domingo, 11 de diciembre de 2011

“Podría renunciar feliz a todo”, LEON GIECO



Con 60 años recién cumplidos y nuevo álbum, El desembarco, el cantautor nacido en Cañada Rosquín repasó su carrera, habló del presente político de la Argentina y reveló su rol como intermediario entre Cámpora y Perón.
Llega a horario, saluda cordialmente y se toma un par de minutos para recomponerse del implacable calor que derrite la existencia ciudadana. El aire acondicionado de la oficina de su productora proporciona un alivio al que nadie parece dispuesto a renunciar. Acto seguido reconoce con una leve sonrisa que en la agenda de las últimas semanas las entrevistas se multiplicaron y se lanza sin tapujos ni sobresaltos a una charla franca, sin más norte que las naturales asociaciones que propone el diálogo mismo. León Gieco casi no habla de su flamante disco El desembarco. En tiempos donde muchos músicos parecen bastante más preocupados por vender y venderse que en componer, esa actitud llana y despreocupada resuena casi como un gesto libertario. Entonces las estrictas agendas periodísticas ceden en favor de darle espacio al pensamiento de un músico que acaba de cumplir 60 años y es una pieza clave en la cultura popular argentina de los últimos 40 años.
Las preguntas no parecen necesarias. Apenas unas pocas para desarrollar un tema puntual, abrir el juego a otros, completar algún dato o buscar nuevas perspectivas. Entonces, en ese caldo burbujeante de música, historias, reflexiones y vida que propone Gieco, aparecerán ingredientes para todos los gustos. Por supuesto que habrá un lugar para El desembarco –ver recuadro–, pero el gran corpus del encuentro derivará en el público que lo sigue, la juventud, la política nacional, una curiosa anécdota con Héctor J. Cámpora, su opinión sobre Juan Domingo Perón, la pelea de los estudiante chilenos y mucho más.
“Con la gente de mi edad prácticamente no puedo hablar más. Apenas con unos pocos, como por ejemplo Osvaldo Bayer. Pero la mayoría de ellos están en cualquiera. Algunos me encuentran y me dicen que me iban a ver y escuchaban de jóvenes, pero ahora no. Es raro. No porque no me sigan a mí. Sino porque en muchos casos parecen totalmente alejados o desinteresados de la cultura y también de lo político. Al mismo tiempo, yo no soy un artista realmente masivo en Buenos Aires. En Buenos Aires toco en algún evento especial, en el EcuNHi o para la presentación de un disco, que en este caso será el año que viene. Pero suelo hacerlo en teatros como El Coliseo o similares. Hay personas como Ricardo Arjona que hacen cuarenta Luna Park. Yo quizás reúno esa misma cantidad de público, pero en el interior y durante medio año”, puntualiza Gieco casi como entrando en calor.
–Recién decía que siente que la gente de su edad se aleja de la cultura. ¿Por qué pasa eso?
–No sé la explicación, no estoy en la materia. Pero suelen abandonar la música completamente. Yo escucho todo el tiempo para informarme y porque es mi pasión. Muchos se apasionan en su juventud, agarran una profesión y/o trabajo y dejan todo atrás. Suelen hacerme comentarios por el estilo. Quizás no esté mal. A mí no me importa que compren discos o vayan a shows. Me resulta raro que la edad funcione como causante de desinterés por la cultura. Por eso creo que la juventud y particularmente los universitarios son uno de los mejores públicos que puede haber.
–¿Por qué?
–La juventud universitaria es única. Viven el momento más alto del ser humano. Tienen la posibilidad económica de estudiar y asumen esa responsabilidad con compromiso y una mirada política. Son personas abiertas que ponen mucha energía en diferentes ámbitos de la vida. Creo que el presente de esta juventud es muy valioso para toda la Argentina. Yo quiero llevarles mi música y ya tengo algunas ideas.
–¿Cuáles?
–El año que viene voy a iniciar una recorrida por las treinta y pico de universidades que hay en nuestro país. No quiero venderles nada. No lo pienso como una estrategia para un futuro disco. Me encanta ver esas caras cuando estoy tocando o presentando la película Mundo Alas. Son pibes de 20, 21, 22, 23 o 24 años llenos de ganas de buscar y encontrar. Quiero interactuar con ellos: contarle mis perspectivas, debatir, aportar.
