viernes, 14 de diciembre de 2012

LOS CURAS VILLEROS LE CONTESTAN A LA DECLARACION EPISCOPAL.



Ante una nueva declaración episcopal

Ante la cercanía, no muy inmediata de la Navidad, los obispos argentinos, o quienes han sido delegados por ellos, han hecho público hoy un documento.

Para la liturgia católica, la Navidad cae siempre el 25 de diciembre (en el calendario lunisolar de la liturgia, no ocurre lo mismo con la Pascua), y esta fiesta se prepara con el tiempo de Adviento que comienza recién el próximo domingo; por lo tanto, un saludo de Navidad parece más preparativo del 7D, día que la independiente Corte de Justicia fijó para el fin de las cautelares "eternas" contra la plena aplicación de la Ley 26.522 votada por el Congreso de la Nación y conocida popularmente como "Ley de Medios". No creemos que esta independencia de los poderes de la república sea lo que molesta al Episcopado, en el que por su modo de ejercer la autoridad no hay tal independencia de poderes, pero la fecha elegida -como otras, en otras ocasiones- nos parece, por decir lo menos, muy poco feliz.

Cuando en la crisis desatada por el modelo genocida neoliberal en el 2001 los obispos empezaron con la llamada "Mesa del Diálogo", expresamos nuestro desacuerdo sobre el modo de emprenderlo (www.curasopp.com.ar); no entendemos como diálogo sentar a la misma mesa en un nivel de igualdad victimas y victimarios. Hoy, seguimos diciendo lo mismo: celebramos el diálogo, pero desde el lugar de las víctimas, y sólo si sirve para ""derribar de su trono a los poderosos y elevar a los humildes"", como canta en la Biblia la Virgen María. De otro modo, hablar de diálogo, parece más una burla a las víctimas.

Llama la atención que, en otra alusión del trágico 2001, los obispos remitan a la que llamaron "Oración por la Patria", una oración donde no aparece la palabra "justicia".

Estamos de acuerdo en que el país -y el mundo, acotamos- padece una "crisis moral y cultural" que nos afecta a todos (obispos incluidos), a eso los mismos obispos en Aparecida lo llamaron "cambio de época", y en este tiempo "tremendo y fascinante" es que nos toca anunciar Buenas Noticias a los pobres, quedando indisimuladamente de su lado, y no pareciendo hablar desde el escritorio de los poderosos o de los CEO de algún multimedio.

Lamentablemente, por lo antedicho, sí creemos que a veces "hay bandos irreconciliables", opresores y oprimidos, víctimas y victimarios, crucificados y crucificadores, que sólo se pueden reconciliar con el arrepentimiento claro y transparente, con la reparación de los males causados, con un público pedido de perdón (el mismo que Videla, por ejemplo, sigue negándose a pedir, y parece que para algunos eclesiásticos ya está reconciliado). No negamos, por cierto, la capacidad de arrepentimiento de algunos, y los esperamos con la mano tendida, pero nos encontrarán del lado de las víctimas. "Por amor a ellos, porque "a mí me hace mal que me opriman y a ellos le hace mal oprimirme"" como decía el recordado Carlos Mugica.

Sobre el diagnóstico que realizan los obispos, simplemente queremos señalar que entre nosotros mismos no tenemos la misma opinión sobre diferentes actitudes o políticas, y eso nos enriquece; pero para hablar de desocupación, empobrecimiento, hambre, inseguridad remitimos a los datos (no "oficiales") de la FAO, la CEPAL, el Banco Mundial o las estadísticas de Inseguridad de la Corte. Lo menos que podemos decir es que nosotros, que estamos en los barrios, entre la gente, con los pies en el barro, tenemos una mirada muy distinta de la que presenta el documento episcopal. Y precisamente desde ese barro, queremos saludar por la Navidad adelantada a los pobres de nuestra Patria que reclama justicia e igualdad ante la ley.

