miércoles, 27 de julio de 2011

FACUNDO CABRAL Y EVITA

Facundo Cabral
 

Facundo Cabral se levanta y camina hasta la pared donde cuelga una foto enmarcada de Perón y Evita en un descapotable saludando a la multitud. La imagen esta fechada en La Plata el 17 de noviembre de 1946 y registra los segundos previos al encuentro que tuvo el cantautor con ambos íconos nacionales.



“Yo vivía en el campo. Éramos muy pobres. No tenía padre y mi madre ya había perdido a dos de mis hermanos. Por eso no tenía idea de quiénes eran Perón y Evita. Sólo sabía que eran el presidente, la señora, y que el pueblo los amaba. Pero nada más”.
El autor de “Vuele bajo” todavía se emociona cuando recuerda ese momento. “Nunca más vi una mujer así. Y eso que he conocido a mujeres bellísimas, cultas, finísimas, Grace Kelly, por ejemplo, pero reina como Eva, ninguna. Conocerla me abrió muchas puertas. Todos después me preguntaban cómo era ella. Desde María Teresa de Calcuta a Ray Bradbury, todos.
Cabral cuenta que al día siguiente de ese encuentro, Evita lo recibió en su despacho y apenas lo vio le dijo: “Tuvimos suerte. (Fijate la humildad, no dijo Yo conseguí…o Yo arreglé…) Conseguimos una escuela de Tandil en donde tu mamá va a trabajar de celadora. Estos tres señores te van a acompañar. Y esta carta se la llevás a tu madre y se la das al intendente.”
Te imaginarás cómo me recibieron en Tandil. A mi madre la trataron como a una celebridad. Y la verdad es que ese encuentro con Perón y Evita me salvó la vida. Yo nací ese día. Nunca había visto semejante manifestación de amor. Y me dije: carajo, el amor gobierna. Yo pensaba que estaba condenado a morir sin saber por qué. Pero ahí supe que la Navidad era de todos y que el desayuno era todos los días.”
Pero la historia no terminó ahí. Varios años después, siendo ya Cabral un músico hecho y derecho, un día, de paso por España, se encuentra de casualidad con Jorge Cafrune, que aprovecha para llevarlo a la televisión. “Era el año ’72. No me conocía nadie en España. Pero canto un tema, hablo un poco con el conductor y antes de irme me dicen: ‘¿Sabe usted que este programa lo mira Perón? ¿Por qué no le dice unas palabras? Y ahí me acerqué a cámara y conté toda la historia. Al aire. Y la repercusión fue inmensa. La gente me paraba en la calle diciéndome que me habían visto en la televisión y que yo era el ahijado de Perón. Cafrune me decía: ‘¡Viste! Yo te dije que tenías que venir a España!’”

–¿Y Perón qué te dijo? ¿Se enteró?
Sí. Al poco tiempo un allegado suyo me abrazó y me dio una carta de siete páginas escritas a mano por él y me dijo: “El General está maravillado con vos porque dice que vos tenés lo que más aprecia: la buena memoria. Sos como un gaucho que paga siempre sus cuentas.” Quedamos en que compartíamos un asado. Pero al poco tiempo Perón volvió a la Argentina y nunca más pude tomar contacto con él.


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