sábado, 9 de julio de 2011

LAS CONTRADICCIONES DE UN 9 DE JULIO, LA INDEPENDENCIA POLITICA


LAS CONTRADICCIONES DE UN 9 DE JULIO, LA INDEPENDENCIA POLITICA-LA ECONOMICA Y LA DEPENDENCIA POLITICA Y ECONOMICA, 1916-1947-1989.

Esta declaracion es uno de los hechos mas importantes producidos por la revolucion peronista, ya que refleja la consolidacion de la independencia Argentina de los poderes y organismos internacionales, dentro de un pais, sin deuda externa, industria nacional abasteciendo al mercado interno, y todos
los resortes economicos regulados por el gobierno, este acontecimiento se llevo a cabo en la ciudad de Tucuman el 9 de julio de 1947, lugar y fecha aniversario de la declaracion de la independencia politica en 1816, ante la presencia del Presidente  Chileno de entonces.

En la benemérita y muy digna ciudad de San Miguel de Tucumán a los nueve días del mes de julio de mil novecientos cuarenta y siete, en centésimo trigésimo primer aniversario de la declaración de la Independencia política, sancionada por el congreso de las provincias unidas, reunido en mil ochocientos dieciséis, se reúnen en acto solemne los representantes de la Nación, en sus fuerzas gubernativas en sus fuerzas populares y trabajadoras, para reafirmar el propósito del pueblo argentino de consumar su emancipación económica de los poderes capitalistas foráneos que han ejercido su tutela control y dominio, bajo las formas de hegemonías económicas condenables y de los que en el país pudieran estar a ellos vinculados.
A tal fin los firmantes, en representación del pueblo de la nación, comprometen las energías de su patriotismo, y la pureza de sus intenciones
en la tarea de movilizar las inmensas fuerzas productivas nacionales y
concertar los términos de una verdadera política para que en el comercio internacional tengan base de discusión, negociación y comercialización los productos de trabajo argentino, y quede de tal modo garantizada para la República la suerte económica de su presente y su porvenir. Así lo entienden y así lo quieren, a fin de que el pueblo que los produce y elabora y los pueblos de la tierra que los consumen, puedan encontrar un nivel de prosperidad y bienestar más alto que los alcanzados en Ninguna época anterior y superiores a los que puedan anotarse en el presente. Por ello, reafirman la voluntad de ser económicamente libres, como hace ciento treinta años proclamaron ser políticamente independientes. Las fuerzas de la producción e industrialización tienen ahora una amplitud y alcance no conocidos y pueden ser superadas por la acción y trabajo del pueblo de la
República. El intercambio y la distribución suman cifras que demuestran que el comercio y la industria se expanden conjuntamente con aquéllos. La
cooperación, que contribuye a fijar de manera permanente las posibilidades
humanas, será activada hasta alcanzar el completo desenvolvimiento que demandan las nuevas concepciones del comercio y empleo mundiales de las energías.
 A su término, una vez leída esta declaración y preguntados si querían que
las provincias y territorios de la República Argentina tuviesen una economía recuperada y libre del capitalismo foráneo y de las hegemonías
económicas mundiales o de las naciones comprometidas con aquéllas, aclamaron y reiteraron su unánime y espontáneo, acuerdo, así fue como
decidio voto por la independencia económica del país. 


Hoy, 9 de julio, se conmemoran 195 años de la declaración de nuestra Independencia Política, y también un aniversario más del de nuestra Independencia Económica, la cual fue declarada en 1947 por el teniente general Juan Perón.


En 1816 tuvo lugar la Independencia Política, aunque reparando en que ningún representante aliado de José Artigas estuvo en la provincia de Tucumán aquel 9 de julio, quedando en el aire cierto predominio centralista y porteño a la hora de definir la nueva proclamada independentista. Es decir, ya en los albores del siglo XIX el federalismo quedaba casi marginado de la mesa de negociaciones y manifestaciones de y con alcance nacional.


