lunes, 13 de diciembre de 2010

Música para celebrar los derechos humanos

Música para celebrar los derechos humanos

El festival reunió a León Gieco, Charly García, Teresa Parodi, Víctor Heredia y Calle 13, entre muchos otros. Sobre el frente de la Casa Rosada hubo proyecciones con el sistema de mapping. Madres y Abuelas fueron las protagonistas.
Por Alejandra Dandan
La Plaza de Mayo esta vez apareció liberada. Las vallas que hace tiempo protegen la Casa Rosada volvieron a estar abiertas y dibujaban un pasillo enorme que ayer fue ocupado por una marea de personas, desde temprano, abajo del escenario donde se realizó la celebración oficial por el Día Internacional de los Derechos Humanos. También fue el cierre de los festejos del Bicentenario, los 27 años de democracia y los tres años del gobierno de CFK. Sobre el escenario, y hasta pasada la medianoche, se fueron sucediendo desde León Gieco a Calle 13 y Charly García entre otras bandas de músicos y artistas (ver aparte). También hubo proyecciones digitales en pantallas gigantes, ancladas a las paredes de la Casa de Gobierno.
Detrás de las vallas estaba Juan Manuel Mauro con una remera con la fecha del 17 de octubre peronista, las señas del año 1945, enormes y blancas. Víctor Heredia volvía a cantar aquello de que mientras alguien proponga muertes sobre esta tierra, pisará los campos, sobreviviendo. Juan Manuel hablaba de las últimas muertes, de las tomas de tierras, de una parte de sus compañeros de la Tendencia Nacional Popular que están entre la villa 1-11-14 y Soldati, de las chuceadas de Eduardo Duhalde, del nocaut de Graciela Camaño, de Mariano Ferrerya y de Formosa: “Y éste es el principio –decía–, de acá a las elecciones nos va a estar tirando un muerto todos los meses, nosotros creemos eso, y que estar acá es darle confianza al gobierno nacional porque empezó una etapa de resistencia”.
La resistencia hecha día había empezado a las 15 sobre el escenario. En un palco se destacaban las Madres y las Abuelas de Plaza de Mayo, el secretario de Derechos Humanos, Eduardo Luis Duhalde, entre otros referentes y militantes de organismos. En la plaza, mientras la conducción advertía la presencia de 130 mil personas que irían creciendo con el correr de las bandas, se estaqueaban las agrupaciones con sus banderas cruzadas por la estrella montonera y replicadas detrás de decenas de nombres. Los estandartes de la Envar el Kadri, la JP del Peronismo Militante. Delante de la Casa de Gobierno se habían ubicado los banderines de La Cámpora, hacia el otro extremo los pañuelos de la Fundación de las Madres de la Plaza de Mayo marcaban los dos tiempos de la Plaza. Mientras, los más jóvenes, parte de esas agrupaciones visibilizadas durante los funerales de Néstor Kirchner, recorrían los pasadizos armados por la marea humana con volantes políticos, en busca de aquellos que llegaban sin organización. Cecilia y Facundo de la agrupación del peronismo de base de El Kadri andaban en eso: “¡Mirá esta plaza! Militantes y no militantes, con banderas o sin banderas, bancando la democracia”. Y entre ellos, nuevamente apareció la imagen de Soldati.
En tanto, las imágenes de las primeras rondas de las madres de Plaza de Mayo, con sus voces pidiendo por la aparición de sus hijos, implosionaron contra las paredes de la Casa Rosada convertidas en pantallas gigantes. Pedro Dinani, de la Liga por los Derechos del Hombre, se había acercado a ocupar su parte del terreno. Ninguno de los artistas nacionales y populares, como dijo, lo convocaba especialmente, pero él que es uno de los abogados que llevan adelante los juicios contra los represores de la última dictadura decidió estar ahí: “Sinceramente porque quiero ser parte, aportar con un número, un número más para ganar esa plaza”. Una de las integrantes de Hijos anunciaba desde el escenario a viva voz, entonces, que uno de esos juicios termina, que el 21 de diciembre es la “sentencia histórica contra 17 genocidas que actuaron en la ciudad de Buenos Aires”. Y convocó a todos a estar ahí, a las 17, con familiares y testigos.
Silvina Masa escuchaba a un costado. Llevaba puesta la remera del Eternauta, aquella imagen de Oesterheld redibujada en homenaje a Kirchner: “Estamos acá para festejar”, decía ella, al lado de su compañera Mercedes, en silla de ruedas. “Nosotras somos una pareja que se pudo casar por la ley de matrimonio igualitario, pero desde antes estamos dándole apoyo a este gobierno.”
Esa postura replicada con una marca en el cuerpo; esa remera que frente al ministro de Economía blandía en alto una mujer con un “Fuerza Cristina” mientras se levantaba en un pogo embravecido agitada por la arenga de León Gieco que la convocaba desde el escenario. O la remera que se había puesto Martín Fernández, con la letra de la poesía de Joaquín Areta escrita en la espalda, esa poesía leída alguna vez por Kirchner y repetida una y otra vez, ahora subrayaban la presencia de los cuerpos convertidos en cuerpos políticos, presencias individuales acoplados a otros cuerpos. Martín, 19 años, empezó a militar en su pueblo cuando los vecinos peleaban contra una curtiembre, es parte de la generación de hijos de padres que crecieron durante la dictadura con aquel por algo habrá sido, que crecieron con miedo y asustados y se sustrajeron de la militancia política, dice él. El se integró a la JP Peronismo Militante año y medio atrás. Con la muerte de Kirchner, sus padres por primera vez parecieron entender o aceptar lo que hacía: “Yo me di cuenta que el peronismo era la conciencia de nuestros pueblos, que representa las luchas que nos van a poner como pueblo a encontrar en el camino de la liberación”.
“¡Nos vamos a sacar una foto con ustedes!”, decía Gieco desde el escenario. “¡Porque es un espectáculo maravilloso lo que se vive acá! ¡Así que las manos más arriba todavía!”
Bajo las paredes del palacio de Hacienda, una leyenda decía: “Yo soy vos, soy argentino, soy boliviano, soy uruguayo, soy paraguayo, soy humano”. Un pibe pasaba con una guitarra debajo de uno de los carteles donde se leía: “Estamos con Cristina”. Las remeras de la JP Peronismo Militante habían quedado lejos. Más cerca de ellas, entre el escenario y las vallas, entre mates, carritos de niños y hasta vendedores de globos, una mujer decía que esa poesía que recitaba Leonardo Sbaraglia era uno de los temas de Viglietti. “Igual que ella yo vengo a todas las marchas –dijo la mujer de al lado–. Todavía me acuerdo que en el ‘82 estaba embarazada y vine a la Plaza de Mayo a una marcha que hicieron las Madres. Recién, cuando cantaba Víctor Heredia, te juro que me di vuelta y le dije eso a un chico que estaba atrás: todavía en aquel momento tenía la ilusión de que iban a aparecer”. Marta Coto hablaba delante de esa otra amiga de las marchas, Liliana Doti: “Pero te voy a decir una cosa –dice–, hoy estoy triste: a pocas cuadras de acá están los tobas que balearon en Formosa desde el jueves en una carpa”. Y Marta habló de los desaparecidos: “Si hoy estuvieran acá –dijo–, estarían denunciando desde arriba del escenario lo que está pasando”. El escenario se hacía eco: alguien cantaba “Cinco siglos igual”.

