domingo, 25 de septiembre de 2011

Gorilas en la niebla por EDUARDO ANGUITA

LAS CLAVES DE LA CONFUSIÓN DE LA DERECHA

Gorilas en la niebla

El pulso de la semana: ¿Dónde están los gorilas?

Será la primera vez, al menos desde la recuperación de la democracia en 1983, que un período de elecciones nacionales esté signado por la no controversia. El último discurso gorila fue el de Hugo Biolcati al inaugurar la exposición de la Sociedad Rural cuando, invadido por la melancolía, describió a Domingo Sarmiento en una escena surrealista en contra de unos supuestos piquetes gremiales que impedían la distribución de diarios. “Durante su gobierno funcionaron más de 100 periódicos, muchos de los cuales lo criticaban duramente y lo satirizaban”, recordó Biolcati y disparó: “Todos circulaban sin ningún impedimento... Sin patotas sindicales que impidieran su libre distribución”. Al lado lo seguían con fruición Alberto Rodríguez Saá, Mauricio Macri y Eduardo Duhalde, entre otros. Fue el 23 de julio y, tres semanas después, las urnas enterraron la ilusión de una oposición cerrada incubada en la cuna del gorilismo argentino. Ahora, a un mes de las internas, la desintegración de las fórmulas opositoras creó un escenario desconocido: un oficialismo sin enemigos. Las supuestas buenas plumas de Clarín yLa Nación solían argumentar, con buenos recursos retóricos, que la gran habilidad de Néstor Kirchner consistía en crear enemigos. Como si se tratara de un discípulo de Nicolás Maquiavelo, los editorialistas de la prensa opositora le atribuían a Kirchner la capacidad no sólo de forzar un liderazgo crispado en las filas del peronismo y sus aliados sino la artificial habilidad de hacer comedias de enredos para que la sociedad perdiera de vista la realidad.
Algo se fue decantando en este mes. Hoy las encuestas de opinión muestran un crecimiento de la intención de voto a favor de Cristina Fernández de Kirchner (alrededor del 55%) y un decrecimiento en la intención de voto a Eduardo Duhalde (menos del 10%), que es el único que mantiene un discurso opositor a ultranza. El restante 35% moderó su grado de oposición a niveles notables. Por ejemplo, ya todos los bloques hicieron saber que votarán el proyecto de ley de Presupuesto 2012 en general, tomando distancia de lo hecho un año atrás. El martes, Clarín sorprendió con una tapa “a favor”. Fue el único medio que destacó la reglamentación de las pasantías de estudiantes secundarios en empresas. Ni hablar de los análisis y posiciones editoriales sobre el discurso de la Presidenta en Naciones Unidas. De aquel latiguillo de que “la Argentina está aislada del mundo” a un reconocimiento de los temas planteados por Cristina que, por otra parte, estuvieron en sintonía con los planteados por la presidenta de Brasil, Dilma Rousseff, incluyendo en ambos casos el derecho de la Autoridad Palestina a tener reconocimiento pleno en las Naciones Unidas.
La pregunta que es preciso formularse para no quedar atrapado en la idea de que hay una primavera cristinista es ¿dónde están las usinas del pensamiento neoliberal y conservador en la Argentina? Desde mayo de 2003, mientras el proyecto nacional fue sumando resultados, los supuestos dirigentes de la derecha, tanto empresarial, política como intelectual, recomendaron quedarse aferrados a mantener algunas trincheras, como el coloquio anual de Idea, los encuentros del 4 de julio en la Embajada de Estados Unidos, la fuerza de la Asociación Empresaria Argentina (AEA), la Unión Industrial Argentina (UIA), la Mesa de Enlace y, sobre todo, las locomotoras mediáticas del Grupo Clarín y de La Nación.
AEA ya no está hegemonizada por Héctor Magnetto (Clarín). Por el contrario, algunos de sus socios prominentes, como Luis Pagani (Arcor) o Enrique Pescarmona (Impsa) o Antonio Gomis Sáez (YPF) tienen proyectos que los ligan más al proyecto nacional que a una oposición frontal. No es que de la noche a la mañana se hayan convertido en la burguesía nacional. Tampoco los grandes empresarios paulistas brindan con Lula o Rousseff, pero toman nota del momento que vive el mundo y de los liderazgos populares en Suramérica. En cuanto a la UIA, su presidente, José de Mendiguren, fue muy claro en sus declaraciones al canal TN, tras la cena del Día de la Industria realizada en Tecnópolis: “Cuando asumí en la UIA dije que entre las cosas a corregir estaba el tema de la confrontación. Mi función no es confrontar, sino articular. Soy un buscador constante de consenso”. Cabe recordar que allí estaban los máximos representantes de las cámaras de la Construcción, de Comercio, de Bancos de la Argentina, de la Bolsa de Buenos Aires y hasta el de la Sociedad Rural. El mismísimo Biolcati tuvo que readecuar su discurso.