¿Qué pudo haber sido más beneficioso para nosotros los argentinos: un régimen como el de las Provincias Unidas del Río de la Plata, con exclusivo dominio de Buenos Aires por sobre el resto, o, en cambio, la Liga Federal de los Pueblos Libres que desarrolló Artigas desde la provincia de la Banda Oriental? Una pregunta que puede levantar polvareda.


Como quiera que haya sido, en la historia y en los libros quedó que nuestra Independencia Política fue en 1816. Juan Manuel de Rosas y Juan Domingo Perón han tomado el 9 de Julio como lo que fue. El primero, decretando en junio de 1835 la celebración solemne y oficial de la jornada, hasta entonces ignorada completamente. Y Perón, homenajeando la gesta todos los años, aunque añadiendo a la misma un hito prácticamente olvidado por todos y sin el cual nada podía hacerse efectivo: la Declaración de la Independencia Económica. Sin dicha declaración, no habría justicia social ni soberanía política factibles.


El presente histórico, producto inseparable de las derrotas nacionales de 1852 y 1955, devastó nuestra independencia política y económica. Hay que volver a revalidar dichos principios para ser federales, libres, justos y soberanos.


Como homenaje a la Declaración de la Independencia Económica argentina elevada en 1947, transcribimos el acta completo oficial que se leyó para la ocasión desde la histórica Casa de Tucumán:




ACTA DE LA DECLARACION DE LA INDEPENDENCIA ECONOMICA


En la benemérita y muy digna ciudad de San Miguel de Tucumán, a los nueve días del mes de julio de mil novecientos cuarenta y siete, en celebración del centésimo trigésimo primer aniversario de la declaración de la independencia política, sancionada por el congreso de las Provincias Unidas reunido en mil ochocientos dieciséis, se reúnen en acto solemne los representantes de la Nación, en sus fuerzas gubernativas y en sus fuerzas populares y trabajadoras, para reafirmar el propósito del pueblo argentino de consumar su emancipación económica de los poderes capitalistas foráneos que han ejercido su tutela, control y dominio, bajo las formas de hegemonías económicas condenables y de las que en el país pudieran estar a ellos vinculados.


A tal fin los firmantes, en representación del pueblo de la Nación, comprometen las energías de su patriotismo, y la pureza de sus intenciones en la tarea de movilizar las inmensas fuerzas productivas nacionales y concertar los términos de una verdadera política para que en el comercio internacional tengan base de discusión, negociación y comercialización los productos de trabajo argentino, y quede de tal modo garantizada para la República la suerte económica de su presente y su porvenir. Así lo entienden y así lo quieren, a fin de que el pueblo que los produce y elabora y los pueblos de la tierra que los consumen puedan encontrar un nivel de prosperidad y bienestar más alto que los alcanzados en ninguna época anterior y superiores a los que puedan anotarse en el presente. Por ello, reafirman la voluntad de ser económicamente libres como hace ciento treinta años proclamaron ser políticamente independientes.


Las fuerzas de la producción e industrialización tienen ahora una amplitud y alcance no conocidos y pueden ser superadas por la acción y trabajo del pueblo de la República. El intercambio y la distribución suman cifras que demuestran que el comercio y la industria se expanden conjuntamente con aquellos. La cooperación, que contribuye a fijar de manera permanente las posibilidades humanas, será activada hasta alcanzar el completo desenvolvimiento que demandan las nuevas concepciones del comercio y empleo mundiales de las energías.


A su término, una vez leída esta declaración y preguntados si querían que las provincias y territorios de la República Argentina tuviesen una economía recuperada y libre del capitalismo foráneo y de las hegemonías económicas mundiales o de las naciones comprometidas con aquéllas, aclamaron y reiteraron su unánime y espontáneo -así como decidido- voto por la independencia económica del país, fijando por su determinación el siguiente


PREÁMBULO


• Nos, los representantes del pueblo y del gobierno de la República Argentina, reunidos en Congreso Abierto a la voluntad nacional, invocando a la Divina Providencia, declaramos solemnemente a la faz de la tierra la justicia en que fundan su decisión los pueblos y gobiernos de las provincias y territorios argentinos de romper los vínculos dominadores del capitalismo foráneo enclavado en el país y recuperar los derechos y gobierno propio y las fuentes económicas nacionales. La Nación alcanza su libertad económica para quedar, en consecuencia, de hecho y de derecho, con el amplio y pleno poder de darse las formas que exijan la justicia y la economía universal en defensa de la solidaridad humana.