–No hace mucho apoyó públicamente la lucha de los estudiantes chilenos...
–Fui a Chile a tocar, enseguida me puse en contacto con los universitarios y los apoyé en toda oportunidad que tuve. Es muy importante que todos entiendan que la educación es una inversión y no un gasto. Suele ser muy reconocido en esos ambientes. Hace poco la Universidad de Paraná me entregó un Honoris Causa. Antes lo habían hecho las de Rosario y la de Luján. Pero recién ahora me di cuenta que tengo la intención personal de hacer algunos trabajos para los universitarios y puse manos a la obra para empezar a armar la gira.
–Más allá de esa empatía, es valioso abrir otros circuitos para la música porque los habituales están cada vez más condicionados.
–Claro. Es que existe una demanda por la cultura que muchas veces pasamos por alto o no vemos. Por ejemplo, Canal Encuentro es una maravilla y mucha gente lo ve. Vivimos un proceso político muy diferente a los ’90. Este gobierno no tiene nada que ver con el menemismo y estimula otros valores. No tenemos que olvidar. Hace casi diez años vivimos el corralito y la crisis más profunda de nuestra historia, en la que hasta dudamos si iba a seguir existiendo la Argentina. Hay que recordar lo malo que vivimos para que no se repita. Por eso no entiendo a esa gente que dice “no me gusta Cristina”, pero le preguntás por qué y no sabe. No tiene que ver con ideas. Es como una reacción epidérmica.
–¿Como vivió el resultado de las elecciones presidenciales?
–Con mucho entusiasmo. Cristina ganó por el 54 por ciento y fue algo histórico. Pero el segundo, con el 16 por ciento, fue Hermes Binner. Ni Macri, ni Duhalde. Entonces, si pienso que a Cristina la votó el 54 por ciento, a Binner el 16 y el tercero fue Ricardo Alfonsín, que más allá que armó una alianza poco feliz no deja de ser un radical democrático, me parece que estamos ante un país mucho más lindo o por lo menos más afín a los sueños de uno. No pasemos por alto que Duhalde de alguna manera ponderó a Jorge Rafael Videla y las urnas lo castigaron. Y a Lilita Carrió le pasó algo similar después de haber operado una transformación muy rara.
–Usted apoya firmemente el proyecto para la Ley de la Música.
–Totalmente. Es una necesidad y tenemos que insistir para que se logre su aprobación. Hay muchos músicos y gente del medio que le está poniendo mucha garra para que salga. Por cuestiones de tiempos yo no estoy tan interiorizado, pero apoyo su espíritu cien por cien. Hay que fomentar la producción nacional y no dejar que se la avasalle. El que en su momento supo tomar cartas en el asunto fue Perón, que impulsó una ley para que en las radios se respete un porcentaje mínimo para la música hecha en la Argentina.
–¿Que opinión tiene de Perón?
–Yo vivía en un pueblo (Cañada Rosquín, Santa Fe) donde estaba prohibido hablar de peronismo y mencionar la palabra “judío”. Me crié en ese ambiente. A medida que fui creciendo armé mi propia opinión. Perón era todo. Desde un obrero hasta un facho. Alguna vez el mismo Perón dijo algo muy cierto: “Está el partido conservador, el radical y los de izquierda”. Y cuando le preguntaron por el peronismo, explicó: “¿El peronismo? Ah, peronistas somos todos”. Pero al mismo tiempo Perón hizo cosas terribles, como cuando echó a los militantes de la Plaza de Mayo. Cuando estaba en España decía “si yo fuera joven estaría en la Argentina tirando bombas como los pibes”. Esos pibes fueron claves para que pudiera volver, lo votaron y cuando le cuestionaron qué hacía el hijo de puta de José López Rega a su lado los rajó de la plaza y los traicionó. De ahí salió “sólo le pido a dios: si un traidor puede más que unos cuantos”. Yo en algún momento estuve entre Cámpora y Perón.
–¿Cómo fue eso?
