lunes, 14 de noviembre de 2011

BINNER LACAYO DE MONSANTO!!!

Confirmado, para Binner, la contaminación por agroquímicos siempre fue "un mito"




Todavía tratando de comprender cómo un político, gobernador de una provincia y que además se define como socialista reivindicó al glifosato y tildó de mitos a las múltiples enfermedades, contaminación y muerte que produce, es bueno retroceder en el tiempo para entender tamaña actitud. En junio de 2006, los vecinos del barrio Malvinas Argentinas, en Rosario, denunciaron a dos cerealeras por contaminación ante los Tribunales provinciales. Y hacia ya diez que en ese barrio, los vecinos habían denunciado daños ambientales y en su salud causados por las sustancias tóxicas que emanan de las cerealeras de la zona. Por Clarisa Ercolano
Agotadas todas las instancias previas, acudieron a la Justicia y presentaron un recurso nunca utilizado hasta el momento: efectuaron una demanda masiva por daño ambiental en Rosario, invocando la aplicación de la ley general del ambiente que fue sancionada en 2002. La demanda por daños y perjuicios imputaba  a las cerealeras por hechos dañosos y apuntaba a la Municipalidad por "omisión en su deber de controlar el medio ambiente". Para ese año, Miguel Lifschitz, el socio político de Hermes Binner era intendente de Rosario, pero todo había comenzado en 1996, cuando Binner comandaba los destinos de la ciudad desde su cargo como intendente.

      Más de 180 vecinos estamparon su firma para iniciar el juicio porque en ese entonces, en el barrio ya eran más de 250 las personas fallecidas por cáncer, y estaba comprobado que la sangre de los habitantes tenía alta concentración de sustancias tóxicas y cancerígenas. Por algo la zona fue tildada como "el mapa de la muerte".

      También los estudios ambientales efectuados por profesionales de la Universidad Tecnológica Nacional, Facultad Regional Rosario y la Facultad de Bioquímica de la UNR, detectaron la presencia del plaguicida organofosforado Malathion (producido por Monsanto) y plaguicidas clorados como Aldrín, que superan el límite fijado por la ordenanza 5820/94 de calidad de aire de Rosario.

      Esos plaguicidas fueron prohibidos en varios países por los efectos cancerígenos, los que fueron probados en más de 20 trabajos experimentales. Pero claro, para Binner, esas investigaciones, el cáncer, las muertes y el dolor de todo un barrio que se marchitaba bajo una lluvia química; también era algo que había que “desmitificar”.