domingo, 3 de julio de 2011

Carta a Néstor Por Federico Posadas

Te fuiste como llegaste, sin avisar. Me esfuerzo tratando de pensar que todavía estas acá, así como ya estabas cuando nosotros ni siquiera lo sabíamos, esperando tu momento. Néstor querido, me cuesta tutearte y a la vez te lloro como a un amigo, no puedo entenderlo, ¿de dónde viene esto? ¿Era tu destino el sacrificarte por la causa y sellar de manera definitiva este sentimiento colectivo? ¿Darle un impulso tal que pudiera quebrar el cerco de la mentira, del ocultamiento, del olvido? Me pregunto tantas cosas, hay tanto que no nos enseñaron en la escuela, banderas que con vos tomaron relevancia, se volvieron visibles y posibles. Entre tanta tristeza e incertidumbre, me queda un consuelo, el de haberte bancado en vida. Vaya si me he peleado con más de uno por vos, por tus ideas, tus logros, que se volvieron los de tantos. Con cada discusión fueron creciendo mis ganas de buscar más argumentos, más información, ganas de conocer, leer, reflexionar. Y con todo eso crecí. Siento que me despertaste el romanticismo de luchar por un ideal colectivo, de bancar una idea en común. Y del otro lado se retuerce quizás la principal razón de este amor: tus enemigos. Usando el instinto, la lógica simple, el verlos solamente me basta para comprender de qué lado quiero estar. Néstor querido, tu tierra ya te abraza, que estés en paz, nosotros el lunes arrancamos de nuevo. No va a haber descanso, así es este país, van a venir por lo que les quitaste, van a tratar de volver atrás. ¡Qué vengan! Voy a recordarte y a luchar desde mi lugar, desde las cosas más simples hasta las más complejas. Voy a contarle a mi hijo de vos, de tu alegría, de tu fortaleza, de tu increíble valentía. Tu ejemplo me marca para siempre. Te fuiste como llegaste, pero dejando un país distinto al que recibiste. Yo tampoco soy el mismo, y eso en gran parte te lo debo a vos. ¡Gracias, Néstor!