Formación de cuadros. Algunas universidades privadas, como la Austral, la UCA y la de Belgrano, son ámbitos de formación de desigualdad social pensada y justificada académicamente. La Universidad Austral, que entró a la Argentina de la mano del Opus Dei en 1977, pleno genocidio, no asume un rol directamente opositor. Se considera “una institución que busca servir a la sociedad ejerciendo un liderazgo intelectual, profesional, social y público”, tal como dice su rector, Marcelo Villar. La Católica fue creada por el Episcopado argentino también a caballo de otro golpe, a principios de 1956, y empezó a funcionar dos años después, convirtiéndose en los cruzados de la enseñanza paga, durante la batalla de “laicos” contra “libres” (así se autotitulaban los defensores de lo que Sebastián Piñera quiere defender a ultranza medio siglo después). La Austral y la Católica enseñan con el criterio de asistencia a clase, con el mismo criterio de la enseñanza media, con la consecuente mediocridad de sus currículas. Lo que garantizan es una universidad elitista pero no de excelencia. Además, muchos de sus estudiantes y docentes simpatizan con el proyecto nacional.
La Universidad de San Andrés fue creada a fines de los ochenta, con un concepto completamente distinto a las universidades católicas precedentes. La de San Andrés se inspiró en las universidades norteamericanas. Laicas y caras. Con muchas maestrías y doctorados. Más especialización que carreras de grado. Entre los que concurren hay muchos ejecutivos de empresas y no tiene una orientación ideológica gorila. Por ejemplo, la Maestría en Administración y Políticas Públicas cuenta con muchos funcionarios públicos como alumnos y una buena cantidad de sus docentes tienen mucha cercanía al Proyecto Nacional. Es más, se fueron sumando muchos académicos argentinos que hicieron buena carrera en universidades de Estados Unidos. Es parte de la corriente de científicos argentinos de distintas disciplinas que hoy se suman a la actividad privada pero también al Conicet y a las universidades públicas. Es decir, una política de Estado que elevó fuertemente los presupuestos destinados a la educación superior y a la ciencia permitió sumar cuadros académicos de investigación y gestión científica. Por caso, uno de los científicos más prestigiosos de la Argentina, Luis Federico Leloir, se formó en la Universidad de Buenos Aires y pudo investigar en sus laboratorios. Mucho antes de recibir el Premio Nobel se mudó a Estados Unidos porque la Fundación Rockefeller financió sus investigaciones. Cabe destacar que el decano de la Facultad de Ciencias Exactas, Rolando García, firmó un convenio con Leloir gracias al cual se creó el Instituto de Investigaciones Bioquímicas de esa facultad. En la gestión de Rolando García, en esa facultad se creó la Clementina, un prototipo de computadora, gracias a una licitación internacional en la que participaban las grandes compañías internacionales de tecnología. Cabe recordar que García estaba en la sede de la Manzana de las Luces, en la calle Perú, quiso resistir a la guardia de infantería mandada por el dictador Juan Carlos Onganía. Les advirtió a los gorilas con largos bastones que él mandaba en esa casa de estudios. Le dieron en la cabeza y con la sangre en su cara les repitió que él mandaba en esa casa. Lo llevaron preso junto con muchos otros científicos. Es que el proyecto de los gorilas de etiqueta era, una vez más, al igual que en 1955, una Argentina sin soberanía educativa, sin investigadores, sin aplicación de las ciencias. Por eso, el Episcopado salió en auxilio de los generales que trabajaban para los monopolios y monseñor Octavio Derisi salía como auxilio a Onganía poniendo en funcionamiento la UCA. Derisi fue rector de la UCA por muchos años, además era obispo auxiliar de La Plata, secundando al temible Antonio Plaza. La jerarquía católica de La Plata jugó un papel nefasto durante la dictadura que siguió a la de Onganía y que se cobró 30.000 desaparecidos. Es decir, los jerarcas gorilas de carne y hueso se tomaron tan en serio el proyecto de país dependiente que no sólo se ocupaban de sacarse de encima adversarios sino que además se ocupaban de cerrar laboratorios e institutos de investigación. Hubo un caso paradigmático con los científicos de la Comisión Nacional de Energía Atómica, que quedó como coto de caza de la Armada cuando se produjo el golpe gorila de 1976. Emilio Massera tenía un delirante plan de desarrollar usos militares de la energía atómica y mandó secuestrar a los principales científicos. Algunos de ellos lograron salir y trabajar en laboratorios de países europeos. Otros están desaparecidos.
