lunes, 17 de enero de 2011

EL MUNDO AL REVÉS Por Gustavo Cirelli

EL MUNDO AL REVÉS Por Gustavo Cirelli

La patronal rural debuta hoy con su remake del lockout. Son los mismos que pusieron en jaque a la sociedad en 2008. Una película repetida, con guión de los grupos económicos concentrados que usan de actores de reparto a la oposición.

Habrá que entender –o hacer el esfuerzo por intentarlo– que la cruzada de los cuatro fantásticos del campo, la corroída Mesa de Enlace, no es otra cosa que un homenaje póstumo a María Elena Walsh. Allí, sin dudas, se impone el “reino del revés”. Cuando la rentabilidad del sector es récord, con una temporada que superó los niveles históricos en la producción de granos, las patronales del campo salen de nuevo al ruedo, como en 2008, y proclaman un lockout. Lo insólito en ese universo invertido es que el gremio que agrupa a los peones rurales, con el duhaldista “Momo” Venegas a la cabeza, no haya convocado a un genuino paro del sector, porque nunca antes como hoy quedó al descubierto la esclavitud a la que son sometidos los trabajadores que se curten a diario en las cosechas en condiciones infrahumanas. Los patrones paran. El gremio, no. Es raro. Pero todo está a la vista.
Las maniobras huelen rancias. Por obvias y por viejas. Será que las mismas recetas repetidas en el tiempo, de tan previsibles, ya resultan hasta ofensivas para la inteligencia media. Diciembre fue la muestra. Enero la confirmación. Basta con echar mano a la memoria.
Para los grupos económicos concentrados, para la prensa militante de la Asociación de Empresarios Argentinos (AEA) –léase Magnetto y Rocca–, para la Sociedad Rural y sus espadas, para ellos que tienen a disposición un selecto club de opositores, el esfuerzo por consolidar una alternativa de cara a las elecciones de octubre parece que se les va agotando. Fueron probando durante 2010, apostaron unas fichitas por Cobos, Alfonsín, Carrió, Macri, sin olvidar, por las dudas, a Duhalde. Y sacaron de la manga, cuando los otros ya no repuntaban en las encuestas, al senador Sanz, el nuevo mimado del establishment. Habían tentado infructuosamente a Scioli, derrochando editoriales en los días previos al 27 de octubre pasado, cuando la muerte de Néstor Kirchner los volvió a arrinconar en su propia impotencia. Las manifestaciones que despidieron los restos del ex presidente se convirtieron en un acto político sin precedentes en las últimas décadas. Los sorprendió. Los descolocó. ¿Por qué? Porque ignoraban que ese proceso militante subyacía muy lejos de sus esferas de poder, alejadas de la realidad. Es así que iniciaron una antojadiza relectura política de lo sucedido, aventuraron que decenas de miles de jóvenes asomaban a la vida política, ahora que su líder había muerto. Lo que demuestra que no entienden nada. Ni antes, ni hoy. La muerte de Kirchner fue inesperada, de eso no hay dudas, pero desconocer el proceso de incorporación de los jóvenes a la política que se venía dando es estar viendo otro canal –digamos TN, por caso– o leyendo otros diarios –digamos, Clarín o La Nación– donde ellos mismos dictan, escriben, se leen y repiten su realidad. De ahí la sorpresa cuando lo que ocurre, y no se puede ocultar, escapa al guión de los jerarcas del poder concentrado, guión lustrado durante décadas por las plumas de sus escribas, esos mismos que quedaron al sol sin ropas cuando la filtración de los documentos reservados de la Embajada de Estados Unidos expuso, para vergüenza propia y ajena, que la diplomacia de Washington los definía como “cautivos”. Tan preocupados ellos, analistas de sus propias realidades, que nunca entendieron que nadie se acuesta una noche opositor, apolítico, indiferente y amanece convencido y militante de aquello que ignoraba o rechaza horas antes. Esos miles de jóvenes eran kirchneristas antes, durante y después de las exequias de Kirchner. La única verdad es la realidad, ya dijo alguien que sabía bastante de política.
Pero volvamos al “Manual de viejas recetas del obediente desestabilizador ilustrado”.
