domingo, 6 de enero de 2013

La transversalidad antikirchnerista Por Roberto Caballero.

La agenda que Clarín y La Nación plantean para enero se convirtió en un tratado de aburrimiento estival

Comentar la agenda político-mediática que Clarín y La Nación plantean para enero como parte de su estrategia de demolición simbólica de la legitimidad del gobierno se convirtió en un tratado sobre el aburrimiento estival.
Ahora que la Fragata Libertad está pronta a ser recibida en Mar del Plata por Cristina Kirchner, los diarios hegemónicos avisan que un banco de arena podría hacerla encallar antes de tocar puerto. Parece un chiste malo de Jorge Corona.
Después de un año de progresos evidentes en materia de condenas a genocidas, la primera semana de 2013 se agitó por un supuesto asado en la ex ESMA del que participó el ministro de Justicia y el secretario de Derechos Humanos del gobierno que, precisamente, impulsó con éxito los juicios a los represores militares y civiles.
Los dos diarios que silenciaron el genocidio para quedarse con Papel Prensa, los mismos que hoy dan cobertura minimalista a esos mismos juicios que se informan con algún despliegue en Tiempo Argentino y Página/12, le pidieron la renuncia a Julio Alak. Que lo hayan hecho ex víctimas directas de la dictadura que están en desacuerdo con el destino que se le da al espacio para la memoria, vaya y pase. Su enojo tiene alguna justificación lógica. Es parte del debate que atravesó a los organismos de Derechos Humanos en todos estos años, saldado por la mayoría con cierto criterio de convivencia en la diversidad para construir memoria colectiva. Pero que lo hagan los diarios que tienen a Joaquín Morales Solá, Mariano Grondona y Eduardo van der Kooy como editorialistas, es un poco fuerte. El primero censuraba a sus colegas en los años de plomo, el segundo apoyó a todas las dictaduras y el tercero fue galardonado por Jorge Rafael Videl en 1977 como "joven periodista brillante". Algo no funciona ahí. Algo que, al menos, debería ser mensurado por aquellos integrantes de organismos de Derechos Humanos, aun cuando detesten al kirchnerismo por motivos más o menos opinables. Eso no es todo, hay más: hace poco un tribunal platense pidió que se investigue al diario La Nación por ejercer presión hacia los magistrados que debían juzgar a Jaime Smart, ministro de facto bonaerense y héroe del diario de las familias Mitre y Saguier, que finalmente fue condenado por delitos de lesa humanidad en el llamado Circuito Camps. ¿Se puede coincidir con ese diario sin coincidir, a su vez, con las personas a las que defiende desde sus editoriales? ¿Puede el antikirchnerismo de izquierda o progresista, aun con argumentos atendibles, prestarse a ser carne opinativa de grupos comunicacionales que se beneficiaron con el horror? ¿Es eso, acaso, una subordinación menos grave que la presunta "cooptación oficial" de Abuelas, Madres e Hijos que denuncian cada vez que quieren desde la señal TN? ¿El enojo de coyuntura o la impotencia argumental para superar a un adversario puede traducirse en una alianza con los enemigos de una política, la de Derechos Humanos, que es, quizá, la más defendible de toda la gestión K? Si alguien dice ser militante de izquierda y se asocia a los cómplices de un genocidio para hacer antikirchnerismo, ¿sigue siendo militante de izquierda? Al kirchnerismo, al menos, le caben las generales de la ley para cualquiera que se hace cargo de la administración del Estado. Nada es sencillo, ni como uno quisiera. Se toman decisiones buenas y de las otras. Se construye con gente apta y de la otra también. La utopía choca todos los días con la crudeza de la realidad, donde se mezclan Estela de Carlotto y la Ley de ART. Desde el Estado, ser progresista es una proeza, un logro difícil, merituable. Desde la oposición, a veces es simplemente una pose testimonial, que no obliga, sin embargo, a aliarse con lo peor de lo peor. Es claro que allí hay un dilema que excede lo estrictamente político e ingresa de lleno en el plano de la ética. Por eso mismo, supera el espacio de estas líneas para explicarlo, aunque integre una agenda permanente de discusión.  
Para peor, los diarios Clarín y La Nación cargaron contra el Ministerio de Justicia con el aval de un grupo de dirigentes políticos opositores de derecha –que, hay que aclararlo, visitan poco o nada la ex ESMA, si no sabrían que en el predio no fue erigido el Museo Mitre, precisamente por voluntad de los organismos con mayor historia en la lucha por la Memoria, la Verdad y la Justicia–, a los que les da lo mismo exigir con voz airada que también se vayan todos los referentes de la política de Derechos Humanos oficial y, en simultáneo, apoyar a la Sociedad Rural, puntal ideológico clave de la dictadura, a través de una solicitada vergonzosa que mezcla biblias y calefones como sólo el antikirchnerismo desesperado lo concibe. Allí revistaron con su firma desde Julio Cobos, el Momo Venegas –el socio y mal consejero de Hugo Moyano– y Mauricio Macri, hasta el radicalismo extraviado en su versión alvearista del siglo XXI. En suma, la transversalidad antikirchnerista.
Un párrafo aparte merece el también firmante Eduardo Buzzi, de la Federación Agraria Argentina, que esta semana calificó al oficialismo –validado en las urnas por el 54% hace poco más de un año– como "una secta de fanáticos". ¿Así quieren construir mayoría? ¿Equivocándose tanto? Confunden la facilidad para darle títulos catástrofe a Clarín con la capacidad para representar a la sociedad. Pero es evidente que se trata de dos cosas distintas. Que Héctor Magnetto ayude a instalar un candidato, no quiere decir que después la gente lo vote. Por caso, la radical Silvana Giudici obtuvo una beca de cobertura amplia de Clarín durante toda la discusión por la Ley de Medios y después no pudo ganar su elección, y mucho menos que el radicalismo la proponga para el directorio de la AFSCA. Terminó incorporándose al macrismo. Era lógico. Apoyar a las corporaciones que pretenden erosionar a un gobierno democrático tiene un costo ideológico.
Te deja a la derecha de la derecha. «

