lunes, 14 de noviembre de 2011

Murió Esperanza Pérez Labrador, madre y esposa de desaparecidos en Argentina



Murió una Madre de Plaza de Mayo española

Se trata de Esperanza Pérez Labrador, cuya familia fue destrozada durante el Proceso

Activa defensora de los derechos humanos, Pérez Labrador, de nacionalidad española, murió en la noche del domingo en un hospital de Madrid.

En septiembre, había editado el libro “Esperanza”, que plasma sus recuerdos como una de las Madres, cuando vivía en Rosario.

“Su vida fue un ejemplo de amor, dignidad y coraje”, expresó su hija Manoli al anunciar el deceso.

La mujer sufrió el asesinato de su marido, Víctor, de su hijo Palmiro, de la pareja de él Edith Graciela y la desaparición de su hijo menor, Miguel Ángel.

Desde que la dictadura le destrozó su familia en 1976, Esperanza Pérez Labrador dedicó su vida a luchar por la dignidad y la memoria de las víctimas del régimen militar.

"Es un deber seguir pidiendo justicia", afirmó en septiembre durante el lanzamiento en Madrid de su libro, que fue presentado por el juez Baltasar Garzón en un acto celebrado en la Casa de América de Madrid, y fue escrito por el periodista español Jesús María Santos a partir de 250 folios manuscritos en los que Pérez Labrador dejó sus recuerdos y de largas conversaciones que mantuvieron.

Pérez Labrador creció en la sierra de Béjar (Salamanca, centro de España) y a los 54 años emigró junto con su marido y sus hijos a Rosario, donde vivió el calvario y la destrucción familiar por parte de los militares.
Esperanza Pérez Labrador, madre y esposa de desaparecidos en la dictadura argentina y un ejemplo de dignidad, no dejó nunca de reclamar justicia desde que los militares destrozaron su familia en 1976 hasta su fallecimiento la pasada noche en Madrid, a los 89 años de edad.
Nacida en 1922 en Camagüey (Cuba), donde vivían sus padres españoles, su madre murió en el parto, y su padre, incapaz de hacerse cargo de ella, la entregó a una familia cubana de apellido Mestril.
Siete años después, el padre de Esperanza consiguió que le devolvieran a su hija -pese a la oposición de la familia y de la propia niña- para trasladarla a España, desde donde tiempo después, en 1950, partió hacia Argentina.
La familia que formó allí quedó destruida en 1976: el 13 de septiembre de ese año Miguel Ángel Labrador, el hijo menor, de 25 años, salió de la casa familiar y nunca más se supo de él. Dos meses más tarde, el 10 de noviembre, fueron asesinados Víctor, su marido, su hijo Palmiro, de 28 años, y la compañera de este, Edith Graciela Koatz, de 25.
Pese al tiempo transcurrido, "es imposible olvidar", como dijo el pasado septiembre Esperanza en entrevista con Efe, con ocasión de la la presentación del libro del mismo nombre escrito por el periodista español Jesús María Santos a partir de 250 folios manuscritos por ella y de largas conversaciones entre ambos.
Esas pocas palabras resumen un sufrimiento que acompañaría para siempre desde la pérdida de sus seres queridos a quien fuera una de las madres de la Plaza de Mayo en la ciudad argentina de Rosario.
Su hija Manoli, con la que residió en Madrid hasta su muerte, dice que Esperanza sufrió "mucho más" de lo que se puede leer en un libro y que "no hay palabras para reflejar lo vivido entonces".
Esperanza, que se armó de valor y afrontó con valentía la búsqueda y la reivindicación de su hijo ante la dictadura, afirma que nunca tuvo miedo: "Yo me decía: 'si ya han matado a mi marido y a mis hijos, qué importa que me maten a mí".
Todos los días se plantaba ante las oficinas del general Galtieri, hasta que éste la recibió para decirle que la muerte de su esposo fue "un error" pero que sus hijos eran montoneros.
Esperanza se lanzó entonces contra él, le agarró de la pechera del uniforme y le gritó "!asesino, criminal!".
La historia de esta mujer es una de las razones por las que, en 1996, el juez español Baltasar Garzón decidió abrir un proceso contra la dictadura argentina, algo que Esperanza nunca olvidó.
El reconocido magistrado dijo de Esperanza que "al recordarla no puedo evitar que las lágrimas me enturbien la vista y el recuerdo. No es posible sufrir tanto dolor y mantener la dignidad. Perder a su marido, tres hijos y una nuera y presentarse firme exigiendo justicia es algo que te reconforta y te hace avergonzarte por todas las veces que has tenido dudas o desinterés por la justicia."
"Es una pena que haya sólo un Garzón", dijo Esperanza a Efe, acerca del caso abierto contra los militares considerados responsables de la desaparición y muerte en Argentina de más de 30.000 personas, entre ellas unos 35 españoles.
Unas víctimas que Esperanza definió como "una juventud hermosa", a la que aniquilaron.
"Eran muchachos todos jóvenes, todos buenos. De día iban a las 'villas miseria' a enseñar a leer y escribir y de noche se iban a la facultad, a estudiar. Y así mataron a miles y miles y miles", afirmó Esperanza al presentar su libro.
"Su vida fue ejemplo de amor, dignidad y coraje", expresó su hija Manoli al anunciar hoy el fallecimiento.
"A esta mujer siempre le brillaron los ojos. Incluso cuando se inundaban de lágrimas. Y a nosotros, sin Esperanza, nos queda la esperanza que nos enseñó", escribió hoy, por su parte, el periodista Jesús Santos.