miércoles, 2 de febrero de 2011

Desopilante intento de apriete del gremio de Comercio a la Presidenta

Desopilante intento de apriete del gremio de Comercio a la Presidenta

Capital Federal (Agencia Paco Urondo, por José Cornejo) Originalmente, la agenda de la presidenta de la Nación, Cristina Fernández, señalaba que este miércoles 26 por la tarde asistiría al Club Albariño, en el pauperizado barrio de Soldati. El club había sido ocupado y posteriormente desalojado, así que había una gran expectativa sobre el discurso presidencial sobre la materia. Sin embargo, el martes 25 fue el día más caluroso de la década (43ºC de sensación térmica), la presidenta tuvo un leve bajón de presión y entonces reprogramó su agenda. Hizo de anfitriona en Casa Rosada de ocho campeonas mundiales de boxeo argentinas.
Armando Cavalieri, titular del poderoso Sindicato de Empleados de Comercio, debió haber estado enterado de este cambio. O al menos su operativo secretario de organización, Ramón Muerza. Ante la inminencia de las elecciones en su gremio, que pueden ser históricas si El Gitano es derrotado, alguno de los dos tuvo una brillante idea. Mandar una patota a Casa Rosada para denunciar a la lista opositora, La Borlenghi, y de paso, intimidar un poco a la presidenta y su ministro de Trabajo, Carlos Tomada, para que esta lista no pueda presentarse a elecciones.
Así las cosas, a las 17.55 de ayer, con más de 30º de calor y una humedad exasperante, dos grupos intentaban entrar al Palacio de gobierno. Por Balcarce 50, los pacientes asistentes al homenaje deportivo y transpirados cameramen. Por Balcarce 24 en cambio, medio centenar de muchachones, algunos en notable estado de ebriedad, otros pocos con supuestas remeras de Carrefour (no las mismas que se ven en esa multinacional).
Casa Rosada no es la sede del gremio de Comercio en Moreno 625, donde habitualmente Cavalieri y Muerza intimidan a los sectores críticos. Veloz de reflejos, el agente que estaba en la reja les prohibió el acceso. Hubo un forcejeo fugaz, pero ante la llegada de nuevos efectivos, los cabecillas de la patota entendieron que estaban al borde de un escándalo mediático y que la resultante podría ser exactamente la contraria de lo que habían ido a buscar. Alguno de los matones le arrojó en la cara de los policías volantes donde denunciaban a La Borlenghi con acusaciones tan graves como “Nievas (el dirigente de este sector) se recibió de abogado con los recursos que le abonó el gremio” y otros delitos igual de significativos. La impresentable pandilla firmaba los volantes con un inverosímil "Supermercadistas por el cambio (15 de abril)". Luego ensayaron dos veces “yo soy argentino, soy soldado, del pingüino”, a ver si con esto convencían a los policías (?) pero ante la incapacidad de algunos de aprenderse el sencillo cántico y otros de negarse rotundamente a hacerlo, desistieron de continuar.
Antes que el reloj marcara las 18.30, los frustrados apretadores partieron para la sede de Comercio, a confrontar con los delegados de la lista opositora. Hasta las 20 de ayer, no se habían registrado incidentes.
Sorprende la torpeza de Cavalieri para llevar adelante exitosamente una elección, en un secretario general que formalmente atravesó no menos de seis comicios internos. Pero la explicación excede la edad del sindicalista enriquecido. Tiene que ver con un proceso mucho mayor. Al calor de la recuperación del empleo y del valor de la política como herramienta de transformación, muchas bases obreras han comenzado a cuestionar fuertemente las conducciones empresariales de muchos gremios. Esto se ha visto dramáticamente en el asesinato de Mariano Ferreyra, pero hay mucho más. Se pueden encontrar efervescencia sindical con conducción kirchnerista (Comercio, Bancarios), de izquierda (Kraft - Alimentación), kirchnerista y hasta de izquierda con kirchnerismo (Pianelli, de CTA-K en Subtes, UTA). En todos los casos, el elemento en común son conducciones gremiales genuflexas a la patronal correspondiente, cuando no son ellas mismas las patronales. La respuesta violenta por parte de estos últimos indica tanto que están a la defensiva, como la peligrosidad que están dispuestos a desplegar para mantener sus negocios. (Agencia Paco Urondo)