lunes, 29 de octubre de 2012

Eudeba dice que el prólogo del Nunca Más "no lleva" la firma de Sabato

La editorial de la Universidad de Buenos Aires informó oficialmente que "tanto la edición de 2012 como la primera edición de 1984" no contaban con la rúbrica del escritor

Tras la publicación de una nota de opinión de la periodista Magdalena Ruíz Guiñazú , en la que se denunciaba que la firma del escritor Ernesto Sabato había sido "omitida" de la última edición del prólogo al libro Nunca Más, la Editorial de la Universidad de Buenos Aires aclaró que ese documento no contaba con la rúbrica del escritor argentino.
En un comunicado oficial, la editorial advirtió:
"A propósito de la nota publicada hoy en la edición impresa y on line del diario LA NACION por Magdalena Ruiz Guiñazú titulada Robar a los Muertos , la Editorial Universitaria de Buenos Aires quiere informar que tanto la edición 2012 del libro Nunca Mas al igual que la primera edición publicada en 1984, no llevan la firma de Don Ernesto Sábato en el prólogo".
http://es.scribd.com/doc/111462507/Nunca-mas-1ra-edicion (CLICK ACA PARA VER EN PDF "NUNCA MAS" PRIMERA EDICION 1984, EDITORIAL EUDEBA.)
Tapa de la Primera Edición (1984)

































Magdalena Ruíz Guiñazú había afirmado que en el Nunca Más, "la publicación, con fecha marzo 2012, 8» edición, 4» reimpresión, no solamente sigue anteponiendo (exactamente desde marzo de 2006) un prólogo firmado por la Secretaría de Derechos Humanos de la Nación al prólogo original que Ernesto Sabato firmó en el momento de su primera publicación, sino que hoy omite definitivamente la firma de Sabato para entrar directamente en materia, como si este fundamental Informe (que sirvió de base al juicio a las juntas de comandantes de la dictadura) fuera un documento anónimo".
Consultado por LA NACION, Mario Sábato, hijo del escritor, dijo que no tiene la primera edición del Nunca Más porque se la robaron, aunque posee la edición del 2003, que no tiene la firma de su padre. "Todos sabemos que ese prólogo lo escribió mi padre, aunque no esté su firma. Pero sí sería bueno para las nuevas generaciones, que no tienen nuestra memoria, que el prólogo llevara la firma de Ernesto Sábato", aseguró.





Magdalena: ¿robar a los muertos o engañar los vivos? Por Dante Palma.





En una nota titulada “Robar a los muertos” http://www.lanacion.com.ar/1521586-robar-a-los-muertos, Magdalena Ruíz Guiñazú, acusa veladamente al gobierno nacional de realizar una operación más en pos de apropiarse de la ecuménica política de los derechos humanos. En este caso se trataría de una acción del kirchnerismo sobre la firma de Ernesto Sábato en el prólogo de Nunca Más.  Siendo más específico, la periodista de Radio Continental y miembro de la CONADEP, indica que en la última edición de marzo de 2012 de la editorial Eudeba, no sólo se mantiene el agregado o “Pré-prólogo” kirchnerista incluido en la edición de 2006 sino que el Prólogo original aparece sin la firma (de Sabato).

Este aparente sacrilegio permite, a la reconocida opositora, realizar una breve reflexión sobre la tergiversación de la memoria histórica y encontrar un resquicio para una chicana por la cual traza una insólita línea de continuidad entre el gobierno peronista que dio luz a la Triple A y la actual conducción del país.

Sin embargo, Ruíz Guiñazú omite varias cosas. La más importante es aquella que le da sentido a la nota, pues, como indica el Comunicado de la Editorial Eudeba, no hay edición del Nunca Más desde 1984 hasta la fecha en la que el prólogo original lleve la firma de Sábato. Así, la nota pierde todo sentido y hasta el título “Robar a los muertos”, vinculado al modo en que se estaría actuando sobre una propiedad del ya fallecido Ernesto Sábato, deviene acusación abstracta. En este sentido se espera que en las próximas horas, la autora, el diario y todos aquellos referentes públicos que se informan a través de ellos y reprodujeron la nota como un hallazgo y una demostración más del autoritarismo kirchnerista, se rectifiquen.

Por último, si alguien dijera que es sabido que ese prólogo fue escrito por Sabato más allá de que nunca llevó su firma, debemos darle la razón y justamente comentarle que ése es el motivo por el cual se indica que el autor de Sobre héroes y tumbas defiende “la teoría de los dos demonios”. Puntualmente, tal defensa estaría en la primera frase de su prólogo, a saber:  “durante la década del 70 la Argentina fue convulsionada por un terror que provenía tanto desde la extrema derecha como de la extrema izquierda, fenómeno que ha ocurrido en muchos otros países”.