Se fue como "libertad", vuelve como "evita capitana"
Cuando el miércoles 9 atraque en el Puerto de Mar del Plata, la novela de la Fragata Libertad habrá llegado a su fin. Con la ayuda de los diarios hegemónicos, entre los manifestantes fragoteros del 13S y el 8N, la retención en Ghana del buque escuela se convirtió en símbolo de "la inoperancia oficial". Ahora que regresa, fruto de la política diplomática del gobierno que no cedió a la extorsión de los fondos buitre, falta poco para que sea considerado un botecito inútil capaz de encallar en un banco de arena, que no fue removido en la Feliz por "la inoperancia oficial". Sin embargo, detrás del barco y de los tironeos del presente, hay una historia que merece recordarse. En 1953, en los Astilleros Río Santiago, comenzó a construirse su casco. Iba a llamarse "Evita Capitana". Con el golpe sangriento de 1955, los dictadores la rebautizaron "Libertad". La original tenía a Eva Perón como mascarón de proa. La que finalmente se botó lleva a una mujer que representa a "La República", inspirada en un cuadro de Delacroix sobre la Revolución Francesa. En los últimos meses hubo una intención de volverla a llamar "Eva Perón", que luego fue descartada por el gobierno. Dicen que trae mala suerte rebautizar un barco. Debe ser cierto: nada bueno sucedió del '55 en adelante para las mayorías populares. El mascarón de proa original, hecho por el escultor gallego Carlos González, puede verse en el Museo Naval del Tigre. Apoyada contra un árbol, a la intemperie, fue fotografiada por Ignacio Amendolara.
 
Hebe no miente: el viento los amontona 
Cada tanto, alguno se agarra la cabeza por los dichos de Hebe de Bonafini. Pero, tiempo después, hay que darle la razón. Fue profética, hace más de un año, cuando dijo que no había que tener confianza en la Corte sobre el tratamiento de la Ley de Medios. Finalmente sucedió lo que anticipaba: bajo la presidencia del reelecto Ricardo Lorenzetti y con la sola negativa de Raúl Zaffaroni, los supremos extendieron la cautelar que beneficia a Clarín S.A. Hebe dijo el jueves 3, en una marcha pacífica como todas las que encabeza, que respetaba los tiempos institucionales y un pedido de Martín Sabbatella para que no se instalara en la puerta el Palacio de Tribunales exigiendo la inmediata aplicación de la ley, y que en el futuro verá; sin embargo, los diarios conservadores se cansaron de asociarla a una especie de toma violenta de Tribunales.  Otra vez cambiaron el foco del problema: el problema es la mujer con pañuelo a la que la dictadura le arrebató dos hijos, con autoridad suficiente para hablar de las tropelías del sistema judicial argentino y no la conflictividad institucional que provoca que el máximo tribunal jurídico del país opine en sintonía con el bufete de abogados de Héctor Magnetto. En este último caso, para devolverle la causa Clarín a la Cámara Turista de Miami, la misma que acaba de extenderle una cautelar a la Sociedad Rural para que siga disfrutando de un beneficio concedido, en perjuicio del Estado Nacional, por Carlos Menem y Domingo Felipe Cavallo. Es así, el viento los amontona.
FUENTE: http://www.infonews.com