Volviendo a Leloir, un hombre de una familia aristocrática, fue un ejemplo de investigador. En la página web de la Fundación Instituto Leloir, se aclara que esa institución fue creada en 1947; es decir, en el primer gobierno de Juan Perón. Contaba con el asesoramiento de Bernardo Houssay, que ganó ese año el Premio Nobel de Medicina. A la pregunta ¿dónde están los gorilas? habría que agregar: ¿quién destina recursos para que se formen las personas que juegan un rol decisivo en la vida pública del país? En la actualidad, el Instituto Leloir está financiado fundamentalmente por recursos del Conicet y de tres universidades públicas, la de Buenos Aires, la de Quilmes y la de San Martín.
Gorilas y democracia. El gran dilema de los gorilas argentinos –y latinoamericanos– es que no contemplaron seriamente un plan B a los golpes de Estado. La recuperación del ejercicio democrático electoral en 1983 se hizo sobre la base de una sociedad cautiva de la deuda externa, de la destrucción de tejidos básicos tanto productivos como culturales. Una buena parte de la sociedad argentina, de la mano del pensamiento gorila, había naturalizado que bastaba con tener jerarquías militares y católicas dispuestas a llevar tanques y agua bendita para desalojar a gobiernos legítimos. La derecha entreguista tuvo un momento de gloria en los noventas. La sociedad de Carlos Menem con Álvaro Alsogaray fue mucho más que la impudicia. Sirvió para demostrar que los movimientos o los partidos populares no son inmunes al gorilismo cuando la tentación es grande. Y esa enseñanza tiene que estar presente. Merece investigación, debate y compromiso. El ejercicio de gobierno es también un ejercicio de construcción de poder. Se trata de un ejercicio de poder ciudadano y popular pero, hay que subrayarlo, en una sociedad capitalista, que construye inequidades a cada paso. Y que, cuando se abre una fisura, las ideas gorilas recuperan base social. El ejemplo más contundente y cercano fue la gesta de las patronales agropecuarias de 2008. Si bien se diluyó el bloque que encabezó ese intento destituyente, no se trató de un fenómeno aislado de otros intentos en la historia argentina y latinoamericana. Hay otros gorilas en la región que gozan de consenso social y ganan elecciones.
Los avances de estos años se miden no sólo por la capacidad de enfrentar con valentía a enemigos poderosos. Se vivió con la derogación de las leyes de impunidad y los juicios, con la estatización de las Afjp y con la ley de medios, por citar algunos ejemplos paradigmáticos. Desactivar los poderes que parecían intocables es importante. Pero es más difícil construir que destruir. Lo que se vive en estos años contagia porque permite ver ejemplos que se pueden imitar, que despiertan entusiasmo. El gorilismo construyó inequidad, se basó en el autoritarismo más básico. Aquella frase de que la colimba fabrica hombres fue tomada como una verdad básica por muchas generaciones. Hoy va a tocar el piano Miguel Ángel Estrella a los cuarteles. Hoy un oficial va a estudiar a las universidades públicas sin complejo de que lo miren como un represor. Hoy una mujer soldado es respetada por sus camaradas en un cuartel. La idea de los gorilas era tratar el país como un gran cuartel. Las ideas de estos años pueden situarse en una versión opuesta: llevar a los soldados a transitar los mismos caminos que el resto de los ciudadanos, para que la soberanía sea defendida con convicciones, con justicia, con equidad. Al respecto, vale la pena mencionar que todos recuerdan la orden que dio Néstor Kirchner al entonces jefe de Estado Mayor del Ejército, Roberto Bendini, de retirar los cuadros de los genocidas Jorge Videla y Reinaldo Bignone en el Colegio Militar. Esos dos asesinos habían sido, entre otras cosas, los responsables de la formación pedagógica de quienes se graduaban como subtenientes. Pocos saben quién es el actual director general de Educación y rector del Instituto de Enseñanza Superior del Ejército. Se trata del general Fabián Brown, un hombre con un pensamiento diametralmente opuesto a que el Ejército fuera la fuerza de ocupación al servicio de los intereses privilegiados. Por caso, cuando la mayoría de los cuadros militares hacían silencio sobre los crímenes cometidos por los uniformados, el entonces coronel Brown le dio a Osvaldo Bayer documentación sobre quién era el coronel Héctor Benigno Varela, responsable de la matanza de huelguistas en la Patagonia en 1919-20. La sociedad argentina está en ebullición. Los cambios no terminaron. Las contradicciones tampoco.


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