Así lo declaran y ratifican ante el pueblo y gobierno de la Nación el gobierno y pueblo aquí representados, comprometiéndose, uno y otro, al cumplimiento y sostén de esta su voluntad, bajo el seguro y garantía de sus vidas y honor. Comuníquese a la Nación y, en obsequio del respeto que se debe a los demás Estados, detalladamente en un manifiesto y acta las fuentes determinantes de esta solemne declaración, dada en la Sala de Sesiones del Congreso de las Provincias Unidas, donde en mil ochocientos dieciséis se proclamara la independencia de la República, y refrendada por los representantes del pueblo y gobierno aquí reunidos.




(Firma)
Juan Domingo Perón


(y siguen las firmas)
1989, LA TRAICION MENEMISTA:
Carlos S. Ménem asume la presidencia de la Nación en 1989, luego de las elecciones adelantadas debido a la renuncia del por entonces presidente Raúl Alfonsín, a causa de una crisis económica que azotaba al país. 
La época de Alfonsín se caracterizó, principalmente, por una hiperinflación que dio inestabilidad al modelo económico del país. Ésta se debió a la implementación de ciertos planes por parte del gobierno radical, entre ellos el plan Primavera y el Plan Austral. El primero eliminaba las barreras arancelarias, y permitía la fuga de capitales; mientras que el segundo cambiaba el Peso argentino al Austral, una moneda que se desvalorizó rápidamente llegando a razón de 10mil australes por cada dólar estadounidense. 
Primer período presidencial. 
Ménem gana las elecciones de 1989 y asume el 8 de Julio de dicho año. Durante sus primeros años, se apegó a lo dictado por el Consenso de Washington, que establecía una serie de 10 medidas con políticas liberales, que debía implementar un país para desarrollarse. Entre ellas, se destacan la apertura de las fronteras a las inversiones extranjeras, las políticas fiscales duras, la privatización de todo lo público, la eliminación de las barreras aduaneras, y otras políticas que en cierta forma restringen la “intromisión” del estado en la economía. Así, las primeras políticas aplicadas por Ménem fueron dirigidas a la privatización de diversos sectores, entre ellos los servicios públicos (gas, teléfono, luz, agua), los transportes ferroviarios, el transporte aéreo (aerolíneas argentinas), YPF, entre los más importantes. Dichas privatizaciones, se realizaron a su vez a precios ridículos, donde el estado generalmente se hacia cargo de pasivos notablemente mayores a los precios pagados por las empresas, beneficiando al capital privado y perjudicando a corto y largo plazo a la economía estatal. Ejemplos de esto se dan con la venta de ENTeL, Obras Sanitarias, Gas del Estado, SEGBA, Aerolíneas y otras privatizaciones, que permitieron recaudar 9.910 millones de dólares en efectivo y 13.239 millones en títulos de la deuda. Al momento de rescatarse, esos 13.239 millones de bonos significaron 5.270 millones en valor efectivo. O sea que los papeles de deuda recobrados en las privatizaciones fueron considerados, en promedio, al 39,8% de su valor nominal. 
Por otro lado se aumentaron los impuestos, lo cual permitía una mayor recaudación, pero a pesar de esto, y del dinero de las privatizaciones, la economía seguía siendo frágil, y esto provocó una segunda hiperinflación, la cual intentó ser contrarrestada por el plan Bonex (que hacía que los bancos se apropien del dinero de los plazos fijos), pero con un resultado negativo. 
Segundo período, gestión de D. Cavallo. Ley de Convertibilidad. 
Durante esta gestión, Cavallo implementó la famosa Ley de Convertibilidad, la cual por un momento pondría freno al proceso inflacionario, eliminándolo por completo según estadísticas, pero que a largo plazo constituiría la destrucción del sistema económico argentino. Si bien, como ya dije, la inflación bajó de un 4000% a un 0%, y el PBI aumentó (en parte), la deuda publica aumento en 100mil millones de dólares, pasando de 45mil millones a 145mil millones para el año 2000. Además, se disminuyó la capacidad de contratar, y numerosas entidades fabriles vieron cerrar sus puertas. Asimismo, la competitividad de los productos nacionales era nula, frente a la entrada de los productos importados, que llegaban al país sin ningún tipo de restricción impositiva a causa de las políticas de libre mercado. 
La ley de Convertibilidad establecía que por cada Peso Convertible argentino (nueva moneda local), debía existir un dólar en la reserva del BCRA. Así, el Banco estaba restringido de emitir moneda para financiar la economía, a menos que cuente con las divisas necesarias en sus reservas. Pero acá recae el problema: con las excesivas importaciones y las casi nulas exportaciones, las divisas escaseaban, por lo que el Estado debió financiarse a base de préstamos del exterior. Por esta razón, la deuda creció en tamaña proporción durante esta época. 
Esta ley trajo consecuencias positivas a corto plazo para la clase media y la clase alta del país, la cual se vio beneficiada con el tipo de cambio barato y los productos importados, aumentando su poder adquisitivo. Durante la época, se multiplicaron los viajes al exterior, sobretodo a los Estados Unidos, pero ésta situación fue definida como “una fantasía”, donde todo se financiaba con deuda, lo que trajo gravísimos problemas en el sistema. Por poner un ejemplo: Si yo el día de hoy decido hipotecar mi casa y pedir un préstamo de 1 millón de dólares al banco, evidentemente mi poder adquisitivo se elevará y podré realizar varias acciones que sin ese dinero son inalcanzables. Mas, una vez que llegue el período de pago del préstamo, si el dinero no fue bien invertido y no tuve ganancias de él, mi situación económica caerá abruptamente. 
La clase baja, y los trabajadores en general, no vieron asi su suerte. El desempleo alcanzó un pico de 18%, y la pobreza un máximo de 33.7%, niveles altísimos con lo que esto conlleva. 


