domingo, 27 de noviembre de 2011

“Hay que tomar medidas drásticas” JAMES PETRAS


El sociólogo estadounidense señaló que para salir del predominio político de los sectores financieros, tanto en Europa como en los Estados Unidos, se debe declarar el default o la bancarrota sobre la deuda pública, como hizo la Argentina.
Con una trayectoria académica que incluye la publicación de más de 60 libros, el sociólogo James Petras es una referencia obligada en los estudios sobre la globalización, los movimientos sociales, el imperialismo y desarrollo en Latinoamérica. En diálogo con Tiempo Argentino, valoró positivamente la salida de la crisis de 2001 y los juicios a los genocidas de la última dictadura militar. “Tanto España como Grecia, Irlanda y Portugal han perdido soberanía. Los que mandan ahora son los banqueros de Alemania, Francia y en menos grado Inglaterra y los Estados Unidos. Ellos son los que fijan el marco socioeconómico”, aseguró.

–El Instituto Internacional de Finanzas dijo esta semana que la Eurozona ya se encuentra en recesión. ¿Por qué le cuesta tanto a Europa encontrar una salida?
–En primer lugar, porque el predominio de los banqueros está conspirando contra el crecimiento y la recuperación. Mientras presionan para que los países deudores paguen están desviando todos los recursos que podrían llevar a un crecimiento del mercado doméstico y facilitar inversiones para que los gobiernos puedan cumplir con sus responsabilidades fiscales. Es decir, los gobiernos sólo reciben dinero para refinanciar la deuda y se arma un círculo vicioso: más deuda, más pagos, menos crecimiento, más austeridad. Es un proceso circular del cual no hay forma de salir porque los sectores financieros hoy son los más importantes.
–¿Qué implicancias tiene el predominio de las finanzas?
–La pérdida de la soberanía, el segundo punto importante que quiero destacar. Tanto España, como Grecia, Irlanda y Portugal han perdido soberanía. Los que mandan ahora son los banqueros de Alemania, Francia y en menos grado Inglaterra y los Estados Unidos. Ellos son los que fijan el marco socioeconómico, las tasas de créditos y los refinanciamientos. Mientras las decisiones vengan impulsadas de afuera, los gobernantes tienen que cumplir. Si no cumplen tienen que cambiar todo lo que están aceptando hasta ahora que es, básicamente, la defensa del mercado de bonos. Los dueños de los bonos son afiliados de los gobernantes en el exterior. Es una especie de colonialismo dentro de un contexto moderno. Las finanzas dictan la economía productiva, no hay desvinculación. En este sentido, no hay buenos y malos. Los financistas dictan la macropolítica.
–¿Cómo se sale de este círculo?
–Hay que tomar medidas drásticas sobre la deuda externa, un default o declaración de bancarrota para –por lo menos– que esos recursos destinados a la deuda puedan canalizarse al crecimiento, con una recuperación de la producción y acumulación, y poder obtener algún tipo de refinanciamiento. Los banqueros están matando la vaca que produce la riqueza. Ese es el problema. Papademus, Papandreu, Monti o Berlusconi no tienen otro marco político y económico para funcionar, por eso se quedan cada cual en su turno haciendo lo mismo. Mariano Rajoy no va a hacer algo distinto a lo que hizo Zapatero, o peor, va a ponerse de rodillas y aceptar todas las restricciones. Ni los comunistas ni los nacionalistas tienen alguna fuerza en la institucionalidad actual. Los sindicatos viven de una época anterior donde piensan que por generar alguna marcha u ocupación pueden conseguir algún pacto social. Pero las vías de los pactos tripartidarios entre empresarios, gobernantes y sindicatos ya no existen. Las órdenes políticas están siendo dictadas desde afuera. Es algo radicalmente diferente de lo que vivimos en el pasado. 
–¿Qué experiencias pueden rescatarse donde se haya logrado salir de este proceso?
–Algo de lo que pasó en América Latina en los años ochenta, en la crisis de la deuda, y algo muy similar con lo que pasó con Argentina en 2001. La única forma de romper con este esquema era precisamente a través de un levantamiento popular como sucedió en la Argentina, tumbando al gobierno de De la Rúa y la asunción de un gobernante dispuesto a renunciar a la deuda, por lo menos a la forma que estaba dictada. Y luego de tres o cuatros años de crecimiento, tras una recuperación respetable, se vuelve a renegociar parte de esa deuda con una quita del 75 por ciento. Es el camino que tomó Islandia. Este país ha tomado una posición similar a lo que paso en la Argentina. Han renunciado a pagar la deuda que ellos llaman “ilegítima”, y a partir de eso el país comenzó a recuperarse y crecer. Los bancos ingleses e irlandeses pusieron el grito en el cielo, están enojados, pero no tienen forma de revertir este proceso.
–Usted reside en los Estados Unidos. ¿Qué lectura hace de la emergencia de los indignados?
–Es difícil imaginar la parálisis que existe en el Congreso entre los dos partidos. Ni siquiera pueden llegar a un acuerdo en torno al déficit o el Presupuesto. Mientras, se está prendiendo fuego Washington, el presidente Obama viaja por Asia provocando a China, que es el principal financista de los bonos del Tesoro. Es la parodia de una política. En este sentido, la aparición de los indignados es interesante, son una expresión de frustración hacia la institucionalidad. Según una encuesta, el 9% de la población estadounidense tiene una visión positiva del Congreso, mientras que un 91% tiene una visión negativa del Congreso, incluyendo a ambos partidos. Nunca hemos visto un desprestigio tan grande entre el público hacia la institucionalidad. Hay un desgaste total. Pero mientras tanto no surgen alternativas. Los ocupas de Wall Street son una protesta simbólica, no tiene una proyección política, hacen una marcha aquí, allá, agrupan a 5000 sindicalistas en California. No obstante, frente al desierto existente es un paso positivo. Es una exteriorización de la frustración. Pero como formación política, con un liderazgo y una proyección con una política gobernante, no existe todavía. Hay que ver cómo van a desarrollar y elaborar este proyecto, ver si queda como sólo en la protesta y rechazo. No creo que tenga mucho futuro.
–¿Y en Europa?
–En Europa, la centroizquierda está descartada, tanto el socialismo en Grecia, como en España y Portugal. Tienen una porción importante de la responsabilidad, ellos eran gobernantes e introdujeron los programas de austeridad y cumplimiento con la deuda. Son en muchos casos responsables por la crisis y no ofrecen ninguna solución. Más allá de los socialdemócratas de centroizquierda, la izquierda más radical es muy minoritaria. La izquierda que expresa alguna fuerza es la de los movimientos de desocupados, los jóvenes, algunos sindicalistas que por lo menos ofrecen una resistencia y rechazo. Pero tienen que consolidar una expresión política, ese el próximo paso. Sabemos contra qué se oponen, pero no tienen un proyecto propio político y social para desplazar a la centroizquierda que ya está descartada.
–¿Cómo se inserta la Argentina en este escenario?
– La Argentina todavía es muy dependiente de los commodities, de la soja, de los productores de agronegocios. Hay que diversificar el proyecto. Con los juicios contra los genocidas han ganado mucha legitimidad, hay que utilizar esta imagen positiva para transformar la política económica interna. No creo que China tenga una trayectoria infinita de crecimiento. Cuando empiece a crecer a menor ritmo, va a afectar las exportaciones de la Argentina, Brasil y Chile. Ese es el peligro, si no se toman las ventajas de la situación actual, donde hay un gran excedente positivo, cuentas fiscales más o menos respetables. Es el momento para preparar otro tipo de modelo.