Sin dudas, Sabato parece estar equiparando el terrorismo de la guerrilla con el terrorismo de Estado, comparación que ha sido rebatida una y otra vez por la justicia argentina. Tal frase, por supuesto, y esto cabe aclarárselo a Ruíz Guiñazú, no invalida el Informe de la CONADEP y menos que menos la actuación realizada por todos los que de algún modo u otro contribuyeron a llevar a las Juntas al banquillo de los acusados, empezando, claro, por la decisión política del entonces presidente Raúl Alfonsín. Pero es una frase, al menos, controvertida, más allá de que existan otros pasajes del Prólogo donde esta comparación parece atenuarse, a saber: “a los delitos de los terroristas, las Fuerzas Armadas respondieron con un terrorismo infinitamente peor que el combatido, porque desde el 24 de marzo de 1976 contaron con el poderío y la impunidad del Estado absoluto, secuestrando, torturando y asesinando a miles de seres humanos”.

Pero el sentido de estas frases y el alcance de las mismas es otra discusión que ya tuvo lugar fuertemente en 2006 cuando se decidió realizar el agregado a la edición original para dejar bien en claro que no puede haber lugar a dudas y que no hay terrorismo equiparable al terrorismo de Estado.

Para concluir, entonces, y dado que estos aspectos hacen a nuestra historia y a nuestra identidad, insisto, sería deseable que el medio y la periodista aclararan el tema pues en un contexto de inseguridad informativa, el gran problema que tienen los argentinos no es que se le robe a los muertos sino que se esté continuamente engañando a los vivos.

http://www.diarioregistrado.com

La derecha está aburrida Por Eduardo Aliverti.


