvinas quedan a media cuadra de Juan B. Justo, no al lado de Londres.” La voz de Diego Maradona se sumó ayer a las muchas que en los últimos días salieron a reivindicar la soberanía argentina sobre las islas.
Durante una entrevista con el programa Perros de la Calle, de la FM Metro, el astro del fútbol argentino se refirió desde Dubai, donde reside actualmente, al conflicto en clave pasada y presente: “Me da mucha bronca porque nosotros estamos defendiendo algo propio, nuestro, donde murieron muchos chicos. Encima no se olviden que hay varios de al lado nuestro que nos vendieron, he leído mucho y le pasaban información de donde estaban los pibes, más la tecnología de Estados Unidos. Era como matarlos como pajaritos. Todo esto te lleva a tener un sentimiento muy grande por todos los chicos muertos, no sólo los que murieron por las balas sino también de frío y los mandaban igual, mandaban a los correntinos, santiagueños tucumanos. Y somos todos argentinos.”

Por: 
Tiempo Argentino

Malvinas, la locura de las guerras Por Eduardo Anguita


Durante los 45 días de operaciones de combate en el Atlántico Sur, además de los 323 muertos por el hundimiento del crucero General Belgrano, murieron en combate 326 soldados argentinos. La cifra de suicidios de ex combatientes superó ese número. Las estimaciones varían entre 350 y 450 casos y las diferencias de apreciación es por si se suman o no aquellos casos de personas que murieron en accidentes o enfermedades que pudieron tener como un componente fundamental el hecho de haber quedado marcados por haber estado en una guerra. Sólo para evitar confusiones, la tasa anual de suicidios en Argentina es de 8,2 casos cada 100.000 habitantes, de acuerdo con datos del Ministerio de Salud de la Nación. Si en los frentes de combate hubo unos 14.000 hombres, la tasa resulta entre 12 y 15 veces mayor.
Hace seis años, un periodista de La Nación, Oliver Galak, a raíz del suicidio de un ex combatiente se preguntaba: “¿Por qué Argentina ha olvidado a sus ex-combatientes de la guerra de Malvinas? ¿Será acaso porque Argentina no soporta la derrota sufrida y quiere esconderla debajo de la alfombra? ¿Será acaso porque su clase política, tras más de 20 años, tiene mucho que esconder? ¿Será acaso porque la Argentina no soporta mirar cara a cara a los hombres que mandó a la muerte, mintiéndoles?”. Una serie de preguntas de apariencia punzante y, sin embargo, todas ellas sólo útiles para sembrar confusión. Un trabajo revelador de dos psicoanalistas franceses –Françoise Davoine y Jean Gaudillère– (Historia y trauma - la locura de las guerras) contiene una serie de advertencias sobre las conductas de quienes estuvieron en frentes de combate.
De manera resumida serían las siguientes. La negación: lo que pasó no pasó. La culpa del sobreviviente: por qué ellos y no nosotros. La perversión del juicio: las víctimas son las culpables. La fascinación por los criminales. Este último concepto, aclaran los autores, es tomado por Hanna Arendt en su trabajo Los orígenes del totalitarismo.
Estas recomendaciones pueden resultar no sólo de carácter universal sino que pueden muy bien ser tomadas como punto de referencia para analizar las conductas de quienes, como Galak, no estuvieron en la guerra pero pervierten, en pocos párrafos, lo sucedido en 1982 en Malvinas. Lo confirman los deslices del periodista al poner como sujeto a “la Argentina” y no a la dictadura, así como de interpelar a “la clase política” porque “tiene mucho que esconder” en cambio de abordar el discurso de La Nación durante la dictadura y particularmente en la cobertura del conflicto bélico.
Pero hay un aspecto referido a “la Argentina” que va más allá de discriminar las responsabilidades de quienes mandaron soldados conscriptos poco instruidos a un escenario bélico. Concretamente, la idea, generalizada en estas latitudes, de que los británicos salieron menos lastimados que los argentinos. Esa creencia se basa en distintas verdades consabidas: que son un Imperio acostumbrado a la guerra, que salieron victoriosos del conflicto y que, además, sus soldados profesionales están entrenados física y mentalmente para matar y morir.
Los suicidios, lejos de ser un problema exclusivo de los argentinos –derrotados–, afectaron también a los soldados victoriosos. Un artículo del Daily Mail –segundo periódico más leído de Gran Bretaña y tabloide, al igual que La Nación– publicado cuando se cumplían 20 años del conflicto y no 30 como ahora, consignaba que una “shockeante y poco conocida historia en la guerra de Malvinas se conoce hoy: más veteranos se suicidaron que el número de soldados muertos en acción”. El artículo, al igual que el de Galak cuatro años después en La Nación, tomaba como base el suicidio de “un héroe de guerra” inglés. La cantidad de veteranos ingleses que se quitaron la vida era –en 2002– de 264, mientras que los caídos “en servicio activo” habían sido 255. La elaboración de estos datos fue brindada por la South Atlantic Medal Association (Asociación de la Medalla del Atlántico Sur), una asociación que entrega a sus socios –ex combatientes– una insignia colgante con la cara de la Reina Isabel que lleva como inscripción Dei Gratia Regina (Reina por la gracia de Dios). Es decir, la escena resulta por lo menos bizarra: una organización identificada con el imperio que manda a la guerra es la misma que revela las consecuencias del conflicto una vez que se silencian los cañones.