Secretariado de Curas en Opción por los Pobres


Una serie de acontecimientos recientes nos interpelan, y creemos que debemos decir una palabra ante esto:
· Repudiamos la sentencia del juez neoyorkino Thomas Griesa, consecuencia obvia del neoliberalismo que cedió potestad jurídica a estrados fuera de la Argentina con el falaz nombre de “seguridad jurídica”, alentando la especulación, el avasallamiento y la carroña buitre sobre un país soberano.
· Repudiamos -y nos solidarizamos con ellos- la denuncia a periodistas no dependientes de un grupo monopólico por manifestar su desacuerdo, y críticas a una empresa que impulsa un “discurso único”, que alienta cualquier manifestación, incluso violenta a fin de no perder su posición dominante no sólo en la prensa televisiva, oral y escrita, sino especialmente en las mentes y corazones argentinos.
· Repudiamos cualquier declaración que aluda al actual gobierno como “dictadura” o “dictadura con votos”, ya que reconocemos la plena libertad en los medios de comunicación para decir cualquier cosa, o publicar incluso tapas vergonzosas y ofensivas, y de manifestar las propias opiniones sin impedimento; creemos que afirmar eso es un verdadero atentado a la voluntad popular más allá de la opinión que cada una/o tenga acerca del actual gobierno.
Por eso
Celebramos y aguardamos esperanzados la llegada del próximo 7 de diciembre en el que pretendemos que los actores casi todopoderosos de la prensa se adecuen a una ley de la democracia, votada por amplia mayoría del congreso y que alienta la desaparición de un discurso único permitiéndonos ejercer el derecho de escuchar muchas y muy variadas voces en muchos y muy variados medios.
Alentamos a todos los responsables de la política, felizmente recuperada, en los diferentes ámbitos judiciales, legislativos y ejecutivos a no arrodillarse –como se hizo otrora, y muchos pretenden repetir- ante los poderosos del Globo, ante el Dios dinero, y sus ministros, y defender con toda la sangre y la alegría la vida digna de los pobres de la Patria.