“Ramal que para, ramal que cierra” 
Dentro de las privatizaciones, una de las más importantes se dio en la rama ferroviaria. Esta privatización trajo serios problemas al país. La Red operable de 35.746 kms que recorria todo el país se redujo a 8.339 kms. Desaparecieron 800 estaciones, aumento el costo de transporte de mercaderías por la vía férrea, cerca de 100 pueblos fueron “borrados del mapa”, y otros cientos fueron excluidos de la sociedad, al perder el tren que llegaba hasta ellos. El cierre de estos ramales provocó además, el aumento del transporte de mercaderías en camión, lo que deteriora las rutas que a su vez, reciben poca inversión por parte de los privados para su refacción. 
Según datos “El transporte automotor necesita entre 10 y 14 veces más espacio vial que el ferrocarril. Emplea 4 a 5 veces más combustible que los trenes. Contamina unas 44 veces más y produce 50 veces más muertos y heridos en accidentes. Según la propia Secretaría de Transportes, en 1978 el país perdió 2.700 millones de dólares en accidentes viales, monto 8 veces superior al déficit ferroviario de entonces.” Ridiculizando la razón del déficit producido por las propias empresas ferroviarias, utilizada por los “pro-privatización”. 
Además, con la desaparición del tren, campañas como la lucha contra el mal de Chagas y otras campañas sanitarias fueron perjudicadas fuertemente. 


Conclusión. 
Esta época, se puede definir como un “espejismo” donde lo que parecía ser perfecto terminó desvaneciéndose, dejando a su paso una destrucción de la industria argentina, la cual esta todavía sufriendo estas consecuencias. 
La convertibilidad desencadeno en una recesión, que desembocó en el famoso corralito, y en la crisis del 2001, donde casi el 60% de la población pasó a ser pobre en términos de sus ingresos económicos. Una de las principales secuelas que dejó la crisis de 2001 fue el aumento de la inequidad en la distribución de la riqueza en comparación con los demás países de América Latina. A nivel nacional la pobreza alcanzó al 57,5% de la población, la indigencia al 27,5% y la desocupación al 21,5%, todos niveles récord para el país.