¿Qué hizo la Argentina? Un diálogo con Silvia Bentolila, médica psiquiatra, resultó para este cronista muy ilustrativo de cómo fueron atendidos –o contenidos– muchos veteranos de guerra. En 1997, cuando Bentolila era jefa de servicio en el Hospital Paroissien de La Matanza, se creó un programa de atención a ex combatientes. Los primeros que se acercaban al hospital trabajaron con los médicos y psicólogos no sólo para tratar sus propias situaciones del llamado estrés postraumático, sino que también actuaron como mediadores con otros ex soldados que estaban aislados –mayoritariamente deprimidos– y a los que estimularon para tomar contacto con el programa. Tuvieron un 0800 que funcionaba las 24 horas y atención a los pacientes durante ocho horas diarias. Los médicos llevaron la experiencia al resto la Región Sanitaria VII y se expandió a otros hospitales bonaerenses. Fue la salud pública la que se ocupó de los malvineros precisamente en un momento donde todo era privatizado, incluso mientras el ministro de Salud de la Nación era Alberto Mazza, un empresario del negocio de la hotelería hospitalaria privada de lujo que tocaba la misma melodía que sonaba en todas las otras áreas. Quizá no haya un relato épico de lo actuado por los médicos y psicólogos de un hospital matancero. Pero convendría tomar dimensión de algo más grave que las propias limitaciones, que sin duda las hubo, respecto de haberle abierto las puertas a los veteranos.
Es cierto que por muchos años la sociedad argentina estuvo desmalvinizada. Por diferentes motivos, por diferentes prioridades. Ahora, más allá del calendario, sucede que Gran Bretaña vio agotadas sus reservas de petróleo en el mar del Norte y todo indica que detectó reservas en la zona de Malvinas. Esto, sumado al discurso autoritario y belicista de David Cameron, llevó al gobierno argentino a ser más enérgico en el tema. Entonces, cabe preguntarse si esta reafirmación de la voluntad de soberanía en las islas puede reavivar los fantasmas de guerra, especialmente entre quienes estuvieron en el frente. La respuesta no puede ser unívoca pero requiere de atención: la sensibilidad de quienes quedaron perturbados por la guerra puede verse alterada, seguramente de maneras muy distintas y sería muy pertinente que los servicios de salud pública para los veteranos se reactiven. Sin perjuicio de ello, lo mejor que puede pasar, tanto a quienes estuvieron en el frente como quienes no, es aventar fantasmas de posibles conflictos bélicos. El reclamo de soberanía del Gobierno es pacífico, recurre a los mecanismos diplomáticos y a la solidaridad de los pueblos latinoamericanos, que conocen en sus historias los mismos tipos de atropellos imperiales de los que somos objeto los argentinos y no sólo por Malvinas.
La náusea. Las guerras constituyen circunstancias extremas en las sociedades humanas. Desmoronan los vínculos, crean héroes de personas ordinarias, terminan con las vidas. Las naciones constituyen la categoría cultural de identidad más extendida entre los humanos y son, además, los ámbitos en los cuales algunos humanos pueden relacionarse con otros humanos en espacios tales como las Naciones Unidas, la Organización Mundial de Comercio o el Banco Mundial. También tiene organismos específicos para regular los conflictos bélicos y allí aparece la importancia del Consejo de Seguridad de Naciones Unidas, donde cinco naciones tienen el privilegio de ser miembros permanentes. Estas categorías de naciones son, entonces, imprescindibles. Tienen, a la hora de los escenarios de guerra, tanta importancia como los cañones o los barcos. Es más, una diplomacia firme y decidida puede lograr triunfos que jamás podrían conseguirse mediante un conflicto armado. En ese sentido, vale la pena rescatar un concepto tratado por Hanna Arendt y que es la identificación de las elites sociales con “el populacho”, un concepto peyorativo pero que intenta dar cuenta de que la apelación al patriotismo o al militarismo suele ser una retórica impulsada por los poderosos y tomada por sectores medios empobrecidos o directamente sectores populares.
La guerra no sólo es nauseabunda en los escenarios donde se mata gente. Lo es después. Las cifras de suicidios entre ex combatientes argentinos y británicos son indicativas de que no sólo perdura en el tiempo en la eliminación de vidas, sino que puede ser cruel con victoriosos y derrotados, con profesionales de la guerra o con colimbas voluntariosos. La lucha por la soberanía no es un fantasma bélico. Es un reclamo legítimo de una comunidad nacional –Argentina– que no va a ser apoyada por los ciudadanos de otra comunidad, la británica. Eso no debería alimentar los fantasmas de la guerra. Antes de pensar, por ejemplo, que es importante ganarle a los ingleses en un match deportivo, sería bueno tener presente que la locura de la guerra llevó a muchos argentinos y a muchos ingleses a no poder seguir viviendo y eligieron ser sus propios victimarios.