León Gieco: (En camarines) “Viví el festival muy especialmente porque siento que es un año más que ganamos de democracia y en el que rescatamos los derechos humanos. La Argentina es ejemplo mundial en derechos humanos”.
Leonardo Sbaraglia: (A la prensa) “Es muy importante festejar estas fechas tan importantes después de haber vivido años difíciles. Recuerdo cuando tenía 13 años y mi viejo me dijo ‘vamos a votar’ por primera vez”.
Arturo Bonín: (Al público) “Mi nombre es Arturo Bonín y es importante poder decirlo, es fundamental poder tener y entender nuestra identidad. Aún tenemos 400 jóvenes que no conocen su verdadera identidad”.
Víctor Heredia: (A la prensa) “Este tipo de celebraciones son esenciales para que los jóvenes tomen conciencia del trabajo silencioso que hacen las Madres y las Abuelas de Plaza de Mayo”.
Teresa Parodi: (A la prensa) “Que estemos todos dentro de la Casa Rosada (músicos jóvenes, experimentados, otros alguna vez exiliados y también extranjeros) demuestra que éste es un Gobierno de puertas abiertas”.
Ignacio Copani: (Al público) “Me dicen que apoyo en todo al Gobierno. No es verdad, compañeros. Hay algo que detesto de este gobierno, estoy muy en desacuerdo y es el vicepresidente. ¡Que viva Eva, viva Evo y viva Hebe!”.