lunes, 30 de mayo de 2011

De zonzos y zonceras... en Santa Fe, Aníbal Fernández



Rogelio Alaniz, conspicuo lenguaraz del gorilismo santafesino, ha decidido tragarse las contrariedades que le provoca la sola mención del nombre de don Arturo Jauretche y en un editorial de ayer, del diario El Litoral, escribe un artículo con el aparente fin de criticar mi libro “Zonceras Argentinas y Otras Yerbas”.

Y la verdad es que su crítica sólo se basa en cosas dichas por mí mismo; en mencionar cuestiones que quedan bien claras en la  Introducción: no soy Jauretche; no gozo de sus habilidades con la pluma y con la espada, ni de su ironía áspera y gauchesca; ni de su don para discurrir sobre el momento histórico con la facilidad con la que uno estornuda.

Tampoco tengo la historia de Jauretche, por quien manifiesto una sincera y “compañera” admiración y no la falsa e impostada que reseña Alaniz como introducción.

Porque al final de su artículo, cuando me critica por querer “plagiar” a Don Arturo (cosa que queda expresamente explicada en el inicio de mi libro), este ilustre y falaz vocero de la más rancia derecha conservadora, muestra su verdadero fin: mirarse otra vez el ombligo. 

“Lo conocí” a Jauretche, dice, y en realidad lo cruzó en un evento universitario en el que Don Arturo debe haber saludado al menos a 100 personas tan respetables como Alaniz; “el Centro de Estudiantes sacó un comunicado en su contra (…) entre los firmantes de ese comunicado estaba yo”, se jacta para luego hacerse el arrepentido, como si a Jauretche le importara un carajo (entonces, ahora y siempre) que este tipo firme un comunicado acusándolo de autoritario a él que fue un paladín de los valores democráticos.

Pero el auto referencial Alaniz no escribe ninguna cosa que no sea su auto elogio y su visceral odio al peronismo. Y usa este verdadero boom de “Zonceras…”, que es el libro más vendido desde hace 3 semanas y que, además, ha promovido que los jóvenes compren los libros de Don Arturo, para tratar de desmerecer al peronismo de los ’70s por no haberle dado a Jauretche el lugar que se merecía.

En su forzado elogio a Don Arturo, mete cizaña, suda inquina y cierra el gorilesco opúsculo con ese chistín fácil sobre que, para cantar como Gardel no basta con peinarse con gomina. Un lugar demasiado común para un tipo que se vende como original; que posa de inteligente y usa los espacios de radio Universidad para decir que el gobierno atenta contra la libertad de prensa (obvio, lo dice desde un “medio” oficial).

Así, este “profesor” de la UNL que tiene fama de golpeador (aunque él, cada vez que le preguntan sobre este tema, salga ironizando con que a sus alumnos les pega con una toalla mojada); que cree que la frase que mejor define a Néstor Kirchner es “En política no hay que hacerle asco a nada”, frase nunca pronunciada por el ex presidente pero que él dice conocer por la infidencia de uno de los epígonos de Néstor; este fabulador vulgar y peor periodista que lee sus editoriales por radio y, encima, los lee mal, pretende explicarme a Jauretche, su prosa, su acción militante y su trascendencia.

No sé. Debería empezar por leer a Jauretche y no le vendría nada mal, leer mi libro. 

Pero mejor, no.

Primero porque me daría asco en cualquiera de los casos y además, estaría restando tiempo a su auto adoración y a su libre ejercicio narcisístico.

Y, eso, Dios no lo permita.