sábado, 19 de noviembre de 2011

SEBRELI VIEJO GORILA, PSEUDO-PROGRESISTA DE DERECHA!!!


-Sebreli: "El Che era un idiota político"

-Sebreli: "Cristina tuvo el 54%, pero Galtieri tenía el 90% de aprobación

SOS TAN GORILA COMO LA SARLO, LANATA, TENEMBAUN, ETC..., LOS PSEUDO-PROGRESISTAS DE DERECHA!!!
Daniel Mancuso:
Juan José es atemporal. Escribe como si viviera en 1930, la primera década infame. O en el 1956 de la fusiladora, o en 1969 de Onganía, es lo mismo. Vive adentro de una campana de cristal donde se guardaban los sánguches de los bares. Como está viejo y achicharrado se mete adentro y se preserva de la chusma.

No es el hermano de Frankenstein pero se le parece. Dicen que es un escritor que en sus orígenes adhirió a la candidatura presidencial del trotskista Nahuel Moreno, allá por 1973. Dicen que JJ polemiza siempre pero sustentando muy sólidamente sus posiciones. O sea que es un gorila con argumentos, o algo por el estilo. No es para tanto, no hace falta ser muy lúcido para ser retrógrado, sólo un poco de resentimiento y asco por los humanos de clases sociales inferiores. JJ se cree superior, perteneciente a una minoría selecta, lejos de la plebe y la barbarie. Y da consejos de civilidad e institucionalismo para los hijos del establishment.

Después de leer su nota en La Nación, titulada El espectáculo del viejo caudillismo, podrás colegir que como su sosias, hay un montón de partes muertas en su humanidad gastada. Sus textos parece que tienen vida, pero es una frustrada ilusión que murió en 1955, cuando creyeron que habían matado al peronismo. Como no soporta la realidad, Juan José Sebreli la inventa y escribe rabioso...
    ... Estos delirios de unanimidad a los que son tan afectos muchos argentinos muestran el persistente culto de los héroes, la creencia en los caudillos salvadores, principal obstáculo para la construcción de una sociedad democrática de hombres libres, iguales y responsables de su propio destino. La incertidumbre que ahora cunde por un posible vacío de poder debería atribuirse no a la muerte del líder, sino, por el contrario, a la persistencia del viejo caudillismo y a la debilidad de un sistema democrático de partidos y de instituciones sólidas que avalen la continuidad y la estabilidad política, más allá de las contingencias de los individuos.


Este octogenario representante del pensamiento reaccionario ilustrado ya no asusta a nadie. Sus textos huelen a naftalina vieja que no puede auyentar las polillas que se comieron las hojas amarillentas, sucias, de tiempos oligarcas idos. Ideas barridas por la escoba popular que limpia la basura y los papeles inútiles...
    Los funerales de Néstor Kirchner debían ser previsiblemente multitudinarios. Forman parte de los rituales de la sociedad del espectáculo en la era de los medios, de la adicción por los eventos masivos y la cultura de la muerte o necromanía, desde las exequias de Juan Pablo II a Lady Di o de Hipólito Yrigoyen y Carlos Gardel hasta Evita, Juan Perón y Raúl Alfonsín.

    La actitud mágica ante la muerte suele envolver a los difuntos famosos con un aura de santidad o heroicidad; no debe extrañarnos que hasta algunos adversarios, políticos, analistas, periodistas y escritores, elogiaran el espíritu de lucha del jefe de un Gobierno vituperado hasta el día anterior por el autoritarismo, la agresividad y la corrupción. El sacrificio y aún la inmolación por un ideal se transfiguraron en una cualidad política, olvidando también que las peores causas han contado con militantes dispuestos a dar su vida.

    Sin embargo, algunos gestos del kirchnerismo aguaron esa fiesta de hipócrita reconciliación: el velorio no se hizo como es habitual en el Congreso. No se les permitió la entrada a la Casa de Gobierno al ex presidente Eduardo Duhalde ni al vicepresidente Julio Cobos. Otros debieron pasar por la censura del secretario de la Presidencia, Oscar Parrilli, así Felipe Solá, Francisco de Narváez o la comitiva radical -cuyo titular fue abucheado- salieron desairados sin poder saludar a Cristina Fernández. El discreto silencio de Elisa Carrió fue la actitud más digna. La relación amigo-enemigo persistió en el velorio con la discriminación en Palacio y los estribillos amenazadores contra la oposición coreados en la Plaza de Mayo, donde no faltó tampoco la oratoria rabiosa de Hebe de Bonafini...

¿Quién te escucha, quién te lee, Juan José? Tu prosa huele a cementerio de ricos, a vieja pituca emperifollada y hedionda de perfumes franceses, flores marchitas y carnes muertas. Estás condenado a la mesita de luz de Mirta Legrand, las noches de insomnio de Ernestina Herrera de Noble, las horas interminables de Videla...
FUENTES: http://danielmancuso.blogspot.com/ http://peronistahastalamuerteclaudio.blogspot.com