–Trabajaba en Entel, en Maipú y Corrientes. Hacía poco que estaba en Buenos Aires y fue mi único trabajo por fuera de la música. En esa oficina estaban todas las maquinas de télex del país, que eran unas veinte Olivetti. Yo operaba una. En ese entonces, Cámpora era el mediador para la vuelta de Perón. Entonces muy seguido venía Cámpora, con Miguel Bonasso, para comunicarse en vivo con Perón. Solían elegirme a mí porque tipeaba rápido. Esas visitas figuran en el libro de Bonasso sobre Cámpora y hace poco le conté que el que tipeaba los télex era yo. En realidad, no me enteraba de casi nada porque los mensajes estaban en clave, pero después se ponían a charlar y era todo más divertido. Me acuerdo que cubría el turno noche y muchas veces no había laburo. Entonces me escribía con operadores de otros países. Fue como que tuve Internet antes que nadie.
–Cumplió 60 años y los números redondos suelen invitar a los balances. ¿Lo hizo?
–Para mí es lo mismo cumplir 60 años que 58 o 64. Pero puedo decir con toda sinceridad que si yo tuviese la mala suerte de engancharme una enfermedad incurable, me moriría agradeciendo por todo lo que me pasó. Mis expectativas cuando era joven eran muy cortas. Quería venir a conocer Buenos Aires, grabar dos discos y no mucho más. Charly García pensaba más o menos igual. Mick Jagger en la película de Martin Scorsese decía que calculaba que los Rolling Stones no ibas a durar más de tres discos. En contraposición, conocí e hice shows en casi todos los países del mundo. Toqué con Bono, Serrat, Silvio Rodríguez, Gilberto Gil, los hijos de Violeta Parra… Fui amigo y compartí muchas cosas con Mercedes Sosa y Charly. La lista podría ser interminable. Me pasaron cosas maravillosas a tal nivel que si yo tuviera que mañana renunciar a todo, lo haría feliz. Ante todo soy muy agradecido.
Un disco grabado en Los Ángeles y repleto de estrelllas
El desembarco es el primer disco de Gieco con canciones nuevas después de seis años. Reúne doce canciones y supera la hora de duración. La lista de invitados es notable. Charly García, Nito Mestre, Raúl Porchetto, María Rosa Yorio (Porsuigieco), Rubén Rada, Hugo Fattoruso, Gustavo Santaolalla, Luis Alberto Spinetta, Roxana Amed, Jacques Morelenbaum y la Orquesta Sinfónica de Praga son sólo algunos de ellos. El disco fue grabado en los estudios Ocean Way (Los Ángeles, Estados Unidos) y la banda que acompañó a Gieco constituye un seleccionado de sesionistas de primer nivel: Jim Keltner en batería (Crosby, Stills, Nash & Young; Simon & Garfunkel), Jimmy Johnson en bajo (James Taylor; Allan Holdsworth), Dean Parks en guitarra (Steely Dan; Stevie Wonder) y Mark Goldenberg también en guitarra (Chris Isaak; Willie Nelson; Peter Frampton).
–Grabaste en Los Ángeles. ¿Pero dónde compusiste los temas?
–Los fui ideando y terminando durante las giras con Mundo Alas y las que hice con D-Mente. Casi sin darme cuenta llegué a las catorce o quince canciones y me di cuenta que ya era el momento de grabar un nuevo disco. Decidí viajar a Estados Unidos porque lo vengo haciendo desde hace muchos años y me da muy buenos resultados. Puedo convocar a músicos de gran nivel, encuentro condiciones ideales para grabar y por un tiempo paso totalmente desapercibido en la calle.
–¿El título El desembarco es un homenaje a las Madres de Plaza de Mayo?
–Sí. En realidad la canción “El desembarco” no habla estrictamente de ellas. Pero cuando las Madres llegaron a lo que era la Esma y hoy es el EcuNHi hablaban de un desembarco. Era el desembarco de la vida sobre la muerte. En la canción canto “hay quienes desembarcan ardiendo con un grito, sin barcos y sin armas por la vida” y esa frase me lleva ineludiblemente a Hebe.
–”8 de octubre” cuanta con música de Spinetta y su propia voz.
–Es una canción sobre la tragedia de los chicos del Colegio Ecos. Spinetta hizo la música y yo la letra. Me mandó a Los Ángeles unas pistas de guitarra, bajo y electrónica, y cuando las abrimos había una voz grabada, casi perdida. Nos emocionó mucho, le pregunté si podía incluirla en el disco y me dio el OK. Creo que quedó muy linda.