Ni siquiera la foto de Moyano y Macri conmovió un escenario político prácticamente inmóvil. Ante la impresentabilidad de esa yunta, y aunque el retrato era imposible de ocultar, los medios opositores optaron por desvanecer el impacto. Pero eso, a su vez, les significó tratar de estremecer a través de cuestiones que no le mueven un pelo a casi nadie. Es éste un buen punto de partida para echarle una mirada, ya persistente, al conjunto del panorama.
La noticia más trascendente de la semana fue la aprobación del nuevo régimen de administración de riesgos del trabajo. Por su peso en sí, en tanto es relativo a un área muy sensible del campo laboral; pero también porque es susceptible de críticas en ese plano, donde el kirchnerismo –con razón– se jacta de ostentar algunos de sus mejores blasones. Y son críticas que aparecen fundamentadas. No se discute lo positivo de actualizar y agilizar el cobro de los montos indemnizatorios. Pero la eliminación de la denominada “doble vía”, por la cual el trabajador tenía el derecho de demandar a su empleador ante la Justicia, aun cuando hubiera cobrado la indemnización de su ART, no es algo de lo que el oficialismo pueda precisamente enorgullecerse. Y mucho menos lo es que, para el caso de que el laburante opte por la jugada de máxima, se haya establecido la competencia del fuero Civil y no del Laboral. La ley sancionada barre con lo que Mario Wainfeld bien definió como uno de los puntos cardinales del justicialismo, cual es la preeminencia de los Tribunales de Trabajo que creó Perón cuando, a mediados del siglo pasado, conducía la Secretaría de Trabajo y Previsión. Sirvió como herramienta democrática para compensar las desigualdades ínsitas a la relación entre trabajador y patronal. Mandar laburantes al fuero civil, que exime de mayores comentarios sobre la concepción ideológica de (muchos de) sus jueces, efectivamente es hacer jugar de visitante al más débil. El colega rotuló a este engendro como una “ley corta”, que mantiene la deuda de no ser atendida por una más larga capaz de haber contemplado la prevención y seguridad laborales. Porque, a ver si nos entendemos: la ley actúa cuando el daño ya está hecho, cuando el trabajador ya perdió un brazo o una pierna, o sufrió una afección incapacitante. La Presidenta reconoció este déficit, al señalar que el instrumento sancionado era sólo un primer paso, pero de todas maneras no se explica por qué no empezaron al revés o con la ley más larga. Y si no se explica, quiere decir que mejor no explicarlo. No por nada, vamos, no hubo siquiera un atisbo de festejo, sino apenas tibios aplausos de circunstancia, cuando la bancada oficialista alcanzó la aprobación.
Sin embargo, sucede que en esa misma deficiencia está escondida –solamente para quien no quiera verlo– la tremenda carencia de opciones que sufre la oposición. O, más que eso aunque termine siendo idéntico, la encerrona en que está atrapada. Porque resulta que, al tratarse, la ley, de un hecho en que el kirchnerismo puede ser corrido legítimamente por izquierda, no pueden hacerlo de tan corridos que están a la derecha. Y entonces el episodio no les despertó la ocurrencia de aprovecharlo contra los K porque, ¿cómo hacen para denigrar a una ley con tintes pro patronales, digamos para ser suaves, si lo que viven cuestionando con furia es que éste es un Gobierno que no ofrece seguridad jurídica, que nos aísla del mundo, que espanta las inversiones y que hasta nos lleva al comunismo? ¿Cómo hacen? A lo sumo se registró la firma de alguno que marcó la contradicción gubernamental entre “el relato” nac&pop y lo consentido el miércoles en Diputados, pero no hubo ni grandes títulos ni coberturas destacadas en los medios opositores. No pueden. Están presos de su propia lógica, nuevamente. Una lógica que radica en darle carácter de peligrosísima a la vocación transformadora del kirchnerismo, cuando el apriete de las medidas oficiales, antes o además que por ahí, pasa por afectar a los intereses corporativos de un grupo comunicacional. En verdad es razonable (genera pudor remarcarlo) que la realidad, cualquiera sea la interpretación dada al término, no deba reducirse al enfrentamiento entre el Gobierno y Clarín. Pero es igual de cierto que, en la coyuntura, lo político-expreso se manifiesta a través de esa antítesis. Salvo esa corporación, Clarín, y algún que otro discurseador periodístico amarrado entre el mitrismo posmoderno y revistas vendehumo, el Gobierno no tiene contendientes. Esos que tiene tuvieron que dedicarse, por ejemplo pero no el ejemplo menor, a evaporar la foto de Macri con Moyano. Y a operar como afrenta que la Fragata Libertad siga interdicta en un puerto africano, y que trajeron a la mayoría de sus tripulantes a hurtadillas a la medianoche. Erigieron su relato en base a denunciar una nueva “desmalvinización”. “Estamos ocultando a nuestros heroicos marineros” fue la construcción de sentido de los medios opositores. O sea: si es por atracción mediática, un embole. Si no era eso, no había con qué porque la foto del camionero y el dandy es repulsiva. Y la ley de ART, quedó dicho, les juega en contra para producir semántica anti K.
Como escribió un colega que milita en las filas opositoras: entre la plana superior de los radicales, el PRO y el peronismo no kirchnerista, siendo que el astillamiento de la oposición no parece tener retorno, el único objetivo sería que en 2013 consigan números capaces de entorpecer que la Presidenta vaya por otro período. Y la segunda meta es que eso abra una crisis en el oficialismo, que, hasta donde se sabe, carece de plan B. Tal cual dijo el colega, si no la sacan a Cristina de la cancha, el partido del 2015 se les puede hacer imposible. El problema, o su solución, consisten en el porqué de una Cristina 2015 a la que sería inverosímil vencer. Siempre –obligatorio reiterarlo– según lo reconoce la propia oposición, y tanto la dirigencial como la mediática. Es en ese aspecto que corresponde insistir con algunas preguntas que, por razones diversas, son cuidadosamente evitadas. ¿Por qué no hay oposición, excepto la periodística? ¿Es cosa abstracta, producto de generación espontánea, que los radicales estén partidos en tres pedazos y refugiados, sin votos de proyección nacional, en un griterío de jefes municipales y referentes sueltos? ¿Es sólo porque el trabajo no se cuenta entre las adicciones de Macri que el PRO no puede crecer por fuera de la geografía porteña? ¿Es nada más que la vocación provinciana lo que impide que los socialistas se extiendan más allá de Santa Fe? ¿Son los vedetismos de sindicalistas, progres gorilas, cineastas, cómicos, pitonisas, ambiguos, personajes mediáticos, lo que obstaculiza que puedan conseguirse un Capriles vernáculo, así sea para juntar un mamarracho en condiciones de ponerle raya al kirchnerismo? ¿Es eso? ¿O es que –interrogante un tanto insistente en este espacio, admite el firmante– no poseen ni encuentran la fórmula para proponer una alternativa de modelo capitalista mejor que el existente hace ya doce años largos? Una variante es creer que sí disponen de la pócima. Pero sin chance alguna de exponerla porque les significa desnudar que al cabo se trataría de retroceder a los ’90 para, encima, ir a contramano de los vientos que soplan en la región. No deja de ser notable la falta de puntualización de esta obviedad, porque sucede lo antedicho. Se habla, y es irrebatible, de que la oposición no existe; de que no puede articular más que tácticas de acuerdos parlamentarios sobre temas que al grueso social no le van ni le vienen; de que está discapacitada para promover una figura unificadora, a ese fin de ensamblar al espanto contra Cristina. Pero nunca se indaga en los motivos de esa invalidez, que no es de ahora ni de ayer. Vienen de derrota en derrota, hace ya un ciclo más extenso que el del primer peronismo. Y cuando ocurrió la excepción de haber ganado, contra la 125 y en su expresión electoral de 2009, tampoco supieron conformar no ya una potencialidad avasallante, sino tan sólo una fuerza ligeramente presentable que tuviese un papel destacado en el Congreso. Otra vez, otra enésima vez: ¿cuál es la causa de que no se interrogue por qué no pueden? ¿No será que la oposición no existe gracias a los méritos del oficialismo? ¿Y que el verdadero problema es la inviabilidad de reconocerlo?
La cuestión es que la derecha está aburrida. No sabe por dónde entrar. La fragata no es. La ley de ART, tampoco. El abuso de la cadena nacional ya fue. Los dólares que faltan para viajar al exterior ya fueron.
Muchachos, busquen otras cosas cautivantes. Y si no las encuentran, pregúntense eso del porqué.