Hoy debuta la Mesa de Enlace con su lockout, al que llaman “cese de comercialización de granos”. Una receta que ya habían aplicado hace un par de años envalentonados por la 125, que coronó a Julio Cobos como vice opositor. Entonces, los mismos actores, Buzzi, Biolcati, Llambías, Garetto, De Angeli, y otros, jaquearon la mesa de los argentinos con su salvaje corte de rutas que derivó en un desabastecimiento, y en consecuencia, en el aumento de los productos alimenticios. El “paro” de los dueños del campo, en concreto una medida impulsada desde uno de los sectores de la economía que más se benefició en los últimos años, lo pagamos todos. Y todos incluye hoy hasta las familias que cobran la Asignación Universal por Hijo. Ahora vuelven con la misma receta de desgaste. Un lockout que no recibe, por parte de la prensa tradicional, una sola línea crítica, en verdad, porque Clarín y La Nación son socios, y por lo tanto, están involucrados de manera directa en la puja de intereses que hay con el sector. Una vez más, lo que se debe discutir es el reparto de la riqueza en el país, aunque lo ocultan –intentan ocultarlo, en verdad–, como lo hicieron en 2008. Como lo hacen hoy, 2011, año electoral.
Pero la orquesta empezó a desafinar ya en diciembre, un mes cargado de simbolismos para gran parte de una sociedad que, menos de una década atrás, vio cómo se escurrían sus sueños atrapados en el corralito bancario. Ya nadie pone en duda que el poder concentrado, y su punterísmo rastrero, conoce más de psicología social que, en su momento, el propio Pichón Rivière. Son nocivos. Aturden al inconsciente colectivo con sus golpes de efecto. Una muestra de eso fue la gran puesta en escena de la crisis del Parque –baldío– Indoamericano, alentada desde ciertos medios con desvergonzada incitación a la violencia, trayendo al presente postales dolorosas de un pasado reciente, donde los pobres de infinita pobreza –una deuda pendiente y lacerante de toda la dirigencia política- eran la excusa desechable para golpear contra el sistema por parte de las mismas corporaciones que históricamente generaron las condiciones para expulsar a millones directo a la indigencia. La caradurez, por esos días, traspasó sus propios límites. Coberturas televisivas, en horario prime time, que fogoneaban la batalla entre pobres. 
Quisieron reinstalar la iconografía de 2001. Lo hicieron con el Indoamericano, lo repitieron con el terrenito llamado Club Albariño e insistieron con los desmanes provocados en la estación Constitución.
Sin obviar que Eduardo Duhalde lanzó su precandidatura presidencial el 20 de diciembre, fecha que consagra uno de los días más tristes de la historia argentina, cuando nueve años atrás la represión policial dejaba decenas de muertos en las calles, día en que Fernando de la Rúa escapaba en helicóptero de la Casa Rosada. Aquel fue el primer eslabón –expreso– de la cadena que llevaría, agitados días más tarde, al propio Duhalde a la presidencia interina del país. Este 20 de diciembre, Duhalde mostró los dientes una vez más, junto a Cecilia Pando y Luis Barrionuevo. Duhalde, experto esmerilador del poder ajeno, provocó presentándose, una vez más, como el hombre que sabe y puede poner orden en la Argentina. Habrá que ver qué considera desorden, Duhalde. ¿Qué quiere pacificar? ¿La puja redistributiva? ¿Cuál es su receta de ordenamiento social? ¿Reprimir? Hay que reconocerle, al menos, que lo dijo. Sí, quiere reprimir.
Pero durante los últimos días, no sólo el “pacificador” reapareció en escena. Lo hizo también, condimento insoslayable para los desgastadores profesionales, ese intangible llamado “rumor”, primer paso hacia la psicosis colectiva. No está de más aclarar que no les prendió. Ya lo dijimos: a los grupos concentrados las recetas se les volvieron obvias, previsibles y rancias. El contexto es otro. Lejos de ser el ideal –con mucho por recorrer aún–, es otro. Faltó nafta, sí. Pero más allá de derroche informativo por hacernos creer que el mundo se agotaba en cada surtidor, no pudieron instalar el pánico “desabastecedor” que sufrió el gobierno de Alfonsín, cuando el combustible escaseó a puro trancazo de golpe económico contra el primer presidente del retorno a la democracia. No pudieron tampoco empujar a la gente a las calles, aterrorizada por el –inverosímil– resurgimiento de las cenizas de un nuevo corralito, cuando la falta de previsión del BCRA menguó los billetes en los cajeros automáticos.
Repiten fórmulas agotadas, una y otra vez.
Hoy en la pantalla de TN debuta la remake del lockout de la Mesa de Enlace. Una película que ya vimos. El reino del revés. Perdón María Elena.