–¿Cómo lograste contar con Jaques Morelenbaum en “Mi estrella” y “Las cruces de Belén”?
–No fue fácil. Tuvimos que superar la barrera de los tiempos y las geografías. Fue un honor poder trabajar con él y la Orquesta Sinfónica de Praga. Lo pudimos hacer gracias a la tecnología. Cada uno desde un lugar diferente del planeta, usando un sistema especial para grabar en vivo por Internet y Pro Tools. Después Morelenbaum chequeó los resultados y quedó muy conforme. Más allá de esto, el disco lo grabamos en cinta porque quería recuperar un sonido más orgánico y creo que lo logramos.
–Para “Bicentenario” reuniste a Porsuigieco.
–Sí, fui muy lindo volver a trabajar con Charly García, Nito Mestre, Raúl Porchetto y María Rosa Yorio. La música la hizo Raúl (Porchetto), la pasaron muchas veces en la época del bicentenario y ahí se me ocurrió grabarla con Porsuigieco. Queríamos que la producción la hiciera Gustavo Santaolalla, pero por una cuestión de tiempos no se pudo. Grabé las voces acá, la de Charly vino desde México y me las llevé a Los Ángeles. De otra forma hubiera sido imposible.
–”A los mineros de Bolivia” toma un poema del Che Guevara. ¿Ese tema iba a ser parte de la película de Tristán Bauer?
–Si. Tristán me propuso que armara una canción especialmente para su película Che, Un hombre Nuevo y la idea me encantó. Empecé a trabajar con el poema, pero no podía dar con una buena melodía. Entonces convoqué a Luis Gurevich para que me ayudase y la música quedó muy linda. Cuando se la mandé a Tristán ya era tarde. Me llamó por teléfono y me dijo: “Hijo de puta, estoy llorando por la canción. ¿Por qué mierda no me la mandaste antes? La película ya cerró”. Después le pregunté por quién me había remplazado y me dijo que por Alfredo Zitarrosa. Así que no me puedo quejar.
Los caminos alternativos de Mundo Alas
Me puse a averiguar y en casi todos los cines del país donde habían exhibido la película Mundo Alas no duró más de dos o tres semanas y con poca asistencia de público. Entonces hablé con gente amiga de Mendoza y les dije: “Yo sé que tienen un teatrito en la universidad que tiene capacidad para setecientas personas. ¿Por qué no hacemos un evento? ¿Voy, presento la película, canto unas canciones, explico de qué se trata y hacemos un debate?. La idea se llevó a la práctica, juntamos 1.400 personas en dos shows y lo recaudado fue para un colegio de Mendoza al que asisten chicos con discapacidades y se llama León Gieco. Mejor imposible”, explica el músico sobre los avatares del film que dirigió junto a Sebastián Schindel y Fernando Molnar, que desarrolla la historia de un proyecto musical integrado por artistas con discapacidades.
–Las películas no comerciales suelen encontrar muchos cuellos de botella para exhibirse y parece que vos le encontraste una vuelta.
–Totalmente. Repito esa modalidad cada vez que puedo. Porque en el cine no la había ido a ver casi nadie. Pero esas proyecciones especiales se llenan y la gente suele terminar aplaudiendo de pie la película. Yo les pregunté en Mendoza por qué no habían ido a verla al cine y no sabían qué decir. Uno gritó: “Porque somos unos pelotudos” y nos reímos todos. Pero mucha gente reniega sistemáticamente del cine nacional. Entonces hay que buscar caminos alternativos. Tengo ganas de proponerle a Liliana Mazure que habría que buscar una fórmula desde el Incaa para publicitar las películas con sus mismos protagonistas. Es decir, que el director viaje a un cine de una provincia, un actor a otro provincia y así. A mí me funcionó. Quizá para las pequeñas producciones sea una buena idea. Hace poco expresé esta propuesta en el diario Uno de Mendoza y titularon que yo le exigía a Liliana Mazure que hiciera esto. ¿Cómo le voy a exigir nada a la titular del Incaa? Es sólo una propuesta, pero en esa nota pusieron cosas que no dije para generar una pelea que no existe. Desgraciadamente algunos medios ponen por delante sus intereses a la verdad.