domingo, 20 de noviembre de 2011

Calidad y cantidad Por Alfredo Zaiat


Aunque la convertibilidad culminó con un estallido desastroso hace diez años, algunas estructuras de análisis financiero perduran como si estuviera vigente. Se sigue mencionando el concepto de reservas de libre disponibilidad como si en un esquema de tipo de cambio flexible el Banco Central debiera tener los dólares para cubrir la totalidad de la circulación monetaria. Esa noción ha quedado marcada a fuego y la administración kirchnerista la ha reafirmado cuando definió que la deuda con el FMI y otras posteriores se abonaran con “reservas de libre disponibilidad”. Si bien esos límites fueron desafiados políticamente con la aplicación de reservas para el pago de deuda pese a la resistencia de sectores de la ortodoxia y de hasta el presidente del BC de entonces, el término “libre disponibilidad” actúa hoy en los hechos como una restricción a la autonomía de la política económica. En estas semanas de turbulencias con el dólar irrumpió además otro resabio de los noventa. Como si no se hubiera modificado el régimen monetario-cambiario, y por lo tanto el funcionamiento de los bancos, los rumores de “corralito” y disponibilidad de fondos para devolver los depósitos en dólares castigaron la piel sensible de ahorristas.
Pese a la persistencia de usinas desestabilizadoras en el intento de equiparar la intensificación de la corrida hacia el dólar después de las elecciones presidenciales con el escenario previo y posterior al fin de la paridad 1 a 1, el esquema financiero global (reservas, depósitos y paridad cambiaria) no colapsó precisamente porque son otras las características del sistema. Distinguir sus rasgos es valioso para no quedar atrapados de absurdas teorías y eludir versiones apocalípticas. Algunos de ellos son los siguientes:

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A diferencia de lo ocurrido en los años noventa, el actual sistema financiero posee un muy bajo grado de dolarización. El segmento en moneda extranjera registrado en los bancos es una parte relativamente pequeña del total de depósitos y préstamos.

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Los depósitos en moneda extranjera representaban en promedio el 56 por ciento del total entre 1995 y 2001, y llegaron en 2001 a cerca del 66 por ciento. Ahora, según los últimos registros del Banco Central, alcanzan a apenas un 13 por ciento en el promedio 2005-2011.
Estos datos son sustanciales para reprobar a quienes plantean un escenario de estrés bancario por la sangría de depósitos en dólares constituidos en cajas de ahorro y plazos fijos. Los retiros sumaron el 10,9 por ciento del total (1688 millones) desde el anuncio de mayores controles a la compra de dólares en bancos y casas de cambio. Esa fuga veloz fue atendida superando dificultades de logística para la disponibilidad inmediata de billetes.
Otra información relevante para alejar fantasmas:

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En el rubro préstamos en moneda extranjera la diferencia con el sistema que funcionó durante diez años y medio es incluso más notoria que en el de depósitos. En promedio, en aquel período los bancos habían constituido alrededor del 65 por ciento de los préstamos en dólares, y alcanzado el 72 por ciento en 2001. En la actualidad representa apenas un 14 por ciento.
Si se observa el total de depósitos en dólares con la suma de préstamos en esa misma moneda, esos porcentajes (13 y 14 por ciento, respectivamente) representan una porción menor del sistema.
Aquí emerge un aspecto importante que marca el contraste entre estos dos períodos:

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Mientras que en los ’90 los préstamos en moneda extranjera eran otorgados a todo tipo de deudor o actividad, después del fin de la convertibilidad la regulación del Banco Central dispuso que sólo puedan estar aplicados a deudores y proyectos con ingresos en dólares. Por ejemplo, exportadores para la prefinanciación de operaciones. En las últimas semanas se registró una suba de la tasa de interés para ese tipo de transacciones. El BC se reunió entonces con las principales entidades del mercado para que no interrumpan esas líneas de crédito ofreciendo los fondos necesarios (pases en divisas de corto plazo) para mantener esa operatoria.

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La rigurosa limitación de las actividades que acceden a préstamos en moneda extranjera explica que una parte importante de los depósitos no esté prestado y permanezca como liquidez en la cuenta corriente de los bancos en el BCRA.
Esa inmovilización ha brindado mayor estabilidad y control sobre el sistema financiero. Por eso no hubo inconvenientes para la devolución de un monto considerable de depósitos en dólares en un lapso muy corto.
Por último, una cuestión no menor es la cantidad y calidad de las reservas internacionales en poder del Banco Central para enfrentar movimientos especulativos sobre la paridad cambiaria:

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Durante los noventa, parte de las reservas internacionales estaban constituidas en títulos públicos, proporción que llegó a representar cerca del 30 por ciento del total. Ahora la totalidad de las reservas están constituidas por oro y divisas, siendo líquidas y realizables.

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Además, se observa un nivel de cobertura de las reservas internacionales mayor al registrado en el pasado. Mientras que en 1995 las reservas eran el 5 por ciento del PIB y el 31 por ciento del indicador monetario M3 total (dinero en circulación, depósitos en cajas de ahorro, cuenta corriente y plazos fijos, en pesos y dólares); hoy son el 11 y el 46 por ciento, respectivamente.
Se puede debatir sobre la mayor o menor competitividad de la actual paridad cambiaria; el grado de dolarización de una economía bimonetaria; el alza abrupta de la tasa de interés después de años de ofrecer una renta negativa que no incentivó la constitución de depósitos; el régimen de control para la compra de divisas; y sobre las razones de la persistencia de la fuga de capitales, que ya se ha vuelto crónica. Pero evaluar el estado de la estructura bancaria como si fuera el mismo que de la década del noventa y, por lo tanto, arribar a especulaciones-conclusiones temerarias es por ignorancia o por intereses inconfesables. No sólo el sistema financiero es menos vulnerable a corridas, como se verificó en las últimas semanas, sino que la calidad de las reservas internacionales del Banco Central es hoy mejor que la contabilizada durante la convertibilidad.
azaiat@pagina12.com.ar