lunes, 17 de febrero de 2014

Entrevista a Roberto Baschetti, autor de La violencia oligárquica antiperonista entre 1951 y 1964

“Me pregunté por qué el peronismo es tan odiado por la clase media" Por: Daniel Enzetti

El escritor pulió una minuciosa lista de crímenes y atentados sufridos por el peronismo a lo largo de casi 15 años, que desmiente la versión oficial acerca del secuestro y muerte de Aramburu como acto inicial de la violencia política en el país. 

La hipótesis era romper con ese mito tan difundido por la historia liberal y muchos periodistas de las grandes corporaciones –dice el investigador–, que acusan al peronismo como el responsable de haber comenzado con la violencia política en la Argentina, concretamente a partir del secuestro y la muerte de Pedro Eugenio Aramburu.” Y aclara: “Eso no es real, y lo demuestro haciendo un correlato de hechos fácticos y puntuales ocurridos entre 1951 y 1964, que atentaron de diferentes maneras contra el segundo gobierno peronista, legítimo, constitucional y reelecto con el 60 por ciento de los votos. Un gobierno que, a pesar de esa legitimidad ganada, fue acosado por una violencia creciente, la cocina de lo que luego sería el golpe de Estado de 1976 con sus consecuencias terribles.”
Baschetti es jefe del Departamento de Adquisiciones e Intercambio Bibliotecario de la Biblioteca Nacional, e integra el Instituto Nacional de Revisionismo Histórico Manuel Dorrego. El libro, una verdadera radiografía del odio de las clases dominantes que el movimiento nacional se fue ganando a través de la historia, incluye además nombres de conspiradores, información nunca difundida de atentados anónimos y aislados, y un raconto de los distintos intentos de magnicidio contra Perón. 
 
–Episodios como los bombardeos a la Plaza de Mayo, el derrocamiento de Perón en 1955 o los fusilamientos de militantes un año después, son conocidos. Pero el libro sorprende por el grado de detalle de muchos otros, lo que da idea de una continuidad de intentos destituyentes insoportables para cualquier gobierno.
–Bueno, ese es el sentido del libro, porque para romper con un mito, tenés que sacar a la luz información concreta. En realidad, habría que ubicar el primer hecho particular de violencia en 1951, antes de la reelección de Perón, cuando un arma del Ejército, la Caballería, armó un plan para asesinarlo. Pensemos en cómo estaba integrada aquella fuerza en ese entonces, y en su elite aristocrática, con gente como Alejandro Lanusse o Julio Alsogaray a la cabeza. Inventan una excusa: es “importante” que el presidente asista a un acto de inauguración en Campo de Mayo. Lo que los conspiradores no imaginaron fue la manera en que el grupo de suboficiales, que por su origen de clase eran peronistas, defenderían a las instituciones. Es más, el único muerto aquel día fue un sargento de apellido Fariña, leal al gobierno.
–Digamos que los ataques empezaron a lo grande, con un intento de magnicidio.
–Sí, porque tenían esa idea maximalista de que la rabia se acababa cuando moría el perro. El complot fracasó, algunos fueron detenidos, pero el tema se olvidó por completo. Se trató de un “acto fundacional” para sacar al peronismo de la faz de la tierra, provocado por fuerzas oligárquicas que veían perder sus privilegios. 
–¿Por qué la violencia arranca ahí? Uno imagina que la oligarquía esperó del gobierno momentos de debilidad, de guardias bajas. 
–El peronismo venía mostrando algunos signos de desgaste. Me refiero a reacción política, o a cierto desgaste en la gestión. Pero no hablo de desgaste en cuanto al apoyo popular, porque al año siguiente al intento de matarlo, Perón logró un nuevo mandato con el 62 por ciento del padrón a su favor. Por otro lado, el Ejército estaba dividido. Los sectores conspiradores eran importantes, pero enfrente, muchísimos efectivos no iban a permitir asaltar al poder tan fácilmente. El magnicidio frustrado hizo que después, los ataques ocurrieran en forma de actos de terrorismo. Y eso es lo que describo en el trabajo.
–Uno de esos actos, poco conocido, tiene lugar en las inmediaciones de la Plaza de Mayo en abril de 1953. ¿Qué pasó?
–Es interesante, porque fue la primera vez que los grupos de poder trataron de boicotear proyectos de desarrollo que hermanaban a la Argentina con otros países latinoamericanos. Los golpistas pusieron bombas en un acto masivo, organizado para festejar los acuerdos que Perón había firmado con Brasil y con Chile, en épocas de Carlos Ibáñez. Eran ideas de trabajo a gran escala en el marco del “Pacto ABC”, por las iniciales de las naciones intervinientes. Una especie de proto Mercosur de la época. En el ataque intervino el radicalismo, a través de Roque Carranza, que después fue ministro. Un explosivo estalló en el subte, otro en el bar de 
un hotel, y el restante en la misma Plaza. Costó cinco muertos.
–Otro de los temas desarrollados es el de los comandos civiles, haciendo mención a sectores del empresariado y del campo que fueron claves a la hora de aportar financiamiento para los atentados.
–No sólo financiamiento, sino también organización e infraestructura. Prácticamente nadie estudió el tema de los comandos civiles, se trata de una cuestión relativizada. Estos grupos no sólo se levantaban contra la Constitución, sino que además asaltaban destacamentos policiales para robar armas, y en algunos de esos atracos murieron efectivos jóvenes. Las bandas actuaban consustanciadas con una jerarquía eclesiástica que aportaba cuadros del catolicismo y la Congregación Mariana, por ejemplo. No olvidemos que tres días antes del 16 de junio de 1955, fecha del bombardeo a la Plaza, la iglesia organiza la marcha de Corpus Christi.
–¿Qué acción concreta montada en esos años destacarías como diseñada por los comandos?
El operativo dispuesto durante el bombardeo en el exterior de la Casa de Gobierno. Parte del complot contra Perón ordenaba que 300 civiles debían cercar la sede del gobierno, y no dejar salir a nadie de la Casa, ni tampoco entrar. De esta manera se evitaba que escaparan funcionarios importantes, y que a su vez, entraran leales a proteger a esos funcionarios. El cerco fue clave, porque el dispositivo lograba que la Infantería de Marina, ubicada detrás de la Rosada, pudiera atacar sin problemas ni resistencia de ninguna índole. Pero como decíamos antes, menospreciaron la valentía de los leales, porque en el caso del bombardeo, el que salió fuerte a defender al presidente fue el sector de Granaderos. Muchos de estos golpistas fueron detenidos, y liberados el 5 de agosto. Todo quedó impune, a pesar de los 1000 heridos, los mutilados de por vida y las 350 personas muertas. Lo que demuestra, además, de qué manera empezaba a actuar la corporación judicial para que esa impunidad existiera. A los civiles se les dan cargos públicos, mientras que los militares son dados de baja, pero vuelven al servicio activo, cobran los sueldos de la época de detenidos, y encima consiguen ascensos. Fueron camadas que después nutrieron a la dictadura de Videla.
–Más allá de simpatías políticas, hasta los opositores reconocen que el peronismo es el aglutinador de los grandes debates nacionales. En los últimos setenta años, todo, lo bueno y lo malo, ha sido cruzado por la pasión que despierta el peronismo.
–Porque es el verdadero sujeto político del país, sin duda. Uno entiende a Perón como producto emergente, y al peronismo como una entidad político social argentina que le permitió y le permite al grueso de la población cambiar su vida para mejor. Hasta la llegada del peronismo, esa mayoría sólo tenía obligaciones, y no derechos. Con el peronismo aparece el derecho a la salud, al trabajo, a la educación. Repasemos la Constitución de 1949, por ejemplo, donde esos derechos adquieren forma de ley. Ese sujeto histórico que trata de cambiar la realidad, buscando una nación para todos y no para pocos, hoy sigue siendo cuestionado. Una muestra fue la editorial de La Nación de hace un par de meses, donde se sostiene que Perón cayó no por un golpe de Estado, sino debido a sus incongruencias y a su desgaste. Pasan vergonzosamente por alto toda la violencia que yo describo en el libro. 
–A partir de manifestaciones de odio más o menos explícitas contra el kirchnerismo, es lógico pensar que esa actitud de las clases dominantes se mantiene a través de la historia, sin importar quién ocupe el gobierno. El “Cristina, andá que te espera Néstor” es el “Viva el cáncer” de los 50 contra Evita.
–El paralelismo es interesante, porque demuestra una concepción de base, que se mantiene inalterable a través del tiempo. Es hasta previsible, por llamarla de alguna manera. Hagamos una pregunta básica: ¿Por qué se ataca a Cristina? Porque representa un gobierno que genera cambios e inclusión a sectores siempre postergados, que nunca accedieron a las condiciones mínimas de subsistencia. Lo que se denomina, metafóricamente, repartir la torta. Quieren todas las porciones, un país reducido, agroexportador, con dólar alto. El peronismo no permite eso. No lo permitieron Eva y Perón, y la historia se repitió con Néstor y Cristina. ¿Te acordás cuando asumió Martín Sabbatella en la AFSCA, y la presidenta le dijo que desde ese momento iba a ser feo, sucio y malo? Si defendés los intereses populares, pasás a ser un estigma para el sistema.
–Hay otras actitudes miserables que también son violencia. El gesto de Mirtha Legrand, preguntándose si el cadáver de Kirchner estaba realmente en el cajón. O cuando Carrió la trataba de insana a la presidenta. Surgen otros paralelismos increíbles: la foto del libro donde un grupo de jóvenes aparece colgando el busto de Eva Perón es lo mismo que muchas pancartas de la marcha del 8N.
–Es verdad, impresiona. Y muchos de esos sectores son de clase media. El fenómeno de la clase media en la Argentina es impresionante. Antes de empezar a escribir, me pregunté por qué el peronismo es tan odiado, como aquella duda de Julio Troxler en Operación Masacre. Qué los mueve a tener ese odio contra los sectores más bajos de la sociedad, que además, se hace carne con el vocabulario. Insultan y desprecian, como el clásico “negros de mierda”, pero también denigran y se muestran indignados: “¿Cómo van a veranear al mismo lugar que yo?”. Es un fenómeno que, además, se expresa en esto de querer acaparar dólares. Perón tenía una frase espectacular: nadie se realiza en un país que no se realiza. Parece una tontera, pero es así. Creés que te salvás solo, pero al final, te hundís con el resto. Es como bailar en la cubierta del Titanic. Sin embargo, hay una diferencia entre aquellos pibes que ahorcaban el busto y los que hoy asisten a una plaza para gritarle yegua a la presidenta. En los años 50, esos eran sectores altos o medio altos. Mucha Sociedad Rural, mucha Unión Industrial Argentina. Campo, universitarios, en épocas en que a la universidad no entraba cualquiera.
–Lo que querés decir es que hoy, el gran componente de esas manifestaciones son las capas medias. 
–Claro. Obviamente se mantiene el escalón superior, pero no llenás una plaza únicamente con el Jóckey Club. Hay explicaciones relacionadas con el propio crecimiento del país. En el primer gobierno de Perón, la clase media era incipiente, no estaba caracterizada y fuerte como en décadas del 60 y 70. La violencia que veníamos describiendo fue moldeando conciencias, lo que explica por qué muchos sectores medios creían bueno que alguien “pusiera orden” antes del golpe de Estado de 1976. Los verdaderos violentos, los que iniciaron aquellas asonadas contra la democracia, sabían cómo operar: era necesario generar terror, porque el terror inmoviliza, te deja sin reacción. La prueba es que en los bombardeos a la Plaza, nadie entrega armas a los sectores peronistas que van a la Casa de Gobierno a pedirlas. Por eso, también aclaro en el libro que el primer acto de la 
resistencia peronista no ocurre después de la caída de Perón en el 55, sino en esos bombardeos, cuando la gente asalta varias armerías del centro de la Capital para pelear contra los marinos apostados detrás de la Rosada. Aclaro que no hay que ser injusto, y que sería un error ver a esas capas medias como un cuerpo sin fisuras ni diferencias. Hay muchísima clase media que apoya al gobierno, y mucha gente se ha ganado para el proyecto nacional y popular. 
–El mismo Perón fue el que no quiso armar a esa gente.
–Sí, pero después volvió sobre aquella decisión, en una entrevista que le hizo la revista Con Todo, de Bernardo Alberte. Perón era un militar formado en el Ejército, estructura que históricamente ejerció el patrimonio de la fuerza. Difícilmente un militar educado de esa manera aprobaría repartir fusiles en los barrios. Además, dar armas es fácil, lo difícil es quitarlas después. En la entrevista, Perón reconoció que si hubiera imaginado lo que venía tras su derrocamiento, hubiese tomado otro camino. 
–Volviendo a los paralelismos y a los símbolos, es interesante lo que mencionás acerca de Callao y Santa Fe. ¿Es verdaderamente la esquina típica de toda conspiración golpista?
–Una especie de capricho de la historia (se ríe). Ahí confluyen los sectores más concentrados económicamente de la sociedad, sobre todo agro terratenientes. Callao y Santa Fe es un verdadero símbolo, un punto físico que transmite toda una concepción, una manera de ver al país. Que no es la manera en que lo ven las clases populares, precisamente.  «
 
 
Los profetas del odio
Septiembre de 1951
Primer intento de golpe de Estado contra Juan Domingo Perón, al que tratan de asesinar varios efectivos de Caballería. En el complot intervinieron los capitanes y generales Alejandro Lanusse, Julio Rodolfo Alsogaray, Tomás Sánchez de Bustamante, Gustavo Martínez Zuviría, Manuel Raimundes, Luis Prémoli, Arturo Corbetta, José Iglesias Brickles y Rodolfo Larcher.
Abril de 1953
Estallan explosivos en la Plaza de Mayo, la Línea A del subte y el desaparecido Hotel Mayo. Mueren 5 personas. El atentado es organizado por los comandos civiles.
Abril de 1955
Ponen una bomba de mucho poder en el edificio de la Confederación General Universitaria (CGU), brazo gremial universitario del peronismo. Mueren varias personas. También arrojan bombas de alquitrán en las delegaciones marplatenses de la CGT y el Partido Peronista.
Mayo de 1955
Cuadros católicos que habían asistido a una misa en la Catedral Metropolitana cortan el tránsito, agreden a la gente que caminaba en la Plaza de Mayo, les pegan a policías, pinchan gomas de vehículos y rompen vidrios.  Varios de los agredidos tienen que ser hospitalizados.
Junio de 1955
Se suceden distintos actos de violencia de grupos católicos y comandos civiles, previos a lo que después serían los bombardeos a la Plaza.
Julio de 1955
Estallan bombas en la Escuela Superior Peronista y la editorial Mundo Peronista. Los golpistas componen un himno propio, escrito por el abogado Manuel Rodríguez Ocampo: la “Marcha de la Libertad”. 
Julio de 1955
Los comandos civiles roban armas en comisarías y destacamentos, y matan a varios policías. 
Agosto de 1955
Intentan asesinar a Perón. Algunos de los implicados son el dirigente católico Mario Amadeo, el radical David Michel Torino y varias figuras de la Democracia Cristiana. La policía secuestra armamento escondido en el colegio religioso Máximo, de San Miguel. 
Septiembre de 1955 y junio de 1956
Golpe de Estado contra Perón, y fusilamiento de varios militantes peronistas en distintos lugares del país, como José León Suárez y La Plata.
Mayo de 1957
Otro intento para matar a Perón. Los implicados son efectivos del Servicio de Inteligencia del Ejército (SIE), controlado por el coronel Héctor Eduardo Cabanillas.
Octubre de 1961
El Ejército decide dictar un “Curso de Guerra Contrarrevolucionaria”. Mientras los militares reprimen y detienen a militantes en todo el país, los comandos civiles siguen poniendo explosivos y organizando actos de sabotaje. 
Agosto de 1962
Secuestran a Felipe Vallese. 
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