Secretariado Curas en Opción por los pobres



Comentario del Grupo de Curas en la Opción por los Pobres ante el Mensaje al pueblo de la patria difundido ayer por la Conferencia Episcopal Argentina:
Unos 400 laicos, a raíz de las declaraciones del genocida, ex-general Videla, enviaron recientemente una carta a la Conferencia Episcopal
Argentina. En ella formulan una serie de reclamos, todos importantes. La carta fue recibida en mano por el presidente de la Conferencia Episcopal, el que además, recibió luego a un grupo de esos laicos delegados para presentarla y explicar su génesis y el sentido de sus reclamos. Así se convino esperar la reunión de la Asamblea episcopal, donde él presentaría la carta.
Probablemente en respuesta a ella, aunque no se la mencione, los obispos argentinos hacen llegar ayer un mensaje al pueblo de la Patria. Es ante este texto, que consideramos pobre e insuficiente, que quisiéramos señalar algunos aspectos que nos parecen importantes:
. Es evidente que todo hecho u omisión debe entenderse en su contexto, y de ello surgen atenuantes y agravantes. Eso ocurre en todos los órdenes de la vida; pero destacar dentro del contexto la "violencia guerrillera" pone -una vez más- un documento episcopal en el marco de la teoría de los dos demonios, teoría que rechazamos sin ninguna duda ya que hubo un solo "demonio" que fue el terrorismo de estado.
. Las declaraciones del genocida Videla fueron bastante más allá del reconocimiento de una connivencia entre la conducción facciosa del Estado y la cúpula eclesiástica. Connivencia que no rechazaríamos tan livianamente como afirma mons. Arancedo, pero que supone muchas otras instancias que no son tenidas en cuenta en el documento.
. A la pregunta de cuánto sabían sus "hermanos mayores", los obispos de tiempos de la dictadura, no hace falta demasiada investigación. Allí están los discursos de mons. Bonamín, mons. Plaza, mons. Tortolo (presidente de la CEA, elegido por sus "hermanos", por si hiciera falta recordarlo), por nombrar sólo los más emblemáticos. Aunque la lista podría fácilmente prolongarse en bastantes nombres más.
. La cita de algunos párrafos nos parece insuficiente y limitado. Res non verba, decían los antiguos. No son algunas pocas palabras lo que se les cuestiona. Pueden haber dicho una palabra en 1972 contra la tortura (no hubiera estado mal repetirla en 1976), pero sabemos bien que fueron muchas las voces eclesiásticas episcopales o presbiterales que justificaron la tortura públicamente como un "mal menor", e incluso participaron de las mismas. No se entiende el tibio y limitado pedido de perdón del año 2000 si realmente creen que hicieron todo lo debido y necesario. No se entiende el silencio de los nombres de nuestros mártires desaparecidos, asesinados o torturados, como el Obispo Enrique Angelelli, Carlos de Dios Murias, Gabriel Longueville, Carlos Bustos, Pablo Gazzarri, Mauricio Silva, Orlando Yorio, Francisco Jálics, Wenceslao Pedernera, Alice Domon, Leoníe Duquet y tantos otros, si el supuesto pedido de perdón se pretende serio y responsable.
. Somos conscientes que muy pocas instituciones hicieron un mea culpa por su actitud en la dictadura. Faltan empresarios, sindicalistas, periodistas, por mencionar algunos; pero no se trata de especular con el mal de muchos sino de afirmar lo que se espera del pastor: que dé "la vida por sus ovejas". Y algunos de esos mártires silenciados, así lo hicieron, por cierto.
. Sin dudas hay heridas abiertas, pero en muchos casos, heridas que declaraciones episcopales no han hecho nada por cerrar, porque cuando se avanza en los juicios, se escuchan voces que hablan de reconciliación, de perdón, deslizando la idea implícita de que los juicios son motivados por venganza o revanchismo, desdiciendo todo lo que han afirmado de "la verdad y la justicia", para empezar. Nos gustaría una cercanía fraterna de los obispos con los organismos de Derechos Humanos que siguen luchando por la verdad, la memoria y la justicia en especial las Madres y Abuelas de Plaza de Mayo, como en su momento lo hicieron con cariño y valentía Jorge Novak y Jaime de Nevares. Hoy -como ayer- más bien percibimos distancia.
. Decir que "...reiteramos el pedido de perdón a quienes no hayamos...", es algo vano y falaz. El pedido de perdón debe ser concreto, por esto o por lo otro. Ninguno de nosotros aceptaría una confesión tan genérica sin reconocimiento concreto de las faltas o delitos cometidos. Así dicho simplemente es un pedido de perdón inexistente.
. Es indispensable que se acepten y se apoyen las investigaciones de aquellos tiempos, especialmente cuando se negó que en la CEA hubiera archivos. Hoy hay libros bastante documentados sobre este y otros temas semejantes, afortunadamente. No olvidamos que ante todo somos ciudadanos de la Patria que reclama justicia, y esperamos que todos los miembros de la Iglesia -obispos incluidos, por cierto- colaboren en todo con la justicia, se acerquen a aportar toda la información disponible, y acepten los fallos correspondientes para cerrar heridas no desde el olvido y la impunidad, sino desde la verdad y la justicia que tanto proclamamos.
. Nos parece muy insuficiente la declaración sobre los niños apropiados, porque no se trata sólo de exhortar, o de recordarles a los responsables que están moralmente obligados a declarar. Es sabido que la mayoría de los niños apropiados lo fueron (y en algunos casos con apoyo de instituciones católicas) para dar los niños a familias "occidentales y cristianas". En el texto se extraña que -con toda la firmeza y la autoridad de pastores- no exijan a los llamados cristianos a que den todos los datos que posean sobre los desaparecidos o niños apropiados ilegalmente para el reconocimiento de la verdad y la identidad, o para que tantas familias puedan hacer el luto y dar -al menos interiormente- cristiana sepultura a sus familiares asesinados.
. Lamentamos el silencio acerca de la gravedad del tema de los capellanes militares y su actitud claramente cómplice con el genocidio. El caso del condenado por la justicia Christian von Wernich, que no fue suspendido en sus licencias o expulsado del ministerio, es emblemático, y sigue siendo un pecado que clama al cielo encubierto por un silencio escandaloso. Mientras tanto, Videla sigue comulgando y lo dice abiertamente a pesar de haber reconocido públicamente su delito que parece no ser entendido como pecado.
. En ese sentido, debemos confesar que nos escandaliza que ante la sociedad parezca que usar preservativo sea más grave que la tortura; que el sexo pre-matrimonial sea más grave que violar mujeres detenidas-desaparecidas; que engendrar hijos fuera del sacramento del matrimonio sea más grave que apropiarse niños después de tirar al mar a sus padres, que la homosexualidad es una enfermedad perversa y más grave que ser un torturador o presenciar con sadismo y complicidad sesiones de tortura, que el aborto de una mujer angustiada en su situación de embarazo no deseado o provocado sea tenido por genocidio y como algo mucho más grave que arrojar personas vivas al mar, atadas, dopadas, y secuestradas.

Lamentamos que una vez más, nuestros hermanos obispos perdieran la oportunidad de mirar la cara a la sociedad sanguinolenta al borde del camino y expresaran un sincero pedido de perdón, un reconocimiento de su pasado y un deseo concreto de reparación ante la muerte y el genocidio. Tanta reticencia durante años a llamar las cosas por su nombre no nos permite confiar plenamente como quisiéramos en la efectividad de estas declaraciones.
Secretariado del Grupo de Curas en Opción por los Pobres

Pbro. Juan Carlos Baigorri
Pbro. Marcelo Ciaramella
Pbro. Roberto Murall
Pbro. Eduardo de la Serna
FUENTE: http://www.